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Covid-19. Un infarto agudo de miocardio

El doctor Antón Herreros Ortega traza en este artículo para EFEsalud un paralelismo entre el nuevo virus, que ha provocado un cataclismo en la sociedad y en el mundo, y el impacto de un infarto de miocardio

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Antón Herreros Ortega es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco. Ha dedicado su vida profesional al desarrollo y difusión de la investigación en Ciencias de la Salud, así como a favorecer el acercamiento y el diálogo entre todos los agentes
sociosanitarios.

Cofundador y Director General de CIBEST (1984), primera CRO (Clinical Research Organization) en España, hasta que impulsa la creación de la Fundación para la Investigación en Salud FUINSA (2001), de la que es Secretario del Patronato y Director General.

Profesor en biometría y farmacoeconomía tanto en el sector público como privado (Escuela Nacional de Sanidad, Escuela de Gerencia Hospitalaria, hospitales, sociedades científicas, industria farmacéutica, Comunidades Autónomas, Ministerio de Sanidad…), el doctor Herreros ha dirigido múltiples proyectos de Investigación Clínica y Epidemiológica.

Ha escrito y coordinador de libros, publicaciones científicas y artículos sanitarios; y ha ejercido y ejerce como director, ponente y moderador de jornadas y simposiums del ámbito de la salud.

 

Covid-19. Un infarto agudo de miocardio

por Antón Herreros

El virus de moda ha llegado como un auténtico infarto agudo de miocardio a nuestras vidas.

Hablando desde una perspectiva médica podemos considerar que nos amenazaron del riesgo (no fume, ojo con la hipercolesterolemia, baje su peso…) y la realidad es que no lo tuvimos en consideración, “a nosotros no nos iba a pasar”.

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El doctor Antón Herreros, director general de la Fundación para la Investigación en Saud/Foto facilitada por FUINSA

Y, de repente, como hacen los episodios agudos de corazón, sentimos un malestar, los pródromos, y nos encontramos ingresados en una UCI.

La pregunta inmediata es ¿viviremos?. La respuesta a esta primera cuestión es optimista: sí, viviremos, y el pronóstico, aunque reservado” contempla un cierto optimismo o al menos es lo que todos queremos pensar: SALDREMOS DE ESTA.

La segunda cuestión es saber qué nos va a pasar, y qué lesiones tengo, por tanto, qué secuelas padeceré. De nuevo la respuesta del clínico es: sí, sí tendré secuelas.

La tercera es ¿afectará a nuestra vida este episodio? Y de nuevo la respuesta es: sí afectará a nuestra vida.

La interrogante que se abre es conocer cuántas secuelas tendremos y cómo afectará a nuestra vida.

No sabemos el alcance pero a pesar de no saberlo, porque es pronto y dependerá de la evolución del paciente (medidas a tomar), del estado de salud previo (situación económica), de los factores de riesgo (aportación al PIB de cada sector…) sí tenemos claro, y no hace falta ser médico para conocerlo, que todo infarto trae consigo un cambio en nuestro estilo de vida y, por supuesto, requiere comenzar de inmediato con medidas de prevención secundaria.

Tomaremos pastillas, perderemos peso, vigilaremos nuestro ECG (electrocardiograma), controlaremos nuestra bioquímica, incluso haremos deporte.

Pero la cuestión que subyace es el grado de lesión que nos ha quedado que condicionará nuestro futuro.

Así estamos hoy y sabemos, sin muchas pruebas complementarias y pendientes del cateterismo, que la lesión es importante y que nos obligará a cambiar nuestras costumbres.

La expectativa que tenemos es que todo va a ir a mejor, que nos recuperaremos poco a poco y que volveremos a la normalidad paulatinamente.

Para todo esto necesitamos un cuadro médico bueno y experimentado y un equipo sanitario competente que han de darnos las pautas que hemos de seguir y que sobre todo no improvisen, que vayan por delante de la enfermedad.

Mientras, sabemos ya que no podremos hacer muchas de las cosas que hasta ahora eran normales en nuestro comportamiento.

Y también sabemos que conseguiremos reintegrarnos a nuestra cotidianeidad y que pasado el tiempo será un episodio para el recuerdo. Episodio que nunca olvidaremos.

Aprenderemos a valorar lo que tenemos, daremos trascendencia a un abrazo y esperaremos ansiosos a seguir cumpliendo muchos más años tras haber renunciado a banalidades que nunca aportaron mucho en nuestra vida.

Nos queda una recuperación lenta, con incertidumbres, pero llena de esperanza.

¡¿Cómo será el infarto en el acceso al mercado de los nuevos medicamentos?!

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