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Consumo de sustancias: la información no cambia conductas

Las llamadas estrategias de prevención, basadas principalmente en facilitar información a niños y adolescentes sobre los riesgos relacionados con el consumo de sustancias, no funcionan; y algunas, las más agresivas, incluso pueden provocar el efecto contrario

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FOTO EFE/J.Benet

Así de contundente se manifiesta la Sociedad Europea para la Investigación en Prevención (European Society for Prevention Research – EUSPR), en un documento, publicado en su página web, en el que explica sus razonamientos.

La EUSPR,  dedicada a fomentar el desarrollo de la ciencia de la prevención para promover la salud y el bienestar humanos a través de investigaciones e intervenciones basadas en la evidencia, manifiesta “su preocupación”, por los informes que le llegan  del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT).

Refiere que hay algunas formas particularmente controvertidas, como las llamadas tácticas de choque, donde se muestran a niños y adolescentes imágenes o relatos duros  sobre las consecuencias del consumo (a veces de ex consumidores de sustancias).

“Estamos preocupados porque no solamente son ineficaces y caras, sino que también pueden ser activamente perjudiciales, dando como resultado reacciones opuestas a las que se persiguen”.

Uno de los ejemplos más distribuidos de este tipo de abordaje, señalan, es la iniciativa llamada “Revolution Train”.

Se trata de un tren funcional, especialmente equipado con herramientas prácticas interactivas que comprenden todos los sentidos corporales y que “supuestamente educa a grupos de adolescentes de 12-17 años para cambiar su  comprensión y conocimientos sobre las drogas legales e ilegales”.

De forma que los grupos que participan en esta visita guiada, “se supone que  experimentarán los peores resultados del consumo de sustancias mediante el uso de técnicas audiovisuales llamativas”.

Sabemos que demostrar que “los chavales entienden”, no implica que “los chavales” cambien su conducta.

Asimismo, añaden que son conscientes de lo difícil que resulta demostrar la efectividad de la prevención a la hora de cambiar conductas y mantenerlas, así como lo difícil que es desarrollar intervenciones efectivas y luego aplicarlas de la forma más amplia posible.

También somos conscientes de cómo ciertos conceptos en este ámbito pueden resultar engañosos: muy a menudo informes de “les gustó” o “estaban muy impresionados” se toman como muestras de “efectividad”.

Al mismo tiempo, “nos sentimos frustrados” porque métodos probados para inducir sutilmente a los jóvenes a actuar de forma más segura y saludable desde una perspectiva a largo plazo a menudo permanecen ignorados y sin uso.

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FOTO EFE/Farooq Khan

Consumo de sustancias: la adolescencia

La organización, de la que forman parte de su junta directiva, Peer van der Kreeft, experto en prevención y profesor, HoGent-University College Ghent (Bélgica);  Gregor Burkhart, de la citada OEDT; y   Mariàngels Duch, del Instituto Europeo de Estudios sobre Prevención (IREFREA), entre otros, recuerda que la búsqueda de recompensas aumenta en presencia de sus pares, cuando se estimula el sistema socioemocional del cerebro.

Las interacciones entre estos procesos explican por qué los adolescentes asumen conductas de riesgo, como el consumo de sustancias, con mayor frecuencia en contextos sociales con su grupo de iguales.

Además de esto, los desequilibrios neurobiológicos pueden resultar en una falta de conciencia del riesgo.

Así añaden que por lo tanto, parece ser normativo, determinado biológicamente, hasta un cierto punto inevitable, y una función evolutiva, que los adolescentes sean propensos a explorar el riesgo.

La capacidad de formar juicios maduros, continúa el documento, necesita tiempo para desarrollarse y, por tanto, es poco probable que las estrategias para simplemente dar información (cognitiva-informativa) hagan a los adolescentes más sabios, menos impulsivos y con más visión de futuro.

Recuerdan que “eficaz” en prevención significa generalmente que una intervención o estrategia ha sido probada utilizando métodos de investigación sólidos y se ha encontrado que contribuye a cambios positivos en el comportamiento o bienestar de los participantes.

También señalan que todas las definiciones de “buena práctica” precisan intervenciones con objetivos en términos de conducta y basadas en un “modelo lógico” sólido; y cuenten con un “modelo teórico” o una ”teoría del cambio”.

Algunas reglas

La organización europea pide por último a las autoridades y a los responsables políticos la aplicación de “algunas reglas simples”:

1.- Iniciar una intervención solo si existe evidencia clara y de calidad de que tiene efectos positivos sobre el comportamiento.

2.- Aplicarla con precaución y con evaluaciones adicionales si la evidencia de cambios en el comportamiento no está completamente probada pero presenta resultados prometedores.

3.- Utilizar la prevención basada en la evidencia .

En el documento se proporcionan recursos y acceso a plataformas de información para localizar programas de prevención basados en la evidencia, como el Currículo de European Prevention Curriculum – EUPC); el registro Xchange, el Portal de Buenas Prácticas del OEDT, y los Estándares Internacionales de la Prevención del Uso de Drogas de la UNODC.

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