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Conoce el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

EL TDAH es un trastorno de origen neurobiológico, es decir, causado por motivos somáticos, biológicos y no por un mal aprendizaje o pautas educativas; afecta al 5% de los niños y adolescentes y su pronto diagnóstico es crucial para su tratamiento

Conoce el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
EFE/Villar López

Su causa es, por el momento, desconocida; no se sabe con exactitud, pero sí se conocen factores que incrementan el riesgo de que un niño padezca el TDAH, “factores genéticos, algún miembro en la familia con el mismo diagnóstico o síntomas similares, factores del ambiente, fumar durante el embarazo pueden ser causantes de su aparición”, afirma Pedro Javier Rodríguez Hernández, Doctor en Medicina y Psicólogo del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria (Tenerife).

Las investigaciones aseguran que el cerebro de estos niños funciona de forma diferente y en algunas zonas, su funcionamiento está disminuído.

“Un aspecto común a este trastorno es la dificultad en la atención; les cuesta concentrarse y desde muy pequeñitos son etiquetados de vagos, de estar en las nubes, no se esfuerzan, incluso de maleducados y esto hace que la autoestima del niño vaya cayendo a lo largo de los años”, asegura el doctor.

Además de los problemas de atención, que son importantes y se ven principalmente en el rendimiento escolar, este problema se puede asociar también a ciertos grados de hiperactividad; el movimiento, el aspecto motor del niño, se encuentra acelerado, se mueve más y es más activo de manera significativa.

“No puede estar sentado, los padres van a un restaurante y no les deja comer, en clase se levanta, interrumpe, se vuelve a sentar. También puede estar asociado, en mayor o menor grado, a conductas impulsivas, aquellas que vienen derivadas de pensamientos o ideas que no se reflexionan; el niño no espera a que le termines la pregunta y contesta lo primero que se le pasa por la cabeza, por la calle lleva arrastrando a los padres, no mira al cruzar, al jugar al fútbol no pasa el balón, no interacciona bien con los niños y surge el rechazo social”, afirma el doctor Rodríguez Hernández.

TDAH e hiperactividad

No es lo mismo. Ser hiperactivo es ser alguien que se mueve mucho, pero no es un trastorno. “El diagnóstico de TDAH se produce cuando esas características de hiperactividad, impulsividad y déficit de atención les lleva a presentar un malestar clínicamente significativo; cuando esas características producen problemas en el entorno familiar, escolar…”, afirma el doctor. hiperactividad

Las dificultades en el diagnóstico es una de las razones por las que surgió la idea de publicar el libro “TDAH en Pediatría”, el primero en España específico para pediatras.

“TDAH en Pediatría es una herramienta muy útil y práctica que permitirá mejorar el diagnóstico precoz y por tanto el pronóstico, y reducir de manera significativa los problemas asociados al TDAH como son el fracaso escolar y los trastornos graves del comportamiento”, señala el doctor Rodríguez Hernández quien ha coordinado el libro con los testimonios de 20 psiquiatras infantiles de toda España, expertos a nivel mundial en el TDAH.

Cuándo se manifiesta

La hiperactividad infantil se nace con ella, no se crea por malas técnicas educativas, pero la expresión de los síntomas cambia a lo largo de esos años. En los primeros años pasa más desapercibida porque los requerimientos del entorno en un pequeño, las normas sociales, son menores que en un niño de siete u ocho años; a partir de los seis años se hace el diagnóstico.

El 45% de los niños con TDAH tiene retraso escolar y el 40% tiene contacto con drogas; el niño va siendo rechazado por la sociedad y esa impulsividad le invita a vivir situaciones extremas, probar drogas antes que nadie y en un 40% se acompañan de trastornos graves del comportamiento, le lleva a crear situaciones difíciles”, asegura el psicólogo.

Las personas con TDAH pueden desarrollar y manifestar comportamientos y conductas violentas en la adolescencia, llega a ser trastorno negativista desafiante o incluso un trastorno disocial si no se diagnostica y se trata a tiempo.

“Entre el 3 y el 5% de niños y jóvenes (hasta los 18 años) son hiperactivos. En la edad adulta, un tercio de los niños afectados sigue siendo hiperactivos cuando pasan la adolescencia”, afirma el doctor.

Es necesario vigilar con frecuencia la atención y el rendimiento, lo tienen en común todos los niños con TDAH. “Tardamos más años en diagnosticar a un niño solo con dificultades de atención que a un niño con dificultades de atención que tiene asociados altos niveles de impulsividad e hiperactividad; el niño sólo con dificultades de atención aparentemente es un niño que no estudia, porque es un vago o porque no quiere, cuando lo que tiene son dificultades de atención. Siempre que haya mal rendimiento escolar habría que descartar un TDAH”, afirma el psicólogo.

Tratamiento

Lo principal es que el tratamiento sea coordinado y a la vez. Uno de los componentes esenciales es el farmacológico. Los medicamentos que se administran no son relajantes sino, paradójicamente, estimulantes: incrementan la capacidad para prestar atención el niño.

“Estimula la zona del cerebro encargada de prestar atención y de autocontrolarse,” asegura el doctor Rodríguez Hernández.

El tratamiento con fármacos mejora hasta el 80% de los casos pero sin el resto del tratamiento, no farmacológico, la eficacia sería baja.

“Es necesario un tratamiento psicológico y educativo. Además hay que hacerlo en intervención con la familia, todos coordinados, profesores, padres, terapeutas, psicólogos, médicos. En clase tiene que estar sentado lo más cerca del profesor, permitirle varias pausas y más tiempo en los exámenes; la familia tiene que reforzar mucho los aspectos positivos, intentar que los castigos sean constructivos y aumentar la autoestima pues la suelen tener muy baja”, insiste el doctor.

En casa, es esencial comprender el problema. “Entendemos cuándo un niño necesita una muleta por un problema físico, pero a veces las muletas de la mente nos cuesta mucho más verlas y somos más reactivos a dificultades psicológicas porque no entendemos que no se pueda comportar de una manera adecuada” , afirma Rodríguez Hernández.

Modificar la percepción, y entender que el niño no es malo, sino que no se puede comportar de otra manera, disminuye el grado de estrés familiar y la situación mejora.

Hay que reforzar positivamente los buenos comportamientos del niño. “No aprenden de los castigos sino de los refuerzos positivos. Si hay castigo, tiene que ser corto y preciso, no pueden ser prolongado en el tiempo más allá del mismo día”.

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