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Enfermas sexuales

“Su vida sexual es inexistente, no pueden tener pareja, están hipersexualizados…” Las personas que padecen un trastorno psiquiátrico están rodeadas de prejuicios. A la hora de disfrutar del sexo, el entorno social impone más barreras que la propia enfermedad.

Enfermas sexuales
EFE

Es un aspecto central del ser humano, nos acompaña siempre y produce mucho más que placer. Hablamos de la sexualidad, un concepto también muy presente en la vida de los enfermos mentales. ¿A qué obstáculos se enfrentan?

“A veces son incapaces de relacionarse con otras personas y esto condiciona su vida sexual”, explica Ignacio Moncada, presidente de la Asociación Española para la Salud Sexual y jefe de Urología del Hospital de la Zarzuela. Por supuesto, depende del tipo de discapacidad: no es lo mismo una depresión que un trastorno bipolar.

“Puede cambiar la expresividad, pero el deseo físico y afectivo es similar aunque se viva de otra manera”. Así lo afirma Manuel Franco, jefe de servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Zamora y profesor de la facultad de Psicología en la Universidad de Salamanca.

Nadie dijo que fuera fácil

Estas son las principales alteraciones en el caso de una enfermedad mental grave:

  • Suele haber problemas para interpretar correctamente los estímulos del entorno. Esto repercute en la calidad de las relaciones sexuales.
  • El trastorno puede alterar el comportamiento sexual y generar obsesiones con cierta frecuencia. Es lo que le ocurrió a uno de lospacientes del doctor Moncada: ocultó su esquizofrenia paranoide en la consulta, se sometió a una operación de prótesis de pene y más tarde… “Me acusó de haberle implantado una cámara de televisión espía. Estaba completamente obsesionado”, relata el urólogo. Un brote psicótico como este puede llegar a tener graves consecuencias.
  • En ocasiones hay un aumento de deseo sexual, como en el caso de los trastornos bipolares.
  • La falta de actividad sexual es más frecuente en las mujeres. “El hombre se altera en un sentido distinto. Su trastorno a veces le puede llevar a una hipersexualidad”, precisa Moncada.
  • En ocasiones pueden darse conductas inapropiadas o agresivas que constituyan un delito. Es el caso de las agresiones sexuales. No obstante, la creencia de que aquellos hechos que no entendemos son producto de una enfermedad mental es errónea. “Se culpa a un colectivo de algo que no ha hecho, algo que no tiene por qué estar relacionado con la locura. La maldad también es parte de la esencia del ser humano”, matiza el doctor Franco.

Si hablamos de otro tipo de trastornos mentales como la depresión, “la persona tiene una percepción negativa de sí misma, poca motivación y

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falta de ánimo”, afirma el psiquiatra. ¿Consecuencias? El deseo y la actividad sexual disminuyen.

La medicación de los pacientes también puede tener efectos adversos en el dormitorio: falta de orgasmo, problemas de erección, deseo sexual limitado… “Los fármacos actúan sobre los neurotransmisores cerebrales y el funcionamiento del sistema nervioso, importante para la actividad sexual”, expone el psiquiatra.

Ayuda dentro y fuera de casa

Ante un trastorno mental, recibir apoyo por parte del entorno más próximo es tan importante como el tratamiento médico. Los familiares, amigos y parejas pueden tomar nota: ¿Cómo hay que tratar al paciente?

“Siempre desde la comprensión. Quizá su problema no es tan evidente como una discapacidad física pero está ahí, es real”, advierte Franco.

Según Moncada, “hay que evitar la tentación de culpabilizar a la persona”. Por poner un ejemplo: la depresión no es un problema de carácter. “Es una enfermedad como cualquier otra. No hay que tratar al paciente de forma paternalista”, subraya el doctor.

El tratamiento debe fomentar la participación del enfermo en la comunidad de la que forma parte: “se establecen programas de rehabilitación tanto en el ámbito personal para ser autónomo, como en el ámbito social para disfrutar del ocio y del trabajo”, explica el doctor Franco.

Antes de abordar los problemas sexuales que pueda tener el paciente “hay que estabilizarlo desde el punto de vista psiquiátrico”, precisa Moncada.

La telaraña de los prejuicios

La vida de un enfermo mental está llena de obstáculos que impone la propia sociedad. “Son personas muy tuteladas que muchas veces viven en hospitales psiquiátricos o residencias, y todo ello implica limitaciones en las relaciones afectivas y sexuales”, subraya el psiquiatra Manuel Franco.

EFE/Robert Ghement

Por ejemplo, ya solo para formar una pareja hacen falta ingresos económicos y autonomía de la conducta que no siempre tienen los pacientes. “Viven una sexualidad diferente por sus condiciones de vida, no por las limitaciones que causa la enfermedad”, añade.

Como a menudo se da por hecho que un enfermo mental no tiene pareja ni vida sexual, se corta cualquier posibilidad de relación sentimental que pueda tener con otra persona. “Se les pone demasiadas trabas a la expresión de las emociones”, puntualiza el psiquiatra.

La mejor manera de ayudar a alguien con trastornos psiquiátricos es normalizar su problema. La sexualidad es clave en la vida de toda persona, sin excepción. ¿Por qué privarles de un aspecto que implica mucho más que placer físico? Calor, cariño, afecto… “Todo ello es beneficioso para el paciente”, concluye el doctor Moncada.

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