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Cómo reconocer una “dieta milagro”

Llega el calor y nos entran las prisas por quitarnos los kilos de más. Lo sencillo es recurrir a alguna de esas dietas que prometen reducir peso en pocos días y apenas sin pasar hambre, aunque con el refuerzo, en ocasiones, de algunos productos que suponen un coste económico. Son las “dietas milagro”, las que pasan factura a la salud.

Cómo reconocer una “dieta milagro”
EFE/Rungroj Yongrit

“Esta dieta siempre funciona” es una frase recurrente, pero incierta. La misma dieta no tiene los mismos efectos para todos ya que depende de la edad, el metabolismo y los hábitos de vida. Por eso, lo aconsejable es acudir a un especialista acreditado para que controle el tipo de régimen alimenticio que permita adelgazar de forma progresiva y lenta, y sin sufrir carencias de nutrientes esenciales.

Los atajos llevan a muchas personas a recurrir a fórmulas aparentemente más cómodas. ¿Cómo distinguimos una dieta mágica de otra hipocalórica equilibrada?. Elena Rodríguez, profesora de los departamentos de Química Analítica y Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense nos ayuda a reconocerlas:

  • Son dietas exageradamente bajas en calorías que provocan una rápida bajada de peso.
  • Ese peso se pierde a expensas de glucógeno, agua y proteína, es decir, de masa magra y no de masa grasa.
  • Los kilos que desaparecen rápido regresan con la misma celeridad en cuanto dejamos la dieta. Todas tienen efecto rebote o yo-yo.
  • Suelen presentarse con promesas atractivas, como perder peso sin esfuerzo, o sin pasar hambre, o en un tiempo récord.
  • En muchas ocasiones afirman ser seguras y no causar riesgos a la salud.
  • Suelen estar prescritas por personas sin conocimientos en el campo de la dietética y la nutrición, por lo que los fundamentos en los que se basan son muy cuestionables.
  • En algunas ocasiones se afirma que están diseñadas por algún profesional sanitario (casi siempre un médico), para reforzar su eficacia y seguridad.
  • Su descripción suele ser muy imprecisa (por ejemplo, no se suele indicar la cantidad que hay que tomar de cada alimento).
  • En muchos casos para su publicidad y para aumentar su veracidad, utilizan la imagen de un personaje famoso.
  • No suelen acompañarse de otras recomendaciones sobre el estilo de vida, como incrementar el ejercicio físico.
  • Muchas llevan aparejadas la toma de productos “milagro”, que incluso se venden en farmacias, y que son básicamente diuréticos y laxantes que hacen perder peso a costa de líquido, pero no de grasa.

Pero a pesar de las reiteradas advertencias, muchas son las personas que siguen cayendo en la trampa. “Nos las venden muy bien y si encima tiene el nombre de un doctor, parece que transmiten cierta tranquilidad”, afirma Elena Rodríguez.

El fraude está en la calle y algunos denominados “dietistas” forman parte de él. “Se aprovechan de la desesperación de la gente para vender esas dietas. Hay clínicas cualificadas pero, lógicamente, son más caras y la gente mira por su economía en los tiempos que corren”, apunta la especialista.

Los efectos de las dietas milagro

Muchas de estas dietas provocan efectos negativos, pero la mayoría no lo hacen a corto plazo. Las consecuencias vienen después. Estas son algunas de las alteraciones más comunes:

  • Las dietas que prometen adelgazar con mínimo esfuerzo fomentan expectativas ilusorias que empujan, a la persona que las hace, al fracaso, a un sentimiento posterior de culpa y a la pérdida de la esperanza de que alguna vez puedan controlar su problema de peso.
  • Aumentan el riesgo de padecer depresión, obsesión por los alimentos “prohibidos” y trastornos de la conducta alimentaria.
  • Pueden producir deficiencias nutricionales en proteínas, vitaminas, minerales… con las consecuencias sanitarias asociadas; aunque rara vez se materializan los posibles peligros para la salud, porque las dietas suelen abandonarse a las pocas semanas.
  • No enseñan hábitos alimentarios o estilo de vida adecuados y, cuando se abandonan, las personas vuelven a sus hábitos dietéticos habituales.
  • Al dejar la dieta se produce un aumento de grasa mayor al inicial (efecto rebote o “yo-yo”).

Clasificación de las dietas milagro

Dietas ricas en proteínas:

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Besugo a la plancha. EFE/Juan Herrero
  • En estas dietas el aporte de energía procedente de las proteínas (carne, pescado, huevos…) llega a ser del 40 al 45% y el de las grasas (sobre todo el aceite) no supera casi nunca el 20-25%. En general, los únicos alimentos permitidos son carnes y pescados cocinados a la plancha y verduras.
  • Se basan en el mayor efecto saciante y termogénico de las proteínas, con respecto a los hidratos de carbono y las grasas.
  • La ausencia de hidratos de carbono provoca la formación de cetonas que se acumulan en la sangre provocando cansancio y náuseas.
  • Pueden conllevar una sobrecarga hepática y renal como consecuencia del aumento del metabolismo de las proteínas.
  • El aumento de los niveles de ácido úrico y su depósito, en forma de cristales, en las articulaciones aumentando así el riesgo de gota.
  • La disminución de la absorción del calcio, lo que podría aumentar el riesgo de osteoporosis, sobre todo en mujeres postmenopáusicas.
  • Dentro de este grupo son conocidas la “Dieta de Hollywood”, la “Dieta de la proteína líquida” y la “Dieta Dukan”.

“Eliminan o reducen los hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, legumbres…) para que pierdan peso en poco tiempo y que no se le vaya la clientela. Y luego los introducen y eso hace que engordes más porque tu cuerpo se acostumbra”, señala la profesora de Farmacia, quien aconseja una dieta equilibrada desde el primer momento (proporción adecuada de hidratos, proteínas y grasas). Y por supuesto actividad física.

Dietas ricas en hidratos de carbono:

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Paella de marisco. EFE
  • Son dietas en las que se aumenta el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono y se limita el de alimentos proteicos y grasos, llegando las grasas a aportar menos del 10% de la energía de la dieta.
  • Entre algunos ejemplos se encuentra la dieta del Dr. Prittikin y la dieta de Haas.
  • Se basan en que las grasas proporcionan (9 kilocalorías por gramo) frente a las proteínas (3,75 kilocalorías por gramo) e hidratos de carbono (4 kilocalorías por gramo).
  • Principales riesgos: deficiencia de ácidos grasos esenciales, vitaminas liposolubles y proteínas. Su elevado contenido en fibra puede limitar la absorción de algunos minerales (hierro y cinc) y provocar trastornos gastrointestinales (flatulencia, diarreas o cólicos abdominales).

Dietas disociadas

Una dieta que ya se ha convertido en un hábito para muchas personas: no mezclar en la misma comida un primer plato de lentejas (hidratos de carbono) con un segundo de ternera o pescado (proteínas). Este es un ejemplo de dieta disociada, que consiste en separar los alimentos formados por hidratos de carbono de los de protéicos y lipídicos. Sus defensores explican que el organismo no aprovecha las calorías que aportan los macronutrientes si se toman por separado, por lo que no engordamos.

Para Elena Rodríguez, esta teoría carece de validez ya que “no existen alimentos puros, formados únicamente por un nutriente”. Por ejemplo, el pan blanco, del que podría pensarse que sólo esta formado por hidratos de carbono contiene por cada 100 gramos, 51,5 gramos de hidratos de carbono, 8,5 gramos de proteínas y 1,6 gramos de grasas, siendo el resto de su peso agua.

Además, el sistema digestivo está perfectamente diseñado para digerir y absorber los diferentes macronutrientes aunque se tomen a la vez, ya que las enzimas digestivas, aunque son específicas para cada uno de ellos, son capaces de actuar de forma conjunta.

Dietas extremadamente hipocalóricas

Estas dietas se caracterizan porque, aunque tienen una proporción equilibrada de hidratos de carbono, proteínas y lípidos, restringen extremadamente la ingesta energética hasta el punto de suprimir comidas o a realizar ayunos esporádicos o frecuentes.

“Se ha demostrado que cuando tu dieta no es equilibrada en las cinco comidas al día, hay peor control de peso. Si un día no cenas no pasa nada, pero lo ideal es no saltarse ninguna comida porque si lo hacemos, llegamos a la siguiente con más hambre y con más ansia y comemos más”, señala la profesora de la Universidad Complutense.

Entre estas dietas destacan:

  • Dieta toma la mitad: Además de disminuir la cantidad, también se reducen los nutrientes y podría provocar déficit nutricionales.
  • Dietas con preparados formulados: Los preparados formulados sustituyen a las comidas. Su uso prolongado conlleva complicaciones metabólicas y psicológicas.
  • Ayuno total: Múltiples efectos negativos para la salud, como la aparición de anemia, cetosis, alteraciones de la función hepática, arritmias e incluso muerte súbita.
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