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Cole en el hospital: lección de vida

El entorno en el que se encuentran no es el habitual y sus circunstancias no son las mejores pero los chavales ingresados en el Hospital de La Paz estudian a diario, como lo harían en el cole o el instituto, para no ceder más terreno del obligado a la enfermedad. Cuando se recuperen volverán a sus casas sanos y a sus clases con los deberes hechos

 

No queremos que un niño enferme, no es justo; de hecho, no lo entendemos. Los adultos podemos con esas cosas pero ¿de dónde va a sacar fuerzas un niño?

Es humano tener estos pensamientos pero pararse en estas cuestiones, no es útil para los trabajadores del Hospital de La Paz. Allí existen dos aulas hospitalarias donde se aseguran de que la educación de los niños y jóvenes ingresados no sufra un parón por esta circunstancia. Los chicos tienen que seguir con su vida y no perder parte de su día a día, de su rutina, les ayuda también en su primer camino de baches.

Muchas personas trabajan en coordinación para conseguir su objetivo: los profesores de su centro educativo, el personal sanitario, los padres, los profesores de atención a domicilio. Ana de Paz y Eduardo Velay son dos de los maestros que se codean a diario con los jóvenes en las aulas.

La escuela cuenta con cinco profesores en el hospital y dos en el Servicio de Apoyo Educativo Domiciliario. Ana se encarga de los más pequeños: “Una de nuestras tareas importantes es que se relacionen unos con otros, si no metidos en la habitación el día se les hace eterno”.

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Se les olvida totalmente la enfermedad, es curioso. De repente, alguno se tiene que levantar a por un lápiz y no recuerda que lleva la máquina al lado. Es lo que tratamos, que se les olvide. Son alumnos que están en un colegio”, afirma la maestra.

La metodología de las aulas hospitalarias engloba tanto la integración social como la afectiva del alumno y pretende también evitar procesos de angustia y especialmente de aislamiento durante este periodo.

Leer el estado de ánimo de los chavales y actuar en consecuencia es también parte del papel de los profesores: “un día está muy contento y otro aparece por la puerta con una cara muy rara. Lo primero que tienes que hacer es intentar que te cuente lo que quiera contar, porque nunca preguntamos, pero, por lo menos, nos ponemos en disposición de escuchar”, nos cuenta la profesora.

“Todo repercute positivamente”, asegura Eduardo, profesor de los alumnos de la ESO, “se relacionan con otros chicos, mayores o pequeños, porque al final son una piña, como una familia. Siguen con su rutina y a largo plazo no se quedan descolgados del sistema educativo. Ahora que tenemos chavales mayores, dan el paso a bachillerato y si se van quedando corremos el riesgo de que se queden descolgados”.

Un cole pasajero… “para toda la vida”

Volver al cole, años después de haber pasado por allí, siempre es un momento especial y más aún si ese niño ahora es un adulto con su vida encauzada y con la antigua enfermedad marcada tan solo como una anécdota en su curriculum vital: “Como tienen que venir a revisiones, suben siempre a vernos”, nos cuenta Ana, “es muy gratificante que se acuerden del colegio con cariño. Ayer vino una niña que habíamos tenido con 9 años; ahora es profesora con su oposición sacada, de Galicia, nos hace mucha ilusión”.

Ese mismo camino seguirán, dentro de un tiempo, Juliet, Gary, Carlos, Cosmin, Mario, Carlos, Alejandro o Iker, algunos de los alumnos que pasan allí parte de su internamiento en el hospital. En unos años, recordarán con nostalgia este cole y entenderán cuánto les ayudó, no solo en sus estudios sino también en su recuperación.

Hoy, la presencia de una cámara ha revolucionado un poco las lecciones previstas y pronto descubrimos a una buena cantera de reporteros. Mario prefiere estar detrás de la cámara, los dos Carlos se animan a coger el micro pero todos señalan enseguida a Iker. El escudo de sus zapatillas le delatan como seguidor del Athletic; pronto nos cuenta que es de Zarautz, fan de su tocayo Iker Muniain y aprovecha la ocasión para dejarle en cámara “un recadito” a Fernando Llorente, por su espantada de las filas rojiblancas: “nos has dejado, Llorente,  y no me ha gustado nada”. El periodismo deportivo tiene cantera.

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El Hospital procura que el niño viva una estancia en el hospital lo menos traumática posible, ayudándole a normalizar su vida, celebrando los acontecimientos que se producen en el exterior como la Navidad, el Carnaval, el Día del Libro y también participan activamente en la edición de la revista “La Pajarera” donde vierten, con palabras o dibujos, sus experiencias, sus sentimientos, sus deseos y sus sueños.

Los profesores atienden también en las habitaciones a los niños hospitalizados que no pueden asistir al aula. Alejandro es uno de ellos. Lara Croft, Spiderman y “El cebolla” Rodriguez adornan la que ahora es su casa, una habitación que ya ha hecho suya y en la que su madre le acompaña día y noche. Hoy le toca “El origen de la vida” y Química, dos materias nada sencillas; a Alejandro no le gusta mucho estudiar, “si no vinieran, no daría un palo al agua”, nos confiesa,  así que necesita la ayuda de su profesora para dejar un rato los vídeojuegos.

Un trabajo especial

La experiencia no es solo para los chavales. Todos intentamos que nuestro trabajo nos aporte algo más que el sustento del mes y en el caso de los maestros de esta peculiar escuela, la segunda lectura es inevitable.

Eduardo sabe que no se suele pensar en estas cuestiones cuando estás en un colegio ordinario:

“Aquí te cambia la escala de valores, tienes otras prioridades y aprendes mucho de ellos. Tienen mucha fortaleza, buen humor, tiene ganas de todo. El aprendizaje que nos llevamos es enorme”.

Ana se expresa en los mismos términos: “los niños son muy valientes, llevan muy bien la enfermedad mucho mejor que los adultos. Vienen con morfina o con bateas porque tienen que vomitar… pero de repente dicen, no, ya parece que me encuentro mejor. Les miras diciendo: me están dando unas lecciones de valentía”.

Los niños reciben muchos cuidados de los profesionales del hospital y de sus padres pero ellos no pierden detalle de los que ocurre a su alrededor: “se preocupan mucho por las madres”, nos cuenta la maestra, “estoy aquí, me dice más de uno, a ver si mi madre durante este tiempo se va a tomar un café porque tiene las piernas muy hinchadas… Te dan lecciones cada día”.

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