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Claves para afrontar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con unas siglas que pueden imponer, pero las enfermedades psiquiátricas de los niños no nos deben asustar. Detección precoz y tratamiento personalizado son claves. EFEsalud ha analizado este problema con la psiquiatra María Jesús Mardomingo

Claves para afrontar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
EFE/Juanjo Martín

El TDAH tiene una base genética en el 80 por ciento y por factores ambientales en el 20%. Es un problema de salud con una prevalencia del 5 por ciento en la infancia y adolescencia, y es una de las principales causas de fracaso escolar y de incapacidad para mantener y desarrollar relaciones sociales.

El Informe PANDAH es el estudio más completo realizado en España sobre este trastorno y en el han participado psiquiatras generales, psiquiatras del niño y el adolescente, neuropediatras, pediatras, médicos de atención primaria, psicólogos clínicos y educadores, más de 200 especialistas para un trabajo que se inició en 2010 y concluyó hace unos meses.

Inquietud excesiva; dificultades de atención, concentración y control personal; impulsividad son algunos de los rasgos del TDAH que afectan e influyen negativamente en la relación con los demás.

Además de los padres, el papel de profesores, pediatras y médicos de atención primaria es crucial en el diagnóstico de este problema de salud.

EFEsalud ha analizado el TDAH con una de las grandes especialistas en Psiquiatría Infantil y una de las autoras del Informe, María Jesús Mardomingo, presidenta de honor de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente y pionera en crear una Unidad de Psiquiatría Infantil en España.

  • ¿Es lo mismo TDAH que hiperactividad?

No, la hiperactividad es una de las características del TDAH; tienen que tener un grado suficientemente intenso y traducirse en dificultades de la vida diaria del niño. El que una persona sea inquieta por naturaleza no significa que tenga ningún problema psiquiátrico.

La psiquiatra María Jesús Mardomingo
  • ¿Hemos avanzado en la manera de percibirlo e implicarse por parte del entorno?

Sí, bastante, aunque a los padres les cuesta reconocer que es un problema que requiere tratamiento. Le tenemos miedo a la química.

Todo el mundo entiende que si tiene una neumonía debe tomar un antibiótico y le parece fenomenal, pero si tiene una depresión o TDAH dicen: “¿por qué mi hijo va a tener que tomar medicación? Eso es química”.

La conducta humana depende del cerebro y está en estrecha relación con el medio ambiente. La información que nos llega se procesa químicamente y el efecto que hacen los fármacos también se procesa químicamente y además lo uno influye en lo otro.

Seguimos con la idea de que el alma es lo que nos permite pensar y el cuerpo nos permite actuar, pero ese dualismo está fuera de lugar; hay que entender que todo va al órgano clave que es el cerebro, tan complejo como apasionante.

  • ¿Cómo afecta el trastorno al individuo?

Mucho. Le afecta en todos los ámbitos de su vida. El más simple y trascendental es el ámbito académico, ya que baja el rendimiento. Se calcula que cuando se comparan niños que se tratan con los que no, el grupo de los que no se tratan suele repetir uno o dos cursos antes de llegar a la secundaria.

También afecta a la vida familiar. Los padres sufren mucho más estrés y la relación con los hijos se perturba porque casi siempre hablan de temas conflictivos; no hay esa relación plácida de hablar de cosas buenas, sobre todo el mensaje que transmitimos cuando los padres se sienten orgullosos, contentos… el niño lo capta y se va fortaleciendo.

  • Fuera de casa ocurre algo similar…

Sí, también se perturba la adaptación social. La capacidad del niño para relacionarse con los otros, adaptarse a los juegos, saber escuchar, ser capaz de seguir las normas que corresponden en un momento determinado.

TDAH
EFE/Villar López

No es lo mismo la conducta en la clase, en el patio o cuando está en la calle; les cuesta discriminarlo porque les falta esa reflexión del lenguaje del otro que es la clave de la comunicación.

Eso les lleva a cometer errores, sufren rechazo de los otros niños y sintomatología ansiosa o depresiva como consecuencia de este rechazo.

  • ¿Cuándo se manifiesta el trastorno?

La etiología es de tipo genético. Hay genes que están afectados de tal manera que se expresan distinto a lo largo de la vida y eso se traduce en el comportamiento del individuo, en que sea más feliz o menos feliz, más adaptado o menos; esa expresión de los genes tiene lugar en intimísima relación con el medioambiente.

La educación, la comunicación, la comprensión, un medio cultural adecuado o vivir en un medio desfavorecido, todo eso va modulando la expresión de los genes.

El 80% de la etiología del TDAH corresponde a los genes y un 20% al ambiente.

Dentro de estos factores de riesgo ambiental son muy importantes los intrauterinos, los que tiene lugar durante el embarazo en el claustro materno. Que la madre fume multiplica por tres el riesgo de que el hijo pueda sufrir TDAH, al igual que si consume alcohol o drogas.

  • El diagnóstico, por tanto, no es sencillo. ¿Qué tienen que hacer los padres?

Ellos observan y ahí opinan también los abuelos que tienen buena experiencia o los tíos. Cuando los padres notan que el niño tiene una inquietud excesiva o escucha poco, no obedece… parece que está sordo y los padres van al otorrino porque creen que no oye. Cuando los padres ven eso y además en el colegio les dan una pequeña llamada de atención, lo primero que hacen es ir al pediatra, es la persona de confianza.

  • ¿Si éste lo considera oportuno, lo diagnostica y lo trata o lo remite a un especialista?.

Ese es el camino. Hay que saber también que te pueden decir que tu hijo no tiene nada que lo que pasa es que usted es muy permisivo: le está transmitiendo a su hijo que saltar por las butacas en la clase es adecuado. Usted decide qué tipo de educación le da; eso no lo resuelven los tratamientos farmacológicos, ni están recomendados ni es un TDAH, es un problema educativo.

  • El papel de los padres es fundamental siempre pero aquí especialmente.

Yo tengo una norma como médico: procuro que en el tratamiento se impliquen los padres porque comprenden que es necesario. Se calcula que aproximadamente la mitad de los pacientes no cumplen los tratamientos. Se tienen que implicar y los niños también y a medida que van siendo mayores, más.

Un paciente concreto, vamos a llamarle, por ejemplo, Juan. Este chaval comenzó con muchos problemas de comportamiento a los seis años; querían expulsarle del colegio pero tuve otro que querían echarle con tres. Este niño se resistía a tomar la medicación pero poco a poco lo fue comprendiendo y la tomó. Cuando llegó al bachillerato estaba bastante bien, yo se lo propuse; hay que hacer pruebas para suspender la medicación y si va bien no se le vuelve a dar.

Lo suspendimos en el bachillerato y el resultado fue muy bueno. Fue a la universidad, estudió matemáticas, porque es muy listo. Un día volvió a la consulta para decirme que creía que debía volver a tomar la medicación y le pregunté: “¿Qué es lo que te hizo cambiar tanto cuando sólo tenías siete años y diste ese cambio tan extraordinario? Su respuesta fue: “El que tú me dijeras: Juan, por eso camino no vas a ninguna parte”.

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