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Entrenando para conseguir cruzar el Atlántico y luchar contra el cáncer de mama

Las cinco mujeres que cruzarán el Atlántico para luchar contra el cáncer de mama se entrenan en el puerto de Valencia. EFEsalud pasa un día con ellas. Desde el minuto uno se palpa el compañerismo y la fuerza, poseen un brillo especial en los ojos por la ilusión ante el inminente comienzo de su aventura. Con turnos rotatorios de 3 horas de trabajo y 3 horas de descanso, estas valientes tendrán que hacerle frente al océano y cruzarlo en tan sólo 14 días

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Valencia amanece con un sol espléndido, el día les sonríe. Yolanda, Susana, Carmen, Marian y Patricia,  mujeres que han superado un cáncer, tienen una agenda apretada, algo ya rutinario en sus vidas desde que empezaron en este reto, con el que pretenden conseguir fondos para la investigación del cáncer de mama.

Las cinco valientes. Fotos cedidas por Pelayo Vida
Las cinco valientes. Fotos cedidas por Pelayo Vida

Al charlar con ellas, uno se da cuenta de lo transparentes que son, de la ilusión que tienen y sobre todo las ganas de vivir que transmiten, dan ganas de embarcarse con ellas y de ponerse a trabajar codo con codo.

Ya en el velero, atracado en el puerto de Valencia, en seguida se observa la gran coordinación de equipo, siempre atentas a las directrices del director de travesía Diego Fructuoso.

“Soltar amarras, izar la velas, atar cabos, coged la driza del mayor, atentas al winche, vamos a poner la vela, atentas al suelo”, son algunas de las indicaciones del patrón. Ellas responden cada vez con más seguridad y soltura.

Entrenamientos

Carmen, Patricia y Yolanda en el entrenamiento.Foto cedida por Pelayo Vida
Carmen, Patricia y Yolanda en el entrenamiento.Foto cedida por Pelayo Vida

Carmen Peláez cuenta que al principio todos se sentían un poco perdidos porque desconocían el barco, pero que han avanzado mucho en muy poco tiempo.

“Lo que más me ha costado han sido las labores de fuerza porque todavía estoy tocada. El esfuerzo físico me da un poco de miedo porque no sé cómo va a responder mi cuerpo, tengo una mastectomía hecha desde hace apenas un año y no me gustaría salir dañada, hay que hacer las cosas con precaución”, señala.

Marian Santiago asegura que ahora “se ve mejor y va a tiro hecho” porque ya sabe los pasos que hay que dar en ciertas técnicas y no hace falta estar molestando todo el rato al capitán porque lo tenemos cansadito”, comenta divertida.

Yolanda Preciados y Patricia Alonso coinciden en que lo que más les ha costado ha sido aprender a identificar todo lo que hay en el barco con sus términos correspondientes.

Y Susana Laguarda dice sentirse muy bien física y psicológicamente, pero confiesa que su mayor miedo es no poder llegar a todo lo que esperan de ella, es una guardia civil exigente consigo misma.

 Navegar

El velero comienza a navegar con ellas en sus puestos. “La inmensidad del mar es libertad”, comenta Marian.

La brisa del mar rozando sus caras, el olor a sal, el sol poniéndose en el horizonte… no es simplemente el hecho de navegar, hay mucho más detrás. Es apartar los problemas, es sentir que flotas, que puedes respirar aire fresco, no hay ruido, ni hospitales, ni sufrimiento, ni dolor.

Es sentir que en el mar está la paz, la tranquilidad, que pueden y quieren hacer esa travesía para, simplemente, sentirse más vivas aún; es un viaje, como dice Carmen, “no sólo externo, sino interno para ver lo que somos y en qué hemos cambiado tras el cáncer”.

“Cuando soltamos amarras, es como si soltase todo el peso y toda la carga que tengo. Cuanto más me adentro en el mar, más sensación de felicidad”, relata Marian con una sonrisa.

Patricia añade que navegar te da cierta “sensación de poder, cuando llevas un barco tan enorme que manejas solo con el viento”.

Foto del velero en el que cruzarán el Atlántico. Foto cedida por Pelayo Vida
Foto del velero en el que cruzarán el Atlántico. Foto cedida por Pelayo Vida

Paralelismo de travesías: Cáncer versus Atlántico

El reto de cruzar el Atlántico, por estas cinco mujeres que han superado un cáncer, lleva consigo un paralelismo con la trayectoria de su enfermedad. Cada una de ellas rememora un episodio vivido y lo asocia a este nuevo desafío:

Yolanda Preciados: “La travesía sin mis compañeras no sería posible, y todo ello lo identifico con la compañía de mis familiares a lo largo de la enfermedad. Para mí ha sido fundamental estar acompañada y apoyarme en ellos, y la travesía es eso: la ayuda, el apoyo, el trabajo en equipo y el animarnos cuando estemos bajas de ánimo”.

Entrenando. Foto cedida por Pelayo Vida
Entrenando. Foto cedida por Pelayo Vida

Carmen Peláez: “El enfrentarme al Atlántico, es similar a la sensación que sentí a cuando me explicaron los ciclos de quimioterapia que tenía por delante. En ese momento no sabía cómo iba a poder llevarlo, las sorpresas que me iba a encontrar a lo largo del tratamiento. La sensación de soltar amarras es casi igual, la incertidumbre ante lo que te puedas encontrar en el océano.”

Marian Santiago: “Para mí son dos retos que paralelamente significan lo mismo, los inicias en el desconocimiento. Cuantos más tratamientos te ponen en el cáncer peor estás, es igual que la navegación, cuantos más días pasas en alta mar, te encuentras más cansada. Cuando llega el final del cáncer es un subidón de adrenalina y me imagino que el día que llegue a La Martinica, será igual o más feliz que el día que superé el cáncer.”

Patricia Alonso: “Mis hijas han sido las que me han hecho seguir adelante, llegaba a casa con una sonrisa aunque viniese de la quimio, de estar fatal en una cama vomitando. Ellas han sido la fuerza para seguir cada día y eso lo relaciono con el viento que nos lleva y empuja las velas. Nos empuja durante todo el camino para conseguir llegar a la meta, que en este caso es La Martinica y en el caso de la enfermedad era curarme del cáncer”.

Susana Laguarda: “Para mí izar las velas del barco lo relaciono con levantarse de la cama cuando estaba enferma y decirme: hoy voy a superar este día. Levantarme cada día durante la enfermedad y no vomitar, ir a caminar o incluso sonreír es fuerza y empeño, como izar las velas”.

Y mientras hablan no dejan de fijarse metas en sus vidas, en el caso de Susana, el cáncer le quitó la posibilidad de ser madre y cuenta que tiene congelados dos óvulos para poder ser mamá en un futuro, otro de sus grandes sueños.

Y es que lo sueños, como las estrellas, sirven para navegar durante la noche. Un velero lleno de sueños e ilusión zarpará este domingo día 6, a las doce del mediodía, rumbo al Caribe, un paraíso donde encontrarán la cura total.

Las cinco abrazándose. Foto cedida por Pelayo Vida
Las cinco abrazándose. Foto cedida por Pelayo Vida
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