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Mi hijo tiene una cardiopatía congénita, ¿y ahora qué?

Cada año nacen en España unos 3.000 niños con alguna lesión anatómica cardíaca. Este es el tema elegido por los expertos del blog “Salud y prevención” para analizar esta situación en un nuevo post

Mi hijo tiene una cardiopatía congénita, ¿y ahora qué?

Los padres que han pasado por esa situación conocen bien la angustia que se produce cuando el médico les comunica que su hijo sufre una cardiopatía congénita. Un diagnóstico que generalmente se produce durante el embarazo o poco después del parto, cuando los padres están especialmente sensibles ante la feliz expectativa de la llegada del hijo. Es natural que sea así, pero la buena noticia es que la mayoría de estos bebés podrá disfrutar de una vida normal o prácticamente normal.

Las cardiopatías congénitas son lesiones anatómicas de alguna de las partes que conforman el corazón, ya sean las cámaras, los tabiques que las separan o las válvulas. Se llaman congénitas porque generalmente están presentes en el momento de nacer, y muchas ya existen cuando el corazón del feto termina de formarse, en torno a la sexta semana de gestación. Sin embargo, otras no se manifiestan hasta semanas, meses o incluso años después del parto, aunque su origen sigue siendo congénito.

A partir de ahí, a los padres se les amontonan las preguntas y los temores: ¿se curará? ¿podrá hacer vida normal? ¿hemos hecho algo mal durante el embarazo? Si tenemos otro hijo, ¿le pasará lo mismo?

Más de 50 tipos de cardiopatía congénita

Es absolutamente normal que los padres reaccionen con gran preocupación. De hecho, una cardiopatía congénita grave no diagnosticada y tratada es un problema serio de salud que en el caso de los bebés se puede agravar en poco tiempo”, explica la doctora Marta López, cardióloga del Hospital Quirónsalud Zaragoza.

Afortunadamente -añade la especialista- actualmente son diagnosticadas en su totalidad, muchas veces incluso durante el embarazo gracias a las ecografías, de forma que podemos realizar una intervención temprana y, con el tratamiento adecuado, el bebé tendrá una vida normal o prácticamente normal durante toda su vida”.

Se estima que en España hay unos 3.000 niños con cardiopatías congénitas (8 por cada 1.000 nacidos vivos), “y en muchos casos, la lesión se curará de forma espontánea sin mayores consecuencias”, afirma la doctora López. En los casos más graves, será necesario algún tratamiento o cirugía.

Según explica la especialista de Quirónsalud Zaragoza, “existen más de 50 tipos diferentes de cardiopatías congénitas, y no es infrecuente que un mismo niño presente varias de esas lesiones, así que las medidas terapéuticas varían mucho en cada caso. En los más complejos puede ser necesaria la realización de una o varias cirugías a lo largo de tiempo, pero también en la mayoría de estos casos el resultado es satisfactorio”.

Unos 2.000 niños son operados cada año en nuestro país por una cardiopatía congénita, pero no necesariamente recién nacidos, porque como hemos visto, muchas veces esta dolencia no se manifiesta hasta meses o años después del parto.

¿Y si tengo otro hijo?

Aún no se conoce con exactitud qué causa estas lesiones cardiacas, aunque sí se da por hecho que tienen su origen en alguna alteración genética. Sí se sabe que hay determinados factores externos durante el embarazo que aumentan el riesgo de que se produzcan. “Consumir alcohol, tabaco y otras drogas, contagiarse de rubeola o problemas diabéticos aumentan las probabilidades de que el feto desarrolle una cardiopatía”, advierte la doctora.

Y pese a esa sospecha de una base genética, “es muy raro que, tras haber tenido un hijo con esta dolencia, el siguiente también la vaya a padecer. Salvo casos en los que se conoce el tipo de alteración genética y su patrón de herencia el resto solo tienen un 4 o 5 % más de posibilidades de desarrollar una cardiopatía congénita que los niños sin hermanos en esa situación”.

Así pues, nacer con una cardiopatía congénita no supone necesariamente un pronóstico de mala calidad de vida. En un alto porcentaje se curará por sí sola, y cuando no, el diagnóstico precoz y los avances terapéuticos y quirúrgicos disponibles hoy día permitirán que la mayoría de estos niños viva su vida sin mayores complicaciones.

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