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Cáncer, ¿tentativa de muerte o reencuentro con la vida?

Nieves Mesón, bióloga y profesora, escribe este artículo para EFEsalud en el que, de forma personal e íntima, evoca la experiencia vivida con su marido en la lucha contra el cáncer que a él le diagnosticaron. Además, ha contado el desarrollo de su evolución psicológica y de sus sentimientos en un libro: “Tu y yo frente al miedo”, prologado por Ramiro A. Calle

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Cáncer, ¿tentativa de muerte o reencuentro con la vida?
EFE/JUAN HERRERO

“El sufrimiento es una llamada a la indagación. Todo dolor requiere ser investigado”, Nisargadatta Maharaj.

Cáncer, ¿tentativa de muerte o reencuentro de vida?

Por Nieves Mesón

Tu enfermedad nos trastornó y transformó a los dos.

Era casi imposible abstraernos del sufrimiento. Ningún método de evasión podía funcionar cuando te habían diagnosticado un cáncer.

Los primeros días permanecías en silencio, con los ojos cerrados. Yo caminaba de puntillas por la casa, con el estómago encogido. Hablabas de mi futuro sin ti y del seguro que cubriría parte de la hipoteca. Con timidez- por miedo a que tu reacción fuera de absoluto rechazo- empecé a hablarte de la posibilidad de enfocar tu enfermedad como una oportunidad para modificar ciertos aspectos del pasado. Te propuse investigar en tu dolor y aceptaste.

Mientras esperábamos la llamada del hospital para someterte a la operación, nos dedicamos a investigar en tu psique con el fin de descubrir las causas que habrían provocado ese pólipo degenerado que según los médicos llevaba ya varios años creciendo en tu intestino y sugería tal vez, una posible metástasis.

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Nieves Mesón, autora del libro “Tú y yo frente al miedo”. Foto cedida.

El tema candente de nuestra relación- a punto de naufragar- tuvo que pasar a un segundo plano y nos dedicamos los dos a descubrir los motivos por los que los últimos años habías perdido las ganas de vivir.

Yo comencé con una energía desbordante, se me ocurrían continuamente preguntas que podía hacerte y tú hablabas y hablabas sin parar, sorprendido de que te prestase una atención que siempre había dedicado a todo el mundo menos a ti.

Me hablaste de tu infancia, de tus padres, del colegio, de tu vulnerabilidad, de la necesidad de expresarte como pintor, de la angustia que te producía trabajar en un periódico, del dolor que te provocaban mis reproches… y poco a poco fuimos descubriendo entre los dos, que lo que más te dañaba era mi lejanía y mi falta de ternura.

Todo empezó con tu enfermedad, pero en mí se produjo una imparable catarsis interna que provocó la aparición de todo un arsenal de emociones con el que mi cuerpo trataba de expresar su estado interno. Me sentaba muchas veces en un sillón, agotada de mí misma.

Entretanto, poco a poco, los dos íbamos transformándonos por completo.

Yo iba aprendiendo a cuidarte después de cometer un sinfín de errores.

Empecé a hacerme cargo de mis propios miedos que por supuesto fueron surgiendo uno detrás de otro, en presencia de los tuyos.

Y descubrí algo de vital importancia: todo cuidador debe cuidar de sí mismo y ser capaz de pedir ayuda cuando le fallan las fuerzas. Es fundamental mantener un nivel adecuado de energía vital y suficiente entusiasmo para llevar a cabo una labor tan ardua como es el cuidado de un enfermo cuando es de larga duración.

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Portada del libro “Tú y yo frente al miedo”, de Nieves Mesón. Foto cedida

Dicen que detrás de toda circunstancia negativa hay una bendición encubierta.

Ambos hemos sido capaces de descubrirla. Nuestra salud mental es francamente satisfactoria.

“Estar vivo es algo más que no estar muerto”. Allan Percy

Los dos sabemos ahora en que consiste estar completamente vivos.

 

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