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En busca de las células iPS sin cáncer

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Desde que el profesor japonés Shinya Yamanaka revolucionara en 2006 la biología con sus células pluripotenciales inducidas (iPS) y las posibles aplicaciones terapéuticas en medicina regenerativa, son muchos l@s científic@s, como  el doctor Juan Manuel López-Alcorocho, investigador de la Unidad de Terapia Celular Amplicel-Clínica CEMTRO, que se afanan en conseguir que este procedimiento celular no genere cáncer al ser injertadas en seres humanos.

Yamanaka, Premio Nobel de Medicina en 2012, logró, junto a su colega Takahashi, apartar del camino a la oveja Dolly, generada por clonación, mediante la reprogramación genética de células adultas obtenidas de cualquier lugar del cuerpo, por ejemplo de la piel o la mucosa bucal.

Los investigadores del sol naciente demostraron, en células de ratones primero y en células humanas después, que la adición de un número reducido de genes (hasta cuatro) posibilitaba la transformación de células somáticas, como un fibroblasto, en células troncales pluripotentes.

Se podía fabricar una célula embrionaria a partir de cualquier célula, sin necesidad del peaje nuclear y sin tener que utilizar óvulos de mujeres.

En aquellos días solo se disponía de dos alternativas para obtener células troncales pluripotentes: a partir de embriones (blastocistos con 150 células) o través de células somáticas, presentes en tejidos fetales, de recién nacidos o adultos.

El profesor japonés Shinya Yamanaka
El profesor Yamanaka, de la Universidad de Kioto (Japón), en 2009. EFE/Andreu Dalmau

Investigar con iPS para obtener células medicamentosas

“Estas células reprogramadas, iPS, se podrían considerar células embrionarias y, como tales, en teoría, se convertirían en células de cualquier parte de nuestro organismo; servirían para regenerar un tejido lesionado, ya sean cartílagos, músculos u otros órganos más complejos, como el riñón o el hígado”, explica López-Alcorocho.

Otra de las grandes ventajas de las iPS (por el inglés induced Pluripotent Stem cells) radica en que su uso no plantea los problemas éticos que supone investigar con células embrionarias, procedentes del óvulo o del feto.

Si exceptuamos el origen, somático, y fijándonos solo en su morfología y funcionalidad, las células iPS no se distinguen de las células troncales pluripotentes embrionarias (ES), que son de origen embrionario. Pero no son idénticas, desde el punto de vista genético, ni de las embrionarias ni de las somáticas (MEF), de donde provienen.

Una célula madre (troncal pluripotente embrionaria) es aquella que es capaz de crear el resto de células. Las células hijas resultantes podrán ser, a su vez, células madre, de nuevo, o células especializadas (sanguíneas, cerebrales, óseas, músculo cardíaco, hepáticas, etc.).

Existen en la actualidad miles de ensayos clínicos tanto con iPS (células adultas modificadas genéticamente) como con células madre extraídas de embrión, muy versátiles; de tejido de adulto, sobre todo médula ósea o grasa, con una capacidad limitada; de líquido amniótico o de sangre del cordón umbilical (muy útil en leucemia), también capaces de convertirse en células especializadas.

Se pretende, éticamente, comprender tanto los procesos que nos llevan a la enfermedad como generar células sanas que reemplacen a las células enfermas especializadas en cualquier parte del cuerpo humano.

Aunque ciertos tipos de células madre están siendo útiles en cicatrización, curando heridas, lesiones corneales, cartílagos o mejorando la cicatrización de los huesos, el problema de la terapia celular radica en el rechazo o en el cáncer que surgen en la mayoría de los ensayos clínicos.

“Un buen ejemplo sucedió en 2016. Comenzó un ensayo en Japón en el que utilizaban células iPS para el tratamiento de la degeneración macular asociada a la edad. Pero al poco tiempo hubo que detener este ensayo clínico porque se observó que estas células estaban relacionadas con el desarrollo de tumores”, cuenta el investigador de Amplicel-Cemtro.

Debido a este problema tumoral, y a pesar de que su potencial terapéutico es enorme, a día de hoy estas células iPS se utilizan, de momento, como una herramienta de investigación tanto en los procesos relacionados con el desarrollo de órganos como en el proceso de envejecimiento.

El doctor Juan Manuel López-Alcorocho-efe
“Comprendiendo bien cómo tienen lugar estos procesos podríamos desarrollar medicamentos específicos para curar enfermedades relacionadas con defectos del desarrollo, como las cardiopatías congénitas y la enfermedad del párkinson, o mejorar la calidad de vida durante el envejecimiento de las personas”, concluye el doctor López-Alcorocho. EFE/D.Talles
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