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Nueva defunción eleva a ocho los muertos por legionela en Sabadell y Ripollet

Una nueva defunción registrada en Sabadell eleva a ocho el número de fallecidos por el brote de legionela en esta localidad barcelonesa y en la cercana de Ripollet; además de esta nueva víctima, en la últimas horas se han producido dos altas, una en Sabadell y otra en Ripollet, informa el departamento de Salud de la Generalitat

Nueva defunción eleva a ocho los muertos por legionela en Sabadell y Ripollet
Instalación de aire acondicionado/EFE/Israel Sánchez

El brote de legionela ha afectado hasta ahora a 40 personas y ha causado cinco muertos en Sabadell, donde otras 14 personas permanecen ingresadas y 16 han sido dadas de alta, mientras que en Ripollet han muerto tres personas y no hay ninguna ingresada en centros hospitalarios después de que dos hayan sido dadas de alta.

El departamento de Salud señala que los pacientes ingresados en centros hospitalarios, 13 de ellos en el Parc Taulí de Sabadell y uno en el Hospital General de Cataluña, tienen edades comprendidas entre los 50 y los 92 años y que se trata de personas que reúnen factores de riesgo o con patologías de base previas graves o muy graves.

La Agencia de Salud Pública de Cataluña sigue investigando el origen de los brotes de legionela de Sabadell y Ripollet y está a la espera del resultado de los análisis de las muestras recogidas en las torres de refrigeración de las zonas afectadas para averiguar cuál es la causante de la infección.

Mientras investiga el origen de la infección, la Agencia de Salud Pública de Cataluña ha desinfectado 38 torres de refrigeración de 21 instalaciones de Sabadell, una medida con la que confía atajar el avance del brote.

Los rigores de la legionela

La legionelosis es una enfermedad bacteriana de origen ambiental, parecida a una neumonía, que afecta de dos a tres veces más a hombres que a mujeres y es rara en niños; si la patología se trata a tiempo, el índice de mortalidad no supera el seis por ciento.

Presenta dos forma clínicas: infección pulmonar o “Enfermedad del Legionario”, que se caracteriza por neumonía con fiebre alta; y la forma no neumónica, conocida como “Fiebre de Pontiac”, más leve.

Fue detectada por primera vez en 1976 en Estados Unidos, tras un brote epidémico observado en Filadelfia durante una convención de la Legión Americana, en la que más de 200 legionarios contrajeron una extraña neumonía que provocó la muerte de 34 de ellos.

En 1977, el Centro de Control de Enfermedades Infecciosas de Atlanta logró aislar la bacteria causante de la enfermedad, a la que bautizó con el nombre de “Legionella pneumophila”.

La bacteria de la legionela tiene su hábitat natural en el agua, ya sean lagos, arroyos o ríos, y, en particular, en los residuos acuosos de aparatos de aire acondicionado, duchas y sanitarios.

No se contagia persona a persona, ni se contrae al beber agua ni a través de los alimentos; para resultar infectado se ha de inhalar agua pulverizada en forma de aerosol, como gotas minúsculas.

Los focos principales de contagio son las redes de distribución de agua de los edificios, a través de grifos y duchas; los respiradores y humidificadores que en los hospitales se reutilizan con los pacientes; y las torres de refrigeración y sistemas de aire acondicionado.

Tiene un periodo de incubación de entre dos y 10 días y sus manifestaciones clínicas se parecen a las de las neumonías atípicas, con una sintomatología respiratoria variable (que al principio puede incluso confundirse con la gripe), así como alteraciones de diversos órganos, hígado, riñón, tracto intestinal y cerebro, que pueden ser más o menos severas en función del estado previo del afectado.

Si la patología se trata a tiempo, la mortalidad no supera el seis por ciento; pero si el tratamiento se inicia pasadas 48 horas del comienzo del cuadro clínico, puede aumentar al 25 por ciento.

En la evolución de la enfermedad influye el estado de salud previo, aumentando la incidencia en diabéticos, pacientes con EPOC, así como fumadores o alcohólicos.

Presenta una mayor incidencia a finales de verano y en otoño, y para tratarla se utiliza el antibiótico eritromicina.

Para minimizar sus efectos, caracterizados por su gran resistencia, se aboga por mantener la limpieza e hipercloración del agua y, en las áreas de pacientes de alto riesgo, se aconseja colocar filtros estériles en grifos y duchas.

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