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Homenaje novelesco a favor de la Sanidad Pública, acosada por el coronavirus

“Es difícil transmitir las sensaciones y los sentimientos que una mano, amable y enguantada, destapó con la caricia de un ‘vente conmigo’. La responsable, una auxiliar de ojos sonrientes y voz infantil, devorada por su traje escafandra. Fue la primera de una auténtica legión de jóvenes, eficientes, de cuyos trajes se escapaba una entrega y un cariño, que curaban el miedo del recién llegado al box de urgencias del Hospital de La Princesa”

Exterior del Hospital de La Princesa

Un hombre, diagnosticado y tratado de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), paciente de la Dra. Rosa Mar Gómez Punter, médica adjunta y neumóloga del Hospital Universitario de La Princesa, ya escudo antipandémico europeo, ha escrito una carta de agradecimiento al centro sanitario madrileño después de acudir a sus urgencias al sospechar contagio de coronavirus y ser dado de alta tras 72 horas de hospitalización.

El resultado del test PCR por COVID-19 en Urgencias fue negativo, pero “nuestro narrador ocasional” permaneció ingresado “en planta limpia” al estar diagnosticado previamente de una trombosis venosa profunda (TVP) y de un tromboembolismo pulmonar (TEP); ambas patologías relacionadas con la coagulación sanguínea que pueden agravarse por el coronavirus; infección que, a su vez, tiene todavía un tratamiento incierto o una vacuna por llegar.

Carta abierta de un paciente que acudió a las urgencias del Hospital de La Princesa de Madrid

“Es difícil transmitir las sensaciones y los sentimientos que una mano, amable y enguantada, destapó con la caricia de un “vente conmigo”. La responsable, una auxiliar de ojos sonrientes y voz infantil, devorada por su traje escafandra. Fue la primera de una auténtica legión de jóvenes, eficientes, de cuyos trajes se escapaba una entrega y un cariño, que curaban el miedo del recién llegado al box de urgencias del Hospital de La Princesa.

Nunca urgencias fue tan rápida y resolutiva, manejada por esta pandilla de adolescentes, que bien podrían estar de botellón, dirigida por sus hermanos poco más mayores. Estos jovencitos son los que hemos formado entre todos, los más preparados de nuestra historia, los que más han invertido en su preparación y, como solo sabemos hacer nosotros, los mas desperdiciados, maltratados, abandonados y olvidados por nuestra sanidad.

Y ahí están, los que no emigraron a los brazos abiertos de Europa o EEUU; ahí están, arriesgándolo todo, con contratos de 15 días, sin EPIs suficientes, regateando las horas extraordinarias con la administración. Aquí, en la primera línea, se han encontrado con sus mayores, con los que llevan media vida defendiéndose en la sanidad publica y haciendo que funcione, con los olvidados que el sistema “jubiló” para reducir personal, camas y reivindicaciones. Están aquí, a mi alcance, abrazados y decididos a plantarle cara al desastre, como siempre. ¿Se puede dar una respuesta más profesional a una administración tan miserable?

Es el caos del sistema el que ha hermanado a todos los gremios sanitarios para tomar el mando del día a día. Por eso, en tres horas tenía las pruebas hechas con una diligencia y una sonrisa en cada mirada. Es enternecedor que en este ambiente de hospital de guerra, haya una broma fresca para recibirte en cada servicio y sacudirte la angustia.

Nada más saberse que mi resultado covid era negativo, se corrió la voz y se generó una especie de barrera a mi alrededor cuya finalidad era sacarme de allí, inmediatamente. Yo, como sabéis, soy factor de riesgo importante, por eso y por la gestión de mis médicos, al poco tiempo estaba instalado en planta “limpia”, solo, en una habitación. Pero es que allí el trato fue igual.

Este hospital siempre ha tenido un personal tan cercano y entregado que impresionaba, pero es que ahora, la tragedia ha provocado una catarsis de sentimientos que lo inunda todo, es que todo el hospital es una urgencia y todos están en alerta constante. A veces, entre ellos, capturaba miradas fugaces de cansancio y duelo, que se transformaban en sonrisa con un suspiro. Son estos sanitarios los que dan la mejor calidad a nuestra maltratada sanidad pública.

Con la misma eficiencia, que dieron solución a mi trombosis, mi médico gestionó que mi estancia fuese lo mas breve posible para evitar la exposición al covid y a las 72 horas de ingresar, iba camino de casa, emocionado y preguntándome qué será de todos estos profesionales imprescindibles cuando esto empiece a pasar. ¿Pasaremos del aplauso de las 8, a la patada de fin de crisis, como siempre?; si eso ocurre, si volvemos a consentirlo, no mereceremos sobrevivir a la próxima pandemia”.

No están todas y todos, pero l@s que están representan a todos y todas, ya que primero son personas y luego médicas y médicos… (Doctora Gómez Punter, de pie, primera neumóloga por la derecha).
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