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“En defensa del aire” de l@s pacientes que sufren coronavirus

Las doctoras Beatriz Aldave Orzaiz y Ana Sánchez Azofra, neumólogas que finalizan su MIR en el Hospital Universitario de La Princesa, homenajean a tod@s l@s pacientes que han sufrido la maldad del coronavirus con la lectura del poema “En defensa del aire” de Francisca Aguirre, Premio Nacional de Poesía en 2011 por su libro “Historia de una anatomía”

La composición  “En defensa del aire”, que la poeta dedicó a su doctor y amigo Julio Ancochea Bermúdez, jefe “brillante y existencial” del Servicio de Neumología de La Princesa, es “una herramienta del conocimiento con versos intimistas, musicales, asombrosos, reflexivos y conmovedores que sirven para sacar lo que llevamos dentro”.

Las neumólogas Beatriz Aldave, que estudió Medicina en la Universidad de Navarra y se ha especializado en ventilación mecánica tanto en pacientes agudos como crónicos, y Ana Sánchez, médica por la Universidad del País Vasco que se ha especializado en ventilación mecánica no invasiva en pacientes neuromusculares, comparten un poema “que forma parte del corazón de la neumología” más exigente de España.

“En defensa del aire” de los pacientes covid

Debemos al oxígeno la vida,

y al aire que la sangre ría alegre.

No puedo asegurar que exista un hacedor de estrellas

pero cuando respiro sé que se aumenta el mundo.

No sé por qué los astros

nos vigilan atentos desde su eternidad,

pero sé que el suspiro de la vida

sólo es posible porque late limpio

el aire que nos besa.

Somos sólo el susurro de la brisa auroral,

el latido vibrante de la música aérea,

el roce  milagroso del beso del oxígeno

que, como la alegría, sólo sabe brillar.

Defendamos el aire, ingrávido diamante,

defendamos su etérea dimensión intangible:

¿Quién podría cantar sin su armónico pálpito?

¿Quién podría gritar, pedir socorro,

sin su filo candente?

Defendamos al aire como el árbol la savia,

defendamos la brisa dulce de su inocencia,

su latir primigenio, su soplo milagroso

del que brotan espigas, amapolas, delfines.

Todo lo que respira debe su vida al aire,

todo lo que consuela debe su llanto al aire,

todo lo que defiende debe su aliento al aire.

No maltratéis al aire, hijos del sol y el tiempo,

hijos del mar y el viento.

No hay porvenir sin aire, no hay pasado sin aire.

No hay pájaro sin aire, ni leyendas, ni canto.

Nuestra estirpe es el aire,

nuestra cuna es el aire.

En el nombre sagrado de la vida:

no mancilléis el aire, ni la cuna, ni el mundo.

Las neumólogas Beatriz Aldaya y Ana Sánchez del Hospital de La Princesa.Última lección magistral para dos médicas internas residentes

Podríamos relacionar largo y tendido, a pesar de su enorme juventud, las múltiples capacidades formativas, médicas, investigadoras y divulgadoras de las doctoras Aldave y Sánchez, o resaltar su estancia en los hospitales internacionales de La Pitié-Salpêtrière de París y de la Universidad de California San Francisco, respectivamente; pero en tiempos del coronavirus aumenta, si cabe, la trascendencia de su labor neumológica.

La Dra. Aldave Orzaiz se implicó de lleno en la nueva Unidad de Cuidados Respiratorios Intermedios (UCRI) de La Princesa, que se creó en cuestión de días con un equipo humano que, afortunadamente, ha brindado mayores oportunidades de vida a pacientes que no eran candidatos a medidas invasivas.

La Dra. Sánchez Azofra, que padeció como su compañera el azote de la pandemia en el primer envite, contuvo este órdago vital también en la primera línea de la batalla; donde finalmente cayeron –sin alcanzar bajas definitivas– 14 de sus colegas sanitarios (70% de la plantilla), con su líder, el Dr. Ancochea, a la cabeza. 

La neumología de La Princesa se dejó el resuello en la lucha contra el coronavirus.

“El detonante fue la escasez de camas UCI para pacientes con neumonía bilateral e insuficiencia respiratoria refractaria, que desarrollaron un síndrome de distrés agudo (SDRA) -inflamación y necrosis del alveolo pulmonar-. De la necesidad se hizo virtud”, subraya el Dr. Julio Ancochea.

L@s neumólog@s adoptaron entonces un papel relevante en el manejo clínico de muchos pacientes hospitalizados o en la realización de broncoscopias, traqueotomías o en la ventilación mecánica no invasiva.

Las dos neumólogas, residentes de cuarto año, asumieron funciones de médicas adjuntas en plena crisis, donde se medía el paso del tiempo en décimas de segundo.

Coordinaron, además, grupos COVID-19, en los que se implicaron otras especialidades, como la Unidad de Ictus, ya que cada día de combate contra este microorganismo perverso se contabilizaban más y más casos de pacientes complejos y semicríticos.

“La pandemia ha supuesto para nuestro Servicio una sobrecarga física y emocional sin precedentes, pero, a la vez, ha sido un revulsivo de humanismo profesional y una experiencia personal que marcará un antes y después en cada uno y una de nosotr@s”, expone el neumólogo jefe de La Princesa.

Beatriz y Ana, las doctoras Aldave y Sánchez, dos supervivientes de la pandemia, no son héroes, simplemente médicas… y por eso, seguro, le dedican un poema a sus pacientes; unos versos muy sentidos con los que se “Respira Vida”… Ahora toca volar en el aire que llena la Libertad.

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