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Doble lección de dignidad a través de la ropa

El personal de los servicios de urgencias hospitalarias está entrenado en la atención contra reloj de cualquier emergencia sanitaria, y esa asistencia, por su carácter vital, puede pecar de desdeño, poco tacto o bordear incluso la mala educación si el que está tumbado en la camilla es un sin techo

Un vagabundo y su gatito.

Irina Rosa, enfermera del hospital Reina Sofía de Murcia (España), lo veía claro dada su experiencia en el servicio de urgencias de ese centro y, especialmente, gracias a su pasado en organizaciones que trabajan con excluidos, por lo que se propuso dar un paso personal en la mejora de la humanización de la sanidad.

Su idea la puso en marcha, al principio con un grupo de compañeros que suman más de un centenar, hace ahora tres años creando un ropero solidario que procuraría vestido y calzado digno a indigentes o personas con especiales necesidades que pasaran por las urgencias del Reina Sofía.

Este proyecto, uno de los seis finalistas de los premios “Hospital Optimista” que se fallan hoy en el Colegio de Médicos de Madrid, facilita una “salida digna” desde el punto de vista físico y humano a los pacientes de urgencias más necesitados; en su mayoría hombres, de 45 años de edad media, nacionalidad española en el 80 por ciento de los casos y con problemas por intoxicación de alcohol o abuso de drogas.

Se trata, según ha explicado en una entrevista con EFE esta sanitario, de facilitarles los cuidados médicos que requieren a su llegada al hospital y de procurarles, a la vez, la dignidad que han perdido muchos de ellos por vivir en la calle o en viviendas muy en precario.

Irina Rosa ha llamado la atención sobre el doble efecto terapéutico que ha encontrado en este ropero puesto que, además de beneficiar al paciente, enseña a los celadores, médicos, auxiliares, enfermeros y resto de profesionales de un hospital que “no está bien tratar de forma diferente” al excluido por la sociedad, aunque se haga de manera plenamente inconsciente.

En su primer año de existencia, en 2015, el ropero se nutría de los cambios de temporada de esta enfermera y de alguna compañera del servicio, recuerda ella emocionada, y en apenas dos o tres inviernos han conseguido movilizar a más de cien profesionales de todo el centro hospitalario, y recoger incluso donaciones anónimas de vecinos del entorno.

La responsable de este servicio pretende concienciar a la sociedad sobre la existencia, en sanidad, de un tipo de respuesta humana complementaria a la propiamente médica, y se queja al respecto de la falta conocimiento que existe en la propia profesión sobre los recursos asistenciales.

“Si no tenemos problemas en derivar a un paciente al cardiólogo, porque ese protocolo está absolutamente normalizado, por qué no hacemos lo mismo con un trabajador social”, se pregunta esta enfermera, quien defiende la dimensión social de su trabajo y afirma que esos déficit son mucho mayores en los servicios de urgencias que en las plantas hospitalarias porque el tiempo de estancia es escaso.

El proyecto del hospital Reina Sofía de Murcia es uno de los finalistas en la categoría “Proyecto adulto” de los Premios Hospital Optimista que concede la fundación del mismo nombre, junto a otras iniciativas solidarias llegadas de los hospitales españoles: Infanta Leonor, Bellvitge, Santa Creu i Sant Pau, Fuenlabrada y La Paz.

Redacción EFE: Celina Cantero/mcm

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