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Botellón, una reflexión psicológica

El psicólogo Sergio García Soriano hace una pausa en su Abecedario de la Psicología en EFEsalud para realizar una reflexión sobre el fenómeno de los botellones

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Restos de un macrobotellón a la mañana siguiente/EFE/Jesús Ochando

El término “botellón” aparece en la última década del siglo XX en España para describir la costumbre de juntarse en la vía pública para socializar y consumir bebidas alcohólicas compradas recientemente en las tiendas próximas.

Generalmente se persigue la alteración de la conciencia por la ingesta masiva de alcohol aunque no todos los integrantes del grupo mantengan este objetivo.

Este fenómeno nace en Andalucía y en la actualidad se mantiene en todo el país, especialmente en  los primeros días del fin de semana, siendo un fenómeno que se ha consolidado dentro de los grupos jóvenes que pueden “emborracharse” por precios más económicos que los dispuestos en los pubs o discotecas.

Dicha palabra no encuentra traducción en la mayoría de los países de nuestro entorno aunque existen variantes de dicha actividad en países próximos como Portugal o Italia o en Latinoamérica. Resulta más difícil de encontrar en  países del Norte de Europa o en Francia.

Recientemente, se han comenzado a producir incidentes debido a la asistencia masificada y planificada vía redes sociales a estos eventos de hasta 40.000 personas, estando los organizadores compitiendo entre las diferentes ciudades españolas para alcanzar un récord por exceso de concurrencia.

¿Cómo hemos llegado a esto?

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El psicólogo Sergio García Soriano/Foto cedida

En primer lugar hay que hacer un macroanálisis y analizar el porcentaje de paro juvenil. Un 45 % en España.

El último informe de Eurostat expone que los jóvenes dejan de vivir con sus padres a los 29,5 años, lejos de la edad de emancipación de franceses o suecos, que lo hacen a los 24 y 19,7 años respectivamente. Y situando el salario del joven, según una encuesta, en 880 euros, lejos del salario interprofesional.

Esto hace que tener un papel de responsabilidad y un desarrollo laboral en estas edades sea estadísticamente difícil.

Por otro lado, está la precarización de los puestos en el trabajo siendo salarios muy bajos para el alto nivel de cualificación de los universitarios.

Como sociedad, estamos asistiendo a la reivindicación de los jóvenes sobre su ocio,  donde quieren sentirse libres por la noche de las presiones familiares y sociales, pero sin reivindicar un trabajo digno ni un salario acorde con sus múltiples formaciones.

Evidentemente este argumento no exime de responsabilidad sobre la persona que incumple las normas acudiendo a los botellones, delinquiendo o dejando sin recoger todo lo usado, añadiéndose en estos momentos el no respeto de las normas covid.

Hay varias ideas falsas utilizadas por estos jóvenes para mantener su comportamiento.

Una de ellas es que necesitan socializar y lo han pasado muy mal durante el confinamiento. Sin embargo, fueron los ancianos y las personas de mayor edad quienes han tenido una mayor mortalidad.

La socialización es necesaria en todas las edades no solo en las etapas juveniles. La ley del péndulo que sostiene que tras una represión sucede una desinhibición  no se cumple, sino que es usada por quienes participan en los botellones para hacer lo que quieren.

Otro factor implicado en este fenómeno complejo es el modelo actual de muchas familias, donde la permisividad de los padres ha generado adolescentes muy consentidos en diferentes áreas de su vida, siendo muy exigentes con sus “derechos” y menos con sus “deberes”.

Por otro lado, las autoridades y las instituciones han tenido de la misma manera gran permisividad con estos actos de los fines de semana pese a existir una ley que contempla su prohibición, de tal manera que se ha consentido por omisión dando paso al arraigo en esta etapa vital de inicio de la madurez.

No habiendo un Plan Nacional o Regional de ocio alternativo donde se invierta de manera importante para potenciar otro tipo de socialización sin que las drogas o el alcohol sean el elemento vertebrador.

Ha tenido que llegar la pandemia para que las entradas de cine o de teatro tengan unos precios más asequibles para la ciudadanía.

Todas estas razones han dejado a la juventud sin futuro, con una incertidumbre que se hace más patente en el día a día aunque esta siempre haya estado presente en todas las generaciones.

El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural hasta los 35 años de edad.

Para reconducir esta situación debemos hacer una reflexión sobre sus causas e implementar nuevas políticas públicas de ocio, trabajo y fácil acceso a la salud mental que den una red a la sociedad que permitan reorientar a padres e hijos.

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