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El terrorífico dolor del cólico nefrítico

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Hay quien compara el dolor agudo de un cólico nefrítico con el tormento desgarrador que sufre una embarazada durante las contracciones decisivas para dar a luz a su bebé, pero es muy difícil establecer un paralelismo de este calibre cuando expulsar una piedra o cálculo renal afecta solo a una mujer por cada tres hombres dentro de una horquilla de prevalencia situada entre el 10% y el 15% de la población.

“Es tal el dolor que al paciente no le queda otra opción que acudir rápidamente a las Urgencias hospitalarias”, indica la doctora Carmen González Enguita, jefa del Servicio de Urología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid; quien explica que, a pesar del dolor, serán tanto la fiebre como la anuria las dos patologías graves que pueden llegar a continuación y se tendrán que vigilar sin quitar ojo.

“Aunque este terrorífico dolor esté causado por las piedras al transitar principalmente a través de los uréteres y la uretra, y solo se calme con analgésicos muy potentes, derivados de la morfina, serán la fiebre, que indica infección urinaria y puede desencadenar la sepsis -septicemia-, y la anuria o falta de producción de orina, que puede ocasionar insuficiencia renal, las dos tesituras mortales a tener en cuenta”, dice la Dra. González Enguita. 

Una o varias piedras nefríticas en el camino de la orina

Los cálculos renales, o piedras, son agrupaciones de minerales y sales que se compactan en forma de cristales dentro de los riñones. En la mayoría de los casos, estos cristales, de mayor o menor tamaño, se componen de oxalato cálcico, fosfato cálcico, ácido úrico, cistina y estruvita, el cálculo más peligroso y que no suele causar cólicos como el resto de piedras.

“Un cólico renal no es otra cosa, por tanto, que la manifestación clínica de la existencia en nuestro organismo, en el aparato urinario, de un cálculo (piedra) que, desprendido de las cavidades renales, se pone en marcha en un proceso de eliminación al exterior gracias al trascurrir de la orina”, describe.

“Durante este proceso de eliminación de la orina, en la mayoría de las ocasiones a gran velocidad, el cálculo puede quedarse atascado o verse impactado en alguna zona de los conductos urinarios y, consecuentemente, provocar una obstrucción renal inmediata, aguda”, complementa.

zona de dolor lumbar
Dibujo cedido por la Dra. González Enguita.

La obstrucción provocada por la piedra impide el progreso del fluido normal de la orina descendente, lo que aumenta la presión por encima del cálculo. El consiguiente dolor agudísimo es la manifestación externa de la obstrucción: El dolor  se origina en la zona costo-lumbar, donde está alojado el riñón, y se irradia hacia la zona de la vejiga y de los genitales, apunta la doctora.

“La formación de los cálculos renales tiene orígenes muy diversos, implicando factores metabólicos, infectivos, dietéticos, de estilo de vida, familiares y estructurales del riñón; aún así, no beber suficiente cantidad de agua diaria, tener una dieta rica en proteínas, el estrés y el sedentarismo favorecen su aparición entre la población, sobre todo de los países más ricos”, destaca.

El cólico renal es una de las patologías urológicas más frecuentes. Entre un 10% y un 15% de la población podría padecer un cólico renal a lo largo de su vida. Aunque es más común en varones, con una proporción de 3 a 1, cada vez más lo sufren por igual las mujeres, puesto que hombres y mujeres tienen un estilo de vida similar en los países económicamente más desarrollados.

En la mayoría de las ocasiones el cólico nefrítico aparece de repente, sin previo aviso, y es habitual que se acompaña de náuseas, vómitos, sudoración y malestar general.

“El dolor no se calma con nada… ni tumbado sobre la cama o el sillón en diferentes posturas, ni sentado ni caminando; nada alivia a una persona que sufre un cólico nefrítico. El intensísimo dolor, incluso más desgarrador que un parto, que dura unos pocos segundos o unos minutos, que ataca, retrocede y vuelve a aparecer de golpe causando igual impotencia, genera una verdadera situación de miedo, pánico y ansiedad”, resalta la uróloga.

Y según los casos, el paciente que sufre un cólico de riñón padecerá también alteraciones en la micción, como disuria -molestias al orinar-, polaquiuria -aumento del número de visitas al inodoro-, retención urinaria -imposibilidad de orinar- y hematuria, miccionar orina con sangre.

Piedra o cálculo renal.
Piedra o cálculo renal. Fotografía cedida por la Dra. González Enguita.

Las sustos terroríficos del cólico nefrítico

A pesar de todas las molestias y de este dolor martilleante, la verdadera gravedad de la situación que engendra un cólico nefrítico reside en la fiebre y la anuria: dos cuadros patológicos que representan infección urinaria en el primer caso e insuficiencia renal en el segundo: uno y otro te llevan al Servicio de Urgencias del hospital.

“La infección urinaria podría acarrear sepsis o septicemia, con las bacterias, hongos y virus haciendo de las suyas en el flujo sanguíneo, y la anuria, cuando el riñón no produce orina,  puede ocasionar el deterioro agudo de la función renal, es decir, de su capacidad de filtrar; un parón del engranaje nefrítico que incrementa los deshechos nocivos sin eliminar”, expone.

Los análisis de sangre y de orina necesarios ayudarán a calificar el tipo de cólico renal, pero serán las radiografías (Rx) de abdomen, las ecografías renales y en ocasiones el escáner o TAC (Tomografía Axial Computerizada), junto a los estudios complementarios, las pruebas finales que identificarán la causa del cólico renal, de la litiasis detectada y del tipo de calculo o piedra responsable de este golpe bajo.

Cuando se detecta una obstrucción de las vías urinarias, además de atender al doliente y su dolor, y calmar su ansiedad, se procede a desatascar la vía urinaria afectada mediante un proceso de derivación, siempre que el paciente no haya expulsado la piedra de manera natural: se extrae la orina retenida por encima del tapón con el fin de sortear tanto la sepsis como la insuficiencia renal.

cateterismo ureteral
Cateterismo ureteral. Dibujo cedido por la Dra. González Enguita.

“Dependiendo de cada caso y circunstancia, o bien practicamos un cateterismo ureteral que discurrirá desde la vejiga al riñón a través del interior del uréter, con un catéter modelo doble J (CDJ), bordeando el cálculo, o bien realizamos una nefrostomía percutánea, que consiste en llevar otro tipo de catéter desde el exterior de la piel de la fosa lumbar hasta el interior de la cavidad renal afectada”, ilustra la cirujana urológica.

nefrostomía percutánea
Nefrostomía percutánea. Dibujo cedido por la Dra. González Enguita.

Una vez que se ha resuelto el cólico renal con cirugía nada o mínimamente invasiva, el cálculo que obstruye la vía urinaria se convierte en el objetivo fundamental del especialista: “Lo más razonable sería que el propio paciente expulsara la piedra de manera natural, bebiendo mucha agua, caminando y haciendo ejercicio, pero si no sucede de forma espontánea en un tiempo razonable, solo cabe destruir el obstáculo”, informa.

Litotricia y ureteroscopia para finiquitar cálculos renales

El tamaño de los cálculos renales y su número, la composición, pero sobretodo la localización, determinarán que técnica se elegirá con el fin de eliminar el tapón causante de los cólicos nefríticos y sus más que posibles efectos perversos. La litiasis renal, se encuentre donde se encuentre dentro del sistema urinario, es un foco permanente de problemas orgánicos.

La primera opción, aconsejable en muchos de los casos, es la litotricia extracorpórea por ondas de choque (LEOC): los cálculos renales se destruyen desde el exterior del cuerpo humano. El paciente, que no sentirá nada por la anestesia, recibirá un impacto de ondas sonoras que atraviesan los tejidos y rompen el cálculo. Las piedras resultantes, ya diminutas, se expulsarán con la orina.

“En centros médicos cualificados, la LEOC es un método no invasivo con el que se cumplen dos objetivos: solucionar, tras una RX simple de abdomen, tanto el propio cólico como el origen del dolor, la piedra que obstruye su vía urinaria”, comenta la doctora González Enguita.

La segunda opción es la ureteroscopia (URS), opción de mínima invasión que consiste en alcanzar el cálculo por la vía natural a través del conducto que finaliza en la parte más distal del sistema urinario, la uretra con su agujero de salida de la micción en la zona genital masculina y femenina.

“Es una cirugía que puede llevarse a cabo de forma ambulatoria. Sin realizar cortes quirúrgicos, se introduce un endoscopio -dispositivo de tubo con cámara e iluminación- para comprobar el estado de los riñones, los uréteres y la vejiga. La piedra oclusiva, perfectamente analizada y valorada, se captura en una especie de cestillo para extraerla o se fragmenta in situ con rayo láser”, enseña.

La doctora Carmen González Enguita
“Como los cólicos nefríticos nos asaltan repentinamente, es ciertamente difícil dar un consejo preventivo, puesto que nada nos hace ponernos en guardia, salvo que hayamos tenido alguna experiencia previa y sepamos identificar algunas señales casi imperceptibles. Lo que sí puedo decir es que si el dolor intenso nos castiga en la zona lumbar es preciso acudir a Urgencias cuanto antes para que los especialistas determinen si el cólico renal es simple o complejo, diagnóstico que será determinante en la resolución y consecuencias del cólico renal. En cualquier caso, y con el fin de reducir las posibilidades de engendrar una piedra en el riñón, conviene beber un litro y medio de agua al día”, concluye la Dra. Carmen González Enguita. EFE/ Carlos Sáez
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