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Cambios evidentes en el primer trimestre de embarazo

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La enfermera especialista en obstetricia y ginecología, Rosabel Molina Olías, matrona en el Hospital de El Escorial de Madrid, relaciona los cambios físicos y psíquicos que se evidencian en la mujer embarazada al cumplir los tres meses de gestación: ausencia de menstruación, aumento de turgencia, tamaño y sensibilidad mamaria, hiperpigmentación de la areola, intensificación del cansancio y sensación de sueño, necesidad de orinar con frecuencia, ambivalencia afectiva y, solo en determinados casos, náuseas y ganas de vomitar.  

“Estas alteraciones del primer trimestre se producen por la acción de las hormonas, fudamentalmente progesterona, por el rápido crecimiento del útero y por incremento del gasto metabólico, necesario para atender las necesidades del desarrollo fetal y del futuro bebé, además de adaptarse el cuerpo materno a sus nuevas necesidades biológicas. Todos estos cambios, que son los más significativos, son normales”, dice la matrona. 

Tres meses de embarazo: cambios físicos y psíquicos en la mujer

El organismo materno sufre modificaciones anatómicas y funcionales que le permiten crear un espacio en el que la gestación del feto se desarrolle sin contratiempos. También, el cuerpo de la madre se prepara para el momento del parto, delicado y violento a la vez, y un tierno posparto en el que tendrá que amamantar a su hija o hijo recién nacid@.

Menstruación o periodo: La amenorrea será muy obvia en aquellas mujeres con ciclos de regla muy regulares, que suelen presentarse cada 28 días. En ocasiones, el periodo se confunde con el llamado sangrado de implantación, que ocurre cuando el óvulo fecundado se une a la pared intrauterina.

Mamas o senos: Aumento desde el segundo mes de gestación, con hipertrofia e hiperplasia glandular. Se acentúa la vascularización, la pigmentación de la areola y la sensibilidad mamaria. El pezón tiende a una mayor firmeza.

Evolucionan las glándulas o tubérculos de Montgomery, bultos pequeños de color blanco, entre cuatro y veintiocho por areola, que proporcionan grasa para lubricar y proteger al pezón de los ataques bacterianos.

Cansancio y sueño: Muchas embarazadas se sienten cansadas y necesitar dormir durante más tiempo. Su cuerpo se está preparando para enfrentarse al esfuerzo gestacional de su bebé.

Conviene que la mujer duerma, al menos, ocho horas cada día, acostada sobre su lado izquierdo para potencial la circulación sanguínea. Las almohadas deben convertirse en elementos no solo de comodidad, sino de bienestar general para obtener una gestación más alegre y menos molesta.

Dormir o reposar en decúbito supino, boca arriba, tiende a comprimir el útero sobre la vena cava, la vejiga y el aparato digestivo, generando, en relación al tiempo de gestación, palidez, mareo, frialdad e hipotensión.

Orinar con frecuencia: La estimulación hormonal tiene como resultante la dilatación de la pelvis renal y ambos uréteres; el aumento del nivel sanguíneo, hasta un 50% -volemia- y el crecimiento del útero condicionan la necesidad de orinar más veces de lo normal.

La sangre fluye más rápido, y con mayor cantidad, hacia los riñones, con lo que se produce un mayor filtrado de sustancias a evacuar. La vejiga, por tanto, se llena con más frecuencia. Con el paso de las semanas de gestación se puede ocasionar, incluso poliuria -secreción abundante de orina- y nicturia -más por la noche que por el día-.

Náuseas y vómitos:  La causa hormonal se encuentra detrás. La gonadotropina coriónica (GCH) está muy elevada en el primer trimestre y tres de cada cuatro mujeres padecen naúseas, más aún al despertarse; algunas durante todo el día. Si vienen acompañadas de vómitos, las mujeres se sentirán agotadas. La mayoría dejará de sentir esta molestia hacia la semana 14, aunque la sensación puede volver a sentirse durante la gestación.

El componente psicológico también podría ser un detonante de las náuseas y vómitos, ya que un gran número de mujeres reaccionan a los olores y al estrés de su nueva etapa, que se suma a su vida diaria laboral y social, con náuseas y vómitos.

Ambivalencia afectiva:  “En el primer trimestre se cabalga entre el deseo y el temor, y se produce lo que se denomina ambivalencia, que significa que, ante un mismo hecho, el embarazo, existan sentimientos contradictorios… dos emociones opuestas, como el deseo y la desgana. Es un estado de ánimo transitorio, solo permanente a veces”, señala nuestra matrona.

La ansiedad se convierte un síntoma de la mujer embarazada. Se enfrenta a un periodo vital con grandes implicaciones emocionales: miedos y dudas sobre su imagen corporal, relaciones de pareja y de familia, amistades, trabajo, situación económica y la propia personalidad de la futura mamá.

“Todos estos cambios son absolutamente normales y el grado de ansiedad se controla en gran medida con una relación permanente con su matrona y su ginecóloga, basada en la confianza y el respeto. Siempre estamos a su lado para que la tranquilidad se convierta en su alegría”, concluye Rosabel Molina Olías.

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