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El tabaquismo afea tu piel hasta amortajarla

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Son muchos los mensajes en los medios de comunicación que día a día nos recuerdan los efectos nocivos del tabaco sobre la salud de las personas, y por esta razón el Dr. Eduardo López Bran, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid, centra sus dardos médicos en los daños que marchitan nuestra piel a causa de esta pesadilla en forma de humo envenenado: arrugas, apariencia cetrina y rostro demacrado.

La exposición al sol sin crema de protección y el consumo de bebidas alcohólicas forman, junto al hábito tabáquico, “tres bombas de relojería para la piel humana“, aunque tampoco le van a la zaga otros agentes perniciosos menos visibles como la contaminación atmosférica y el consumo de drogas.

Las gemelas de Twinsburg (Ohio, EEUU).
Fotografía que publicó “Archives of Dermatology” de las gemelas de Twinsburg (Ohio, EEUU) cuando tenían 52 años de edad. Ninguna había padecido enfermedad cutánea, nunca tomaron rayos UVA para ponerse morenas y vivieron en la misma ciudad desde sus 30 a los 50 años… pero una de ellas había consumido dos cajetillas diarias durante 26 años. Su envejecimiento facial se calificó de 5 en una escala de 6 estadios.

Diferentes estudios han demostrado que el tabaco daña el colágeno (abundante tanto en la piel como en los huesos); componente orgánico que, sin fumar, se degrada de manera natural a medida que nos hacemos mayores.

La ponzoña tabáquica, además de estar detrás de 200 enfermedades, ocasiona la pérdida de los niveles de vitamina A, detonante que aminora la cantidad y calidad del colágeno y la elastina, proteína que consigue que los tejidos recuperen su tamaño y disposición tras un esfuerzo físico.

¿Cómo destruye nuestra piel el humo tabáquico?

“El tabaco envicia al colágeno debilitando su producción y, por tanto, reduciendo la elasticidad de la piel, causa primaria de los surcos prematuros, sobre todo en la cara y en el cuello. También provoca la aparición temprana de las manchas oscuras que tanto afean nuestro rostro y origina acumulación de nicotina en la zona labial o en la yema de los dedos”, señala.

Los fumadores y fumadoras de 40 a 50 años de edad tienen mayores probabilidades de mostrar arrugas idénticas en sus caras a las de los no fumadores de 60 o 70 años.

Dr. Eduardo López Bran
“Si dejas de fumar, tu salud y tu piel volverán a brillar”, palabra del @DrLopezBran. EFE/David Talles

El consumo de tabaco no solo te llena la cara de arrugas prematuras, sino que la nicotina dificulta la curación de las heridas superficiales y su cicatrización al estrechar los vasos sanguíneos e impedir su correcta oxigenación“, destaca López Bran, director de la Clinica IMEMA.

Además, te quita el brillo natural de la piel, dejándola grisácea amarillenta, sin vida; y la reseca debido al monóxido de carbono que contienen el humo del cigarrillo. Los dientes perderán, sin duda, su lucidez… y el cabello, más allá de su aspecto contaminado, dejará de ser fuerte y se caerá con mayor facilidad.

En las mujeres, fumar provoca una disminución de sus estrógenos.

“Al tener menos hormonas se acelera la sequedad de la piel y la atrofia de la superficie cutánea… y puede provocar un ligero aumento de los andrógenos (hormonas masculinas), lo que nos lleva a un crecimiento de mas vello y más pelos en zonas indeseables”, resalta.

¿Se pueden revertir los efectos del tabaco en la piel?

“Sí, pero es imprescindible dejar de fumar. Para recuperar la piel se emplean cremas con con ácidos retinoico (derivado de la vitamina A, con propiedades antiarrugas y reafirmantes) y glicólico (que penetra en capas más profundas de la piel), con el objetivo de acelerar su descamación”, expone.

“A la vez -continúa-, se realizan exfoliaciones químicas (peeling), que consiguen eliminar las células muertas y acelerar la regeneración de la piel. También es conveniente el consumo de suplementos alimenticios que ayuden a combatir los radicales libres, como las vitaminas A y E, el zinc y el selenio”.

Por supuesto hay que abandonar la costumbre de tomar el sol sin protección solar suficiente contra los rayos ultravioleta y beber alcohol solo en fechas marcadas en rojo en el calendario. La piel se recupera del todo pasados tres o cuatro años.

Para el doctor Eduardo López Bran, especialista en trasplante capilar robótico con ARTAS, y a pesar del daño dermatológico, lo peor del humo del tabaco llegará con los problemas cardiovasculares, como el infarto agudo de miocardio o el ictus cerebral, y las neoplasias cancerígenas, sobre todo en el pulmón, en la boca o en la garganta.

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