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Biomarcadores que ayudan a predecir el curso de la esclerosis múltiple

Pronosticar cuál va a ser la evolución de la esclerosis múltiple, una enfermedad impredecible, ayudará a tratar al paciente con el fármaco más adecuado. Por eso, en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo analizan la sangre de los afectados para determinar biomarcadores que permitan en un futuro un abordaje terapéutico personalizado

 

Con motivo del Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, 30 de mayo, EFEsalud ha visitado el laboratorio del Grupo de Neuroinmuno-Reparación del Hospital Nacional de Parapléjicos donde investigan el papel de las células mieloides supresoras, células del sistema inmune, como biomarcadores de la esclerosis múltiple, un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Esta enfermedad autoinmune se produce cuando las defensas del organismo atacan la vaina de mielina, un recubrimiento de los axones de las neuronas tanto en el cerebro y médula espinal como en los nervios, causando daños neurológicos discapacitantes.

El 85% de los pacientes padecen el tipo remitente-recurrente (EMRR), que cursa con brotes, y el otro 15% sufren esclerosis primaria progresiva, una forma más agresiva. Dos grandes grupos de una patología que no se puede prevenir ni curar pero que, sobre todo en la EMRR, sí tratar con fármacos que controlan su avance.

La esclerosis múltiple, conocida como la “enfermedad de las mil caras” por su heterogeneidad, afecta en España a más de 47.000 personas, más a mujeres que a hombres, y aparece principalmente entre los 20 y 40 años.

A más células, menor progresión de la enfermedad

Los linfocitos T son unas de las defensas que se rebelan contra el organismo destruyendo la vaina de la mielina debido a una inflamación permanente que no se controla adecuadamente y que hace que la esclerosis múltiple se convierta en una enfermedad crónica.

Y esta inflamación no se puede controlar porque fallan los mecanismos reguladores y uno de ellos lo conforman las células mieloides supresoras, encargadas de controlar a los linfocitos T.

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Imagen de las células mieloides supresoras, biomarcadores para los tratamientos de la esclerosis múltiple. EFE/Ana Soteras

“El origen del estudio se basó en que si potenciábamos estas células mieloides supresoras, ellas podrían controlar mejor a los linfocitos T y por tanto la inflamación, lo que suponía controlar el avance de la enfermedad”, explica a EFEsalud Diego Clemente, investigador principal al frente del Grupo de Neuroinmuno-Reparación del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

“Pero con el paso del tiempo -continúa- vimos en modelos experimentales, en ratones, que unos enfermaban más rápido que otros y no sabíamos si esos cambios que experimentaba la enfermedad tenían que ver con mayor o menor presencia de las células reguladoras”.

Actualmente, se está analizando la sangre de los ratones desde el primer día que presentan síntomas en el modelo animal de la enfermedad (ratones) y se está tratando de establecer una relación entre la cantidad de células mieloides supresoras y el avance de la esclerosis múltiple: “Nuestra hipótesis es que a mayor cantidad, menor progresión”, apunta el neurobiólogo.

“Los resultados de los experimentos para tratar de esclarecer esta hipótesis son muy prometedores, en los ratones creemos que vamos a poder predecir el curso del modelo animal de la su enfermedad. Y esto fue lo que nos indujo a dar un paso muy grande para un grupo de científicos básicos como nosotros: estudiar estas células en la sangre de los pacientes de esclerosis múltiple”, asegura.

Los hospitales públicos Virgen de la Salud de Toledo y Gregorio Marañón de Madrid están aportando muestras de sangre de pacientes de esclerosis múltiple, del tipo recurrente-remitente, en estados iniciales de la enfermedad para ser analizada en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, cuyos pacientes suelen ser perfiles más avanzados de la enfermedad.

El estudio determinará si en humanos estas células mieloides supresoras también son biomarcadores que vaticinen, junto a otros factores, el curso clínico de la enfermedad en función de la cantidad de células.

“Esto supondría dar al neurólogo una herramienta más para que pueda decidir entre todo el abanico terapéutico: si debe tratar al paciente con un medicamento más eficaz para cada caso, lo que repercutirá en más certera  respuesta al tratamiento”, señala Diego Clemente, lo que significa un paso más hacia la medicina personalizada.

Actualmente, los biomarcadores de progresión en la esclerosis múltiple más prometedores son la carga de lesiones observables en una resonancia magnética, la quitinasa o la presencia de neurofilamentos. Sin embargo, faltan biomarcadores claros para conocer la severidad del curso clínico en esta enfermedad.

El posible efecto terapéutico

El papel de estas células mieloides supresoras puede ir más allá de ser un sistema para la predicción de los tratamientos más adecuados, ya que también podrían tener un efecto terapéutico por sí mismas.

El grupo de investigación está investigando si los ratones con enfermedad moderada no solo es que tengan más células mieloides supresoras, sino que su funcionamiento es mejor. “Es decir, son más soldados y están mejor armados”, explica el científico.

Saber si esto ocurre y por qué es el objetivo. Por eso se están haciendo estudios genéticos, en colaboración con el Instituto Nencki de Polonia, para ver qué genes se expresan en las células mieloides supresoras de ratones con un curso clínico más leve en comparación con los más severos.

“Si pudiéramos modificar, farmacológica o genéticamente, esas células menos activas y darles más actividad, podríamos apoyar al paciente con sus propias células, sería un autotrasplante”, subraya.

“Estamos en los inicios de esta investigación pero no descartamos que estas células también puedan tener un efecto terapéutico por sí mismas”, concluye Diego Clemente.

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El investigador Diego Clemente (primero dcha) junto al Grupo de Neuroinmuno-Reparación del Hospital Nacional de Parapléjicos. Foto cedida
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