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Baños forestales, conectar con la naturaleza y con uno mismo

Los “baños forestales” o “baños de bosque” consisten en sumergirse en la naturaleza en silencio y con los cinco sentidos atentos. Esta práctica (de origen japonés) posee beneficios tanto para la salud mental como física. Estar en contacto con la naturaleza puede atenuar el estrés, la ansiedad y el insomnio, mejorar el sistema inmunitario, reducir la presión arterial y combatir los estados depresivos

Baños forestales, conectar con la naturaleza y con uno mismo
Foto: Instituto DKV de la Vida Saludable

¿Qué papel juegan en nuestra salud los denominados baños forestales? Según la investigación científica, estos espacios verdes pueden tener un papel importante en la prevención de algunas enfermedades ya que estar en contacto con la naturaleza beneficia nuestra salud y calidad de vida.

Estudios recientes han encontrado evidencias de que la exposición de nuestro cuerpo a la naturaleza puede atenuar el estrés; rebajar la ansiedad y el insomnio; mejorar el sistema inmunitario; reducir la presión arterial; y combatir el estado de ánimo depresivo, entre otros beneficios fisiológicos y psicológicos, según el Instituto DKV de la Vida Saludable (I-DKV).

Incluso apuntan, desde el mencionado instituto, que exponerse con regularidad a los entornos naturales, reduce la morbilidad (la cantidad de personas que enferman) y la mortalidad (aquellas que fallecen) en un lugar y lapso determinados.

Los bosques, que son uno de los elementos emblemáticos de la naturaleza, ya se están utilizando de forma sistemática en algunos países para aprovechar los efectos beneficiosos de la biosfera, según esta entidad.

Baños forestales, una práctica popular en Japón

De acuerdo a I-DKV, desde 1982 en Japón se promueven los “baños de bosque”, una actividad que consiste en recorrer de manera relajada y silenciosa un ecosistema forestal y sumergirse en el entorno empleando todos nuestros sentidos.

En las consultas sanitarias japonesas, la exposición a la naturaleza se prescribe junto con las recomendaciones de dieta equilibrada o ejercicio físico regular, añaden.

El “shinrin-yoku”, como allí se le conoce, forma parte de sus políticas de medicina preventiva, y cuenta con cerca de dos millones de practicantes, según la institución.

También añaden que en Japón existen numerosos itinerarios forestales terapéuticos certificados por la Agencia Forestal de ese país asiático, donde incluso algunas empresas ofrecen sesiones a sus trabajadores como método para combatir los elevados niveles de estrés y competitividad a los que están sometidos.

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Estar en contacto con la naturaleza puede atenuar el estrés, la ansiedad y el insomnio, mejorar el sistema inmunitario, reducir la presión arterial y combatir los estados depresivos. Foto: Instituto DKV de la Vida Saludable

Dar un paseo entre los árboles, sentándose, estirándose, observando los diversos elementos naturales y disfrutando de sus silencios y sonidos, es una actividad saludable que también se empieza a practicar en países como Corea de Sur, EEUU, Australia, Alemania, Reino Unido y España, según esta fuente.

“En EEUU se fundó en 2012 la Association of Nature & Forest Therapy (Asociación de Terapia Natural y Forestal) o ANFT, el movimiento mundial más potente en esta actividad terapéutica”, explica Alex Gesse, guía certificado en Terapia de Bosque por la ANFT, mentor de guías y organizador de caminatas Shinrin-Yoku en España y Portugal.

El I-DKV ha publicado, con la colaboración del Instituto de Salud Global de Barcelona (España), ISGlobal, un estudio pionero denominado “Baños de bosque, una propuesta de salud”, que incluye la principal evidencia científica sobre esta práctica, orientaciones sobre cómo realizarla y su aplicación en distintas partes del mundo.

“Es la primera publicación en castellano con evidencias acreditadas sobre los beneficios saludables de los espacios naturales, especialmente de los ecosistemas forestales, de acuerdo con los principales estudios científicos y artículos de revisión elaborados hasta la fecha”, explica Josep Santacreu, consejero delegado de DKV.

Lugar y momento ideales

“Cualquier época del año puede ser adecuada si las personas que realizan el paseo en el bosque se sientan confortables con la temperatura y las condiciones climáticas del entorno que recorren” explica a Efe Marta Pahissa Espluga, del I-DKV.

“Al tratarse de una actividad relajada y contemplativa, podría sugerirse realizar un baño de bosque durante un cambio estacional, como el otoño o la primavera, por la atracción visual que puedan despertar ciertas escenas forestales en el momento de transición de la vegetación y la fauna”, añade.

“Son ideales algunos itinerarios que se adentren en parques naturales protegidos por su alto interés forestal. En todo caso, es recomendable sumergirse en un entorno forestal de acceso público y seguro, alejado del ruido o de áreas altamente transitadas, con un sendero claramente señalizado y sin grandes desniveles”, apunta.

“Algunos guías prefieren pasear por bosques maduros -áreas forestales con árboles grandes y antiguos, y una gran biodiversidad de plantas y animales- señalando que disponen de una mayor concentración de compuestos orgánicos volátiles que se incorporarán y metabolizarán en el cuerpo”, prosigue.

“Pero se desconoce aún qué factores o combinación de factores, en los espacios naturales generan beneficios en la salud fisiológica y psicológica de nuestros cuerpos. La actual evidencia científica solo señala como recomendable para la salud el contacto directo con la naturaleza de forma habitual”, concluye.

Práctica terapéutica preventiva

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Foto: Instituto DKV de la Vida Saludable

“Gran parte de los efectos de los entornos naturales en nuestra salud aún se tienen que puntualizar, pero los resultados obtenidos nos permiten afirmar que el contacto con la naturaleza es una práctica terapéutica y preventiva para enfermedades psíquicas y físicas”, explica Marta Pahissa, responsable de Desarrollo y Gestión de Proyectos de Medio Ambiente de DKV.

Según el informe del que Pahissa es coautora, exponerse a los ecosistemas forestales, “relaja la actividad involuntaria e inconsciente de la mayoría de los órganos, reduce los requerimientos de oxígeno por parte del córtex cerebral, y rebaja la frecuencia cardíaca y la tensión arterial”, entre otros beneficios.

“Los baños de bosque también disminuyen las hormonas del estrés, y la adiponectina o los niveles de glucosa, relacionadas con la obesidad y la diabetes 2; fortalecen nuestras defensas orgánicas; mejoran el estado de ánimo positivo, la vitalidad y el bienestar psicológico; y rebajan la tensión psicológica, el estrés, la ansiedad, el insomnio, la depresión, la ira y la fatiga”, añade Pahissa.

Un baño de bosque puede realizarse en grupo o individualmente, en un entorno forestal de alta montaña o a más baja altura, por cuenta propia o con un guía, quien nos orientará en cada momento del recorrido para que esta actividad de inmersión en la naturaleza sea profunda y placentera, según el I-DKV.

Este instituto recomienda realizar el baño forestal en entornos naturales o bosques de alto valor natural, tranquilos y seguros, elegir un sendero sencillo, adaptado a las posibilidades de quienes lo recorran, y que esté poco o nada transitado, y sin contaminación acústica ni de otro tipo.

También es importante contar con ropa y calzado adecuados a las condiciones meteorológicas y del terreno, mantenerse hidratado y disponer de agua durante el recorrido, no alejarse demasiado del entorno habitado por razones de seguridad, ni llevar perfume para no limitar el contacto sensorial con los elementos naturales, según apunta el I-DKV.

Los baños consisten en caminar, sentarse o estirarse, en silencio, con los móviles apagados y sin cámara de fotos, para experimentar el entorno al máximo con los cinco sentidos, y pueden durar, desde 15 minutos hasta 3 horas, según esta fuente.

Claves para conectar con lo natural

Esta es una de las invitaciones que hace el I-DKV a los “bañistas forestales”, centrada en este caso, en observar cuán placenteros pueden ser los sentidos.

  1. Cierra los ojos y observa tus pies en la tierra, haz una respiración profunda y revisa cómo se siente tu cuerpo en ese momento.
  2. Suavemente balancea y mueve tus brazos para tener una idea de tu cuerpo en el espacio.
  3. Sintoniza la atención en tu piel y experimenta la temperatura del aire, ¿puedes sentir su movimiento?
  4. Estáte pendiente ahora de tus oídos: escucha el sonido más leve que seas capaz de detectar, ¿estás cerca o lejos?
  5. Sintoniza tu sentido del olfato: observa qué olores están presentes, ¿puedes identificar alguno?.
  6. Pon ahora atención en tu sentido del gusto: saca la lengua, ¿qué observas con su lengua expuesta?
  7. Por último, abre sus ojos y mira de nuevo el paisaje como si fuera la primera vez que lo estás viendo, ¿qué estás notando?
  8. Camina tan silenciosamente como te sea posible, con todos tus sentidos en alerta completa.
  9. Párate cuando algo te despierte la curiosidad y préstale toda tu atención, ¡casi como si tu vida dependiera de ello!
  10. Intenta notar las cosas que se mueven a tu alrededor: ¿Qué movimiento puedes detectar cerca y en la distancia? ¿Las hojas o la hierba se balancean con el aire?

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