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Ballet: exigencia física y psicológica en busca de la perfección

El ballet es la perfección hecha arte. Pero no todo es tan bonito como parece, llegar a lo más alto en esta disciplina implica sacrificio. Con la ayuda de dos expertos y el prestigioso bailarín Víctor Ullate, EFEsalud se sube a los escenarios y se adentra en la autoexigencia que lleva detrás la danza clásica

Ballet: exigencia física y psicológica en busca de la perfección
EFE/Albert Olivé

Lo que vimos en la película “Cisne negro” no queda lejos de lo que puede llegar a ser  formar parte de la élite del exclusivo mundo del ballet clásico. Un círculo al que no todo el mundo tiene el privilegio de entrar, ya que se exige estar psicológicamente preparado y cumplir unos cánones y unas proporciones físicas muy específicas.

El doctor Ricardo Casal Grau, cirujano ortopédico especialista en medicina del ballet; Pilar Jiménez, psicóloga clínica miembro del Colegio Oficial de Psicólogos; Víctor Ullate, bailarín profesional y director de la compañía que lleva su mismo nombre; y Carla Wolff, bailarina profesional de ballet, explican a EFEsalud cómo ha de ser la preparación que tiene que tener un profesional de la danza clásica.

El precio de la perfección: lesiones físicas del bailarín

“El ballet es una formación del cuerpo, aunque también habría que llamarlo deformación. Todo es muy antinatural por las posturas que hay que hacer”, reconoce Victor Ullate. A esto se debe que los bailarines padezcan diversas lesiones a lo largo de su vida profesional.

Por su parte, el doctor Casal Grau explica que “el bailarín es un atleta, por lo que tiene que ser una persona sana, con un peso adecuado y tiene que estar muy bien entrenada”.

Las lesiones que más prevalecen en esta práctica son los daños por sobrecarga, los esguinces, las contracturas musculares o las fracturas que pueden llegar a acabar con la carrera del bailarín. Aunque, “más que una lesión concreta lo que puede obligar a la retirada del bailarín es que las condiciones biomédicas no sean las más correctas y esto vaya provocando una acumulación de lesiones que llegue a un punto insostenible”, indica el doctor.

Aunque también pueden producirse grandes traumatismos como la rotura de ligamento cruzado anterior, el impingement o síndrome de compresión de tobillo. Dos lesiones que si no se operan adecuadamente pueden terminar, como las anteriores, con la retirada del bailarines.

Prevenir es curar, por lo que un buen calentamiento es un factor clave para evitar todas estas posibles lesiones. “Antes de hacer cualquier tipo de ejercicio, es necesario calentar para prevenir tendinitis, inflamaciones del hombro o en cualquier parte del cuerpo. Por ejemplo, al saltar puede producir alguna lesión rotuliana y eso es algo que pasa muy a menudo en deportistas de élite”, advierte Ullate.

Una bailarina de ballet haciendo un paso. Efesalud.com
EFE/Javier Cebollada

La trampa de la obsesión: consecuencias psicológicas

La psicóloga Pilar Jiménez explica que, para lanzarse a la práctica de este deporte a nivel profesional, primero es fundamental “tener motivación y sacrificio, ya que se trata de una profesión muy exigente que implica muchas horas de entrenamiento y es muy fácil saturarse”.

Entre los trastornos más comunes están los de la alimentación como la anorexia y la bulimia, las alteraciones de animación corporal y los problemas de ansiedad, principalmente aquellos asociados a la puesta en escena .

Para evitar caer en esto la experta afirma que “es necesario la psicoinformación ya que solamente educando en lo que es el trastorno se podrá mejorar el autoestima y no caer en la trampa de la obsesión”. La prevención ayuda al bailarín a ser realistas con lo que hace, a ser consciente de lo que pueden llegar a conseguir y a no caer en la frustración, el enfado y el miedo.

Una bailarina profesional. Efesalud.com
EFE/José Méndez

Por ello, la psicóloga reivindica la presencia de un servicio psicológico en las academias o compañías, tanto para prevenir este tipo de problemas como para mejorar el rendimiento de los bailarines.

 Víctor Ullate afirma que el ballet es una profesión vocacional: “Si te gusta, disfrutas bailando, pero si se hace por obligación, es un suplicio. La danza es una terapia maravillosa y bailando te olvidas de que existes. Los bailarines pasamos nuestras alegrías y nuestras penas bailando”. 

Alcanzar un sueño a base de sacrificio: testimonio de una bailarina

Carla Wolff es una joven bailarina profesional de ballet clásico y sabe de primera mano lo que implica el sueño de llegar a lo más alto en este deporte.

  • ¿Qué exige el ballet para que sea una disciplina tan estricta?

El ballet exige tener unos cánones físicos muy específicos y, a parte de esto, es necesario desempeñar ejercicios de interpretación muy minuciosos. Es un deporte que aúna la parte física del deporte de élite y la parte de interpretación que exige el arte. Busca constantemente la perfección y, como la excelencia no existe, tenemos que acercarnos en la medida de lo posible a eso.

  • ¿Qué lesiones has padecido a lo largo de tu vida como bailarina profesional?

Una de las lesiones más comunes que he sufrido ha sido en el flexor del dedo pulgar del pie derecho, al igual que en los tendones de Aquiles, bursitis, tendinitis en ambos pies e inflamación del psoas.

Las rodillas son un punto negro de lesiones así como en la espalda, sobre todo en los chicos ya que tienen que soportar el peso de la bailarina y se carga mucho la parte de trapecio. Sin embargo, ellos sufren menos de los pies ya que no utilizan zapatillas de punta.

Padecer alguno de estos problemas no tiene que ser por un mal desempeño del ejercicio de la bailarina, simplemente se debe a que estamos sometidas a muchas horas de entrenamiento y, como en todo deporte, nos lesionamos.

  • ¿Qué cualidades físicas se exigen para poder dedicarte a este arte de manera profesional?
Bailarina haciendo uno de los pasos de la danza clásica
Foto cedida por Javier Cortés

Normalmente se miden desde que son pequeñas al entrar en el conservatorio. Las bailarinas suelen ser delgadas, tienen que mantener un peso adecuado de acuerdo a su estatura, tanto el cuello como las extremidades han de ser largas y delgadas. La cabeza conviene tenerla pequeña.

También tienen que tener flexibilidad en la espalda, sin curvatura exagerada en esta zona que debe ser plana, siempre dentro de la normalidad. La parte de la cadera tiene que estar abierta, se va formando a lo largo de los años, con una capacidad ósea que pueda permitir la apertura de las piernas.

A medida que el cuerpo se va desarrollando va cambiando. La cintura suele ser muy estrecha porque en ballet están constantemente cerrando las costillas y respiran de una manera especial. Las caderas son estrechas pero interiormente se abren. Los músculos de las piernas no se ensanchan, sino que se alargan, ya que todos los bailarines trabajamos la musculatura alargándola y no al contrario.

  • ¿Cómo crees que ha de estar preparado psicológicamente un bailarín?

Tiene que ser fuerte. Ha de saber porqué está metida en este mundo porque sino puede llegar un punto en el que su meta se disipe y se convierta en una obligación. Se trata de una exigencia tan estricta que no puedes estar aquí dentro si no lo ves como una verdadera pasión.

Un grupo de bailarinas. Efesalud.com
Momento del pase gráfico de “El lago de los cisnes” de la coreógrafa Alicia Alonso, al frente del Ballet Nacional de Cuba/ EFE/ Toni Albir

Los profesores exigen mucho y hay que nivelar la parte emocional dependiendo del carácter de cada uno, aceptar las críticas e ir mejorando sin hundirse y sin caer en un trastorno psicológico.

  • ¿A lo largo de tu carrera has visto muchos abandonos? ¿A qué se debían?

Por supuesto. Cuando entramos en el conservatorio tenemos ocho años y dependemos de nuestros padres, a medida que van pasando los años hay muchos que no aguantan que sus hijos estén sometidos a tal exigencia por lo que se asustan y deciden retirar a sus hijos de esta disciplina.

En lo que respecta a las adolescentes, muchas de ellas también deciden retirarse ya que en ciertos momentos ven que tanto sacrificio les aparta de la vida social y optan por abandonar.

Se trata de una profesión que se puede ejercer hasta los 40 años si se llevan a cabo todos estos consejos. “La experiencia no se reemplaza con nada porque, cuando un bailarín es maduro, tiene mucho que decir, mucho que expresar, que sentir y la experiencia es fundamental en la danza”, concluye Victor Ullate.

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