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Autismo, aprendiendo a vivir el día a día

Actividades cotidianas como ir a la peluquería, al médico o a comprar en un supermercado pueden ser “muy estresantes” para las personas con un Trastorno del Espectro Autista (TEA), unos “retos” que aprenden a superar desde temprana edad en espacios recreados para ello o mediante terapias con animales

Autismo, aprendiendo a vivir el día a día
Aurora Carbonell y Pablo Camps, fundadores de la asociación "You Can" en el jardín del centro/EFE

Este es el objetivo de una iniciativa pionera en España que desde el pasado mes de octubre desarrolla en Bétera (Valencia) la Asociación You Can.

El fin es ayudar y acompañar a los padres y madres de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), Trastornos por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), Altas Capacidades (AC) o Discapacidad Intelectual (DI).

En apenas dos meses ya son una treintena de familias las que acuden a este centro, la Casa You Can, en cuyo exterior hay un rocódromo, una cama elástica, una piscina, un parque con arenero, o un huerto donde pueden experimentar y aprender a jugar al aire libre.

También dispone de una zona de animales con gallinas, patos, ninfas y conejos, así como de perras adiestradas para terapia, estímulos vivos que muchos de los usuarios no suelen ver y con los que a veces es más fácil motivar para interactuar.

En el interior del centro los nombres de las estancias no son convencionales, y a la “sala de sueños”, la “sala de los retos” o el “espacio de superación” se suma una cocina donde se ofrecen talleres a las madres y padres.

Según Aurora Carbonell, terapeuta ocupacional y una de las fundadoras, hasta el 80 % de las personas con TEA presentan trastornos de la alimentación.

En una de las habitaciones se ha recreado un supermercado con grandes carteles amarillos que informan de los precios, una caja registradora y estanterías donde se apilan distintos productos que permiten a los menores con autismo a aprender a moverse en estos comercios.

Amparo, madre de Izan, que ahora tiene 7 años pero al que le diagnosticaron autismo a los dos y medio, explica a EFE que dejaron de ir al supermercado con su hijo porque cogía productos y cuando intentaban dejarlos en su sitio “comenzaba a chillar y a tirarse al suelo”.

Izan tampoco entendía que debía esperar en la cola de la caja y quería poner en la cinta sus productos sin aguardar su turno, señala Amparo, quien asegura que gracias a la terapia ha avanzado mucho y ha ido entendiendo que va primero el que va delante y que solo puede coger los productos que hay en la lista.

En las personas con TEA o DI las preferencias se pueden convertir en obsesiones o rituales y en el caso de Izan, según su madre, son los coches de la marca Ford, en concreto el modelo Focus.

“Se levanta y se acuesta pensando en coches y los identifica y conoce las marcas”, aunque ha conseguido reducir esa obsesión gracias a las terapias con You Can, expone Amparo.

En el centro también se recrea la consulta de un dentista, con su sillón dental, una peluquería y una consulta médica, lugares donde a veces tienen que realizarse pruebas “muy invasivas” que no toleran, y una habitación con una mesa de escritorio y una cama.

“Deben aprender desde pequeños habilidades mínimas para ser más autónomos y que en el futuro puedan poder llegar a vivir en una casa tutelada o supervisada”, afirma Carbonell.

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Las terapeutas Patricia Ortega (izq.) y María Jesús Anta , de la asociación “You Can”, en el corral con algunos de los animales del centro/EFE

Niños y niñas desde los dos años y medio, la edad en la que suele diagnosticarse los TEA, hasta los 21 acuden a las terapias de este proyecto.

Una idea lanzada, como socios, por Aurora Carbonell, Pablo Camps y Jorge Pereira, que cuentan con la ayuda de terapeutas ocupacionales, psicóloga, logopeda y especialistas en terapias asistidas con animales.

“Esta es una experiencia única en España, existen centros ocupacionales con cocina, comedor o habitación, pero que vaya más allá de espacios realistas de entornos de la vidas cotidiana no conocemos”, asegura Carbonell.

El centro no recibe financiación pública y son las familias las que abonan el tratamiento en función de una propuesta de intervención a la medida del menor y su contexto, explica Carbonell, quien añade que en la mayoría de los casos uno de los cónyuges ha tenido que dejar de trabajar para poder asistir las necesidades de su hijo.

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