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El malestar oculto de los jóvenes autores de los atentados de Cataluña

Los autores materiales de los atentados de hace un año en Cataluña vivían en Ripoll, un pueblo gerundense que todavía se pregunta por qué estos jóvenes de origen marroquí fueron capaces de matar y de morir. Para la psicóloga Alicia Mesas, detrás de la acción de estos chicos, supuestamente “integrados” en la comunidad, había malestar y un fuerte componente emocional.

El malestar oculto de los jóvenes autores de los atentados de Cataluña
El mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero ante la ficha y foto de Younes Abouyaaqoub, autor del atropello masivo de las Ramblas de Barcelona y vecino de Ripoll. EFE/Alejandro García

Esta psicóloga forma parte de un equipo profesional del Consorcio de Bienestar Social de la comarca del Ripollés que, por encargo de la Generalitat de Cataluña, trabaja tanto con las familias y el círculo cercano a los terroristas, como con los vecinos de una localidad que se ha convertido en un laboratorio de pruebas para entender qué ocurrió para llegar a los atentados, prevenir la radicalización y reconstruir la convivencia.

“Muchos duelos están bloqueados, el porqué sigue sobre la mesa. A las familias les cuesta gestionar su lloro por alguien que ha muerto, pero que a la vez ha matado a otras personas. Es un doble duelo”, explica Alicia Mesas en una entrevista con EFEsalud cuando se cumple el primer aniversario de la masacre.

Younes Abouyaaqoub, el conductor de la furgoneta que el 17 de agosto de 2017 arrasó a los viandantes en las Ramblas de Barcelona; su hermano Al Houssaine, que esa noche participó en otro atentado con atropello en Cambrils (Tarragona) junto a Moussa Oukabir, Said Aallaa y los hermanos Mohamed y Omar Hychami. Todos vecinos de Ripoll, todos abatidos por las fuerzas de seguridad.

El punto de partida de este trabajo social se sitúa en los propios jóvenes. “¿Alguien se preocupó de cómo se sentían?¿Por qué todo el mundo daba por hecho al verlos “integrados” que estaban contentos?”, se pregunta la especialista quien puntualiza: “Ya no creemos en la palabra integrar, integrar no es que ellos cambien para occidentalizarse”.

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Un grupo de mujeres durante el minuto de silencio que la comunidad musulmana celebró en Ripoll dos días después de los atentados de Cataluña. EFE/Robin Townsend

“No solo se trata de tener un trabajo o que no provengas de una familia desestructurada, a veces hay variables emocionales que si no se gestionan bien pueden llevarte a un terreno peligroso, sectario y manipulado”, indica la experta.

La influencia que sobre los autores de los atentados yihadistas ejerció el imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty, presunto cerebro de los atentados y muerto en la explosión de la casa de Alcanar (Tarragona), es una muestra de que existía un malestar que avivar.

Para las familias de estos jóvenes, “fueron víctimas de la manipulación del imán”, comenta Alicia Mesas.

Por eso su duelo “está muy ubicado en la rabia, están muy enfadados con el sistema de seguridad que no ha protegido suficientemente a sus hijos, creen que el imán podría haber sido detenido antes”, apunta.

“En realidad -añade- los chicos no eran religiosos pero el imán supo alimentar eso. Creemos que puede haber más riesgos. Cualquier persona que sea algo diferente puede sentir malestar y es relativamente fácil que venga alguien y lo avive”.

Prevenir para poder convivir

Prevenir es una de las razones del trabajo que realiza el equipo de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales, educadores…) del Consorcio de Bienestar que ya tienen una primera conclusión: la sociedad no ha hecho bien las cosas y se enfrenta al reto de ver cómo atender a la diversidad.

Y para poder convivir y prevenir situaciones de radicalización, la sociedad debería cumplir tres principios para que la diversidad se sienta aceptada:

  1. Principio de la pertenencia: Todas la personas deben sentir que pertenecen a ese sistema con los mismos derechos y deberes. “El hecho de ser musulmán ya supone un estigma”.
  2. Principio del equilibrio entre lo que ofrecen a la sociedad y lo que la sociedad les da. “Los jóvenes de origen marroquí que ya han nacido aquí tienen como referencia nuestro estado de bienestar y no dejan de ver que el compañero de al lado tiene más derechos por el hecho de llamarse Pedro y no Mohamed…tienen más facilidades para encontrar un trabajo, un piso…”
  3. Principio de la jerarquía: El respeto y la autoridad viene dada por la autoridad formal que se otorga a alguien; por el nivel de conocimiento de una persona y por la edad. Pero en los marroquíes hay niños que ejercen funciones que no les corresponden (como hace de traductores de sus padres) o hay personas con estudios realizados en su país y que cuando vienen aquí ejercen trabajos por debajo de su nivel.

“Esos tres principios no se están cumpliendo y debemos promover acciones para conseguir un cambio”, explica la psicóloga quien cree que se debe hacer a través de la emoción por lo que trabajan con dinámicas participativas para propiciar la conexión entre unos y otros.

Más de 500 marroquíes forman parte de los más de 10.000 habitantes de Ripoll. Vecinos que una u otra manera sufrieron el impacto colateral de unos atentados que ahora cumplen su primer año alterando todavía más el día a día de este pueblo.

“Las familias y el resto de los vecinos viven una variabilidad constante, muy marcada por el contexto externo y por sus sentimientos internos”, apunta Alicia Mesas.

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Acto a favor de la paz y en contra del terrorismo convocado en Ripoll una semana después de los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona). EFE/Susana Sáez

Los atentados polarizaron las posiciones

Y es que desde el 17 de agosto de 2017, las posiciones se extremaron en Ripoll. “Nadie se quedó en el medio, todos se vieron obligados a posicionarse. Hubo debate y discusión en las familias, en los bares, en las calles..sobre cómo acoger a la inmigración. Aunque se han calmado las aguas, a la mínima las posiciones siguen polarizadas”, explica la psicóloga.

Pero en general, asegura, “los ciudadanos han tenido un comportamiento ejemplar y la comunidad marroquí está agradecida porque no han tenido que irse de Ripoll”.

“Con los atentados hubo un terremoto con varios epicentros, uno de ellos en Ripoll. Y se abrieron unas grietas que dejaron entrever que en la sociedad hay cosas que no se están haciendo bien, por eso tenemos todavía mucho trabajo por hacer a nivel psicológico porque el factor común es el tema emocional, desde cómo se sintieron los autores de los atentados a cómo lo vive la sociedad”, concluye.

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