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Así hacemos la digestión

Hablamos de nutrientes, de aminoácidos, de grasas, de alimentos sanos, que engordan y que no. Pero, ¿Sabemos realmente qué es lo que sucede cuando el alimento entra en nuestro aparato digestivo? ¿Cómo se convierten en comida para nuestras células? ¿Qué papel tiene cada órgano?

Así hacemos la digestión
EFE/BAS CZERWINSKI

El aparato digestivo es protagonista indiscutible del proceso de nutrición del cuerpo. Este comienza cuando la comida entra en nuestra boca y empezamos a masticar. Termina cuando, parte la misma pasa como alimento de nuestras células tras un complejo proceso, y otra parte, la que nuestro cuerpo no puede aprovechar, sale al exterior.

Digestión en la boca

La boca es el lugar donde comienza la digestión. La doctora Francisca García-Moreno, Facultativo Especialista de Área (FEA) de Cirugía General y Digestivo del Hospital Ramón y Cajal y profesora de cirugía en la Universidad de Alcalá de Madrid, explica que en la masticación y ensalivación, “la saliva tiene una función lubricante que facilita que pase el bolo digestivo por el esófago; y las enzimas que se encuentran en la saliva (como la amilasa salival), hacen que se inicie el proceso de la conversión de las proteínas a aminoácidos”, que es lo que realmente nosotros vamos a absorber.

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EFE/ANDY RAIN

Actualmente es habitual que las personas tomen suplementos de aminoácidos. ¿Es beneficioso realmente para la salud? La doctora indica que “tenemos una capacidad máxima de absorción de los nutrientes”, por lo que si ya hemos alcanzado ese tope, “es como si uno intentara echar agua a un vaso que ya está lleno”.

Por tanto, salvo situaciones especiales en las que haya carencias de suplementos, esta ingesta extra no es necesaria si uno lleva una dieta equilibrada.

Digestión en el estómago

La comida pasa del esófago al estómago a través de una válvula (el cardias). Una vez en el estómago, la digestión entra en una fase que durará varias horas y en la que se vierten grandes cantidades de jugos gástricos. El principal objetivo es “convertir los alimentos más complejos en moléculas más sencillas para que las absorbamos en el intestino delgado, -explica la facultativa- proceso favorecido por el ambiente ácido que tenemos en el estómago”. Y en este entorno es en el que funciona la enzima pepsina, soltando una serie de sustancias que se ocupan de partir las proteínas en cadenas más cortas.

La especialista subraya que muchas veces no prestamos demasiada atención al estómago, pensando que es “una bolsa donde cabe todo y que no sirve para nada”, cuando realmente es donde comienza la parte más importante de la digestión. Es, por tanto, importante, no comer en exceso, y no forzar digestiones cuando ya hay una en proceso (como cuando, por ejemplo, comemos y a las dos horas volvemos a comer cuando en el estómago ya hay alimentos en mitad del proceso de digestión).

Digestión intestinal

El quimo (mezcla de alimentos y saliva) pasa del estómago al intestino delgado a través de una válvula llamada píloro.

Una de las grandes protagonistas en esta fase de la digestión es la bilis “una sustancia producida en el hígado que se almacena en la vesícula biliar y que cuando comemos se libera en el intestino”. Su función es “permitir que se absorba la grasa y que algunos productos de deshecho del metabolismo del hígado como la bilirrubina, los ácidos biliares y otra serie de sustancias se eliminen por el tubo digestivo

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Infografía cedida por la Fundación Española del Aparato Digestivo

El páncreas también tiene un papel importante. Genera el jugo pancreático que, a través de un mecanismo muy complejo y donde intervienen muchos factores, lo que hace “es facilitar, a través de enzimas como la amilasa, la absorción de las proteínas y de los hidratos de carbono”.

Es un órgano tan importante que, cuando hay enfermedades pancreáticas, se puede llegar a producir desnutrición porque no se absorben correctamente los nutrientes por falta o mal funcionamiento del jugo pancreático.

Tanto el conducto biliar como el pancreático están al principio del intestino delgado. “Digamos que casi todas las sustancias que necesitamos para hacer la digestión las tenemos al principio del tubo digestivo, empezando por la boca, siguiendo por el estómago, y en las primeras porciones del intestino delgado”, explica la doctora.

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Una mujer entra en una réplica de 30 metros de longitud de un intestino humano en Dresde (Alemania). EFE/Ralf Hirschberger

“El intestino delgado nos sirve para absorber las distintas sustancias que ya hemos conseguido obtener durante la digestión, como los aminoácidos o la glucosa”, subraya.

Los elementos que llegan al intestino grueso son fundamentalmente elementos de deshecho: la fibra que no se absorbe, las sales biliares, etc. que van a formar las heces. Por tanto, la misión fundamental del intestino grueso “es la de propulsar las heces y la de ir absorbiendo todo el agua que ha ido acompañando la digestión y que se recupera en esta parte del aparato digestivo”.

Transporte y difusión

Aunque el intestino parece simplemente una tubería, no lo es. “La parte interna tiene lo que llamamos vellosidades, a través de las cuales los nutrientes pasan al torrente sanguíneo y a la circulación general”.

Después, comienza la absorción y metabolismo de los nutrientes que “se modifican y almacenan para tenerlos en situaciones en las que necesitemos reservas”, algo que ya no pertenece a la digestión y cuyo destino final es “dar de comer a las células“, explica la facultativa.

Si pedimos consejo a la doctora para cuidar y ayudar en lo posible a este complejo proceso que es la digestión, señala que la clave está en el equilibrio, siendo además muy importante algo tan simple como “la masticación, para que los alimentos lleguen triturados al estómago y facilitar el trabajo al jugo gástrico”. También es importante estar “bien hidratados, porque la saliva a fin de cuentas lo que tiene es agua”.

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