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Antibióticos por si acaso, no gracias

Los especialistas vienen avisando: si no se toman las medidas oportunas, la resistencia a los antibióticos puede costar 10 millones de vidas al año, a partir de 2050. España no se libra del problema y se sitúa entre los países que más antibióticos consume, y son muchas las veces que se toman por si acaso

Antibióticos por si acaso, no gracias
EFE/ JORGE MUÑIZ

Los primeros datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la vigilancia de la resistencia a los antibióticos indican que los niveles de resistencia a algunas infecciones bacterianas graves son elevados tanto en los países de ingresos altos como bajos.

El nuevo Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos de la Organización, denominado GLASS por sus siglas en inglés, ha revelado la presencia generalizada de resistencia a los antibióticos en muestras de 500.000 personas de 22 países en las que se sospechaban infecciones bacterianas.

Las bacterias resistentes más frecuentes son Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Staphylococcus aureus y Streptococcus pneumoniae, seguidas de Salmonella spp.

El Sistema no incluye datos sobre las resistencias de Mycobacterium tuberculosis, el bacilo que causa la tuberculosis.

España es uno de los países del mundo donde más antibióticos se consumen y los especialistas han vuelto a dar la voz de alarma: hay que reducir la toma de estos fármacos. No hay otra alternativa si se quiere salir de la actual situación sanitaria calificada de muy grave.

Infecciones severas

El gran consumo de antibióticos está provocando una situación sanitaria “muy grave” y ya hay pacientes en hospitales españoles y en otros países desarrollados con infecciones severas frente a las que no hay ningún antibiótico eficaz.

Así lo ha afirmado José Miguel Cisneros, director de la Unidad de Gestión Clínica Intercentros de Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla.

En un almuerzo con los medios en el que también participó Rafael Cantón, jefe de Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal; y Carlos Lens, subdirector general de Calidad de Medicamentos y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad, los especialistas manifestaron su preocupación por un futuro “nada halagüeño”.

Para Cisneros, que es además presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), se trata de una realidad “que ni siquiera podíamos imaginar en los años 90” donde se auguraba el final de las enfermedades infecciosas por unas bacterias, que hoy debido al elevado consumo de estos fármacos se han hecho multirresistentes.

Uno de los antibióticos de los que más abusamos y con un “impacto ecológico muy importante”, es decir que es más potente, es la amoxicilina clavulánico.

Su consumo en España es 40 veces mayor que en Alemania y supone el 50% del consumo de antibiótico en Atención Primaria.

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Imagen facilitada por el Centro de Investigación de Infecciones Helmhotz (Alemania), donde la cepa de una bacteria muestra resistencia a los antibióticos

El impacto ecológico, según Cisneros, es enorme porque este antibiótico cura si se tiene una neumonía por neumococo pero va a destruir una cantidad enorme de flora intestinal que protege al paciente y al destruirla aumenta el riesgo de que caiga enfermo en un futuro próximo por una bacteria resistente.

Según Cisneros nos encontramos en una situación “inesperada” que se ha instalado de forma progresiva y no ha llamado la atención como sí lo han hecho crisis como las del ébola, pero la magnitud que representa en muerte y sufrimiento “es incomparable, es más grave”.

Los tres especialistas citados han coincidido en señalar que toda la sociedad ha caído en el error de minusvalorar las bacterias y abusar de los antibióticos, pero también han dado un mensaje de esperanza al segurar que la situación es reversible si se consigue disminuir el uso de antibióticos, tanto en humanos como en animales, y si se recetan las dosis adecuadas.

Guerra biológica

El origen de la crisis, ha señalado este especialista, está en una “guerra biológica” donde las bacterias se han hecho resistentes a los antibióticos de forma más rápida que el ser humano ha desarrollado nuevos antibióticos.

En su opinión se han cometido más errores:

“Los antibióticos son tan buenos que hemos pensado que son inocuos y no se ha tenido en cuenta su impacto ecológico. Hay países, como los nórdicos, con una conciencia muy clara y nítida de que los antibióticos sólo se deben tomar cuando están indicados por prescripción médica”.

“No es el caso de España, que está a la cabeza del mundo en su consumo, y no hay razón climática, geográfica ni genética que lo justifique”.

España también está a la cabeza de Europa en incidencia por bacterias multirresistentes.

Lo positivo, indica el doctor Cisneros, es que el impacto ecológico de los antibióticos es reversible. “Si baja la presión antibiótica, bajan también las resistencias bacterianas, pero para ello los ciudadanos deben cambiar la cultura de la abundancia, y los profesionales, el chip para entender que los antibióticos no son inocuos y se están agotando”.

Para el  presidente de la SEIMC, también es básico que los médicos prescriptores aprendan a manejar mejor los antibióticos existentes con programas de optimización.

“El volumen de conocimiento que la Ciencia produce sobre los antibióticos es extraordinario y la formación continuada de un especialista dedicada a estos medicamentos es marginal. Ello justifica un uso inapropiado en todo el mundo, en España en particular, a lo que se suma la circunstancia local de que no exista la especialidad de enfermedades infecciosas, que son los especialistas en antibióticos”

Impacto económico

El impacto económico de este consumo ha sido destacado por el doctor Cantón, quien ha señalado que una infección por una bacteria multirresistente puede cuadruplicar los gastos de un paciente ingresado por una bacteria sensible a los antibióticos.

Cantón ha abogado porque los programas de uso racional de antibióticos, donde trabajan microbiólogos, infectólogos, intensivistas, preventivistas y médicos de Atención Primaria, “necesitan más recursos y el apoyo de la Administración”, así como las iniciativas de búsqueda de nuevos antibióticos, que hagan frente a la actual situación.

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¿Antibióticos por si acaso?

La racionalidad en el uso y consumo de estos fármacos también ha sido defendida por Carlos Lens: hay que evitar su uso “por complacencia” o “por si acaso”, ya que ese “por si acaso” ha tenido un gran impacto ecológico, y ha generado mayor probabilidad de que se produzcan resistencias.

Para Lens, autor del libro “Oleadas de esperanza”, una novela histórica con la investigación y el desarrollo de los fármacos antiinfecciosos durante el siglo XX como trasfondo, hay que encontrar el punto de equilibrio en el uso de los antibióticos, sabiendo que no existe el 100% de eficacia.

En su opinión, los antibióticos del futuro, “y ya del presente”, irán mucho más dirigidos contra cepas específicas y especialmente resistentes de microorganismos que causen problemas clínicos.

Los tres especialistas han participado en la jornada “Pasado, presente y futuro de los antibióticos”, un proyecto de resposabilidad social corporativa de la firma farmacéutica de Reig Jofre y la Fundación Isabel Gemio para las enfermedades raras.

España a la cabeza

Según los datos recogidos en el marco del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), en 2016 el consumo de estos fármacos en el ámbito de la atención primaria se situó en 22,32 dosis diarias por cada mil habitantes en la sanidad pública y 10,84 en el privado, lo que suma 33,16 dosis diarias.

La media de la UE es de 21,9 dosis y España es el segundo país europeo con mayor uso de estos fármacos por detrás de Grecia, cuyo consumo se sitúa por encima de las 36 dosis.

La mayoría de las recetas de antibióticos se producen en el ámbito de la sanidad pública -el 94 por ciento-, frente al 6 por ciento de la sanidad privada.

Los fármacos más usados son los antibióticos betalactámicos, entre los que se encuentra la amoxicilina, que se usan para tratar las infecciones de aparato respiratorio.

En el ámbito hospitalario, sin embargo, España se sitúa por debajo de la media europea.

En cuanto al uso de antibióticos en animales, en concreto de la colistina, un fármaco utilizado por el sector porcino y que había desarrollado resistencias en el uso humano, desde 2015 hasta el primer semestre de 2017 se ha registrado una bajada del 82,37 por ciento en el consumo de este fármaco en el sector porcino, según la misma fuente.

 

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