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Las maravillas anatómicas de la mano

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Cogemos la cuchara para tomar la sopa o pinchamos con el tenedor para llevarnos un pedazo de carne a la boca; agarramos la taza de café por el asa con dos dedos o pulsamos las teclas del móvil para escribir un mensaje de whatsapp; jugueteamos con las yemas de los dedos de la mano izquierda de nuestra pareja mientras nuestro dedo índice de la mano derecha se desliza cauto sobre sus labios…

La doctora Marta Guillén Vicente, traumatóloga especialista en miembro superior de la madrileña Clínica CEMTRO, nos habla de la maravillosa complejidad de las articulaciones de la mano, una parte anatómica del cuerpo humano que muchas veces está subestimada, hasta el punto de que algunos pacientes “se extrañan de tener que acudir a rehabilitación para recuperar la funcionalidad de un dedo después de un traumatismo”.

Las maravillas funcionales de las manos

Una mano está formada por 27 huesos: 14 falanges, 8 carpos y 5 metacarpianos, por los que se van insertando los tendones de los músculos flexores. En los dedos largos tenemos un flexor superficial y un flexor profundo; en el pulgar un flexor largo y un flexor corto.

Con las manos tocamos o manipulamos cuantas cosas nos rodean y la punta de los dedos contienen algunas de las zonas con más terminaciones nerviosas del cuerpo humano.

“La articulación de la mano se une con los huesos, músculos y tendones del antebrazo para realizar las acciones que necesitamos en nuestro día a día, funcionalidad que no tendría sentido si, a la vez, la mano no implicara el movimiento independiente de todos y cada uno de los dedos, incluso de sus diferentes partes óseas”, señala la doctora Marta Guillén.

Y todos estos movimientos se deben a las estructuras tendinosas, que pueden hacer flexiones superficiales, cuando solo se articula la interfalángica proximal, o una flexión de la interfalángica distal cuando la orden neuronal decide activar el flexor profundo.

“Con una simple exploración traumatológica se puede averiguar si una mano padece una lesión en alguno de sus tendones, ya sea en el flexor superficial o en el profundo, o en ambos. Las técnicas de diagnóstico por imagen son muy importantes, como para muchas otras lesiones músculo esqueléticas, pero nunca podrán sustituir a las sensaciones de una palpación”, destaca.

“Conocer a fondo la anatomía de las manos y sus dedos nos permite vislumbrar posibles lesiones y cómo vamos a tener que sanarlas con el fin de que recuperen su total funcionalidad sin perjudicar, incluso, a su presencia estética”, dice la doctora Guillén.

De hecho, cuando una mano presenta lesiones múltiples en ligamentos o tendones se pueden emplear técnicas reparadoras muy sorprendentes.

pulgar de la mano derecha-efe
La mano derecha de la Doctora Isabel Guillén. EFE/David Talles

“Al tener sobredimensionada la estructura orgánica de nuestras manos, en mi opinión, podemos prescindir del flexor superficial de un dedo para reparar su flexor profundo. Esta maravilla anatómica nos permite emplear nuestras habilidades como médicas traumatólogas”.

Otro ejemplo sería una lesión en el extensor largo del pulgar, que permite a este dedo estirarse por completo como si acabara de levantarse de la cama.

El pulgar lo usamos tanto para hacer pinza y doblar como para hacer movimientos rotacionales o de abducción y aducción, lo que le confiere cierta complejidad. La fuerza de la pinza se necesita para poder realizar muchas actividades de la vida diaria, como coger un vaso de agua.

“No es infrecuente que una fractura distal en el hueso del radio provoque, de paso, una lesión en el dedo pulgar: lo puede dejar doblado de forma permanente, sin su extensión natural”, expone.

“Como en las manos disponemos de tendones comunes para todos los dedos, usaremos la cirugía para emplear los servicios del extensor superficial del dedo índice, salvando su propia extensión, y devolver la función extensora completa al dedo pulgar”, explica la doctora Marta Guillén.

La clave de la traumatología está en el perfecto conocimiento anatómico y funcional del cuerpo humano, saber que va unido a la experiencia y al virtuosismo del especialista.

“Y es en las manos donde encuentro muchas de las maravillas biológicas que necesitamos para expresarnos: abiertas, cerradas, apoyadas, entrelazadas, gesticulantes, reposadas, acogedoras, trabajadoras, artesanas o amantes… sin manos no somos casi nada“, concluye.

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