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Afrontar la vida sin miedo tras un infarto

Daniel Guinea, un jubilado de 70 años, es un claro ejemplo de cómo se debe afrontar la vida sin miedo tras un infarto: ha sufrido dos episodios cardiovasculares, el primero cuando tenía 54 años y mientras mantenía una relación sexual con su actual mujer, lo que no le ha hecho renunciar al sexo

Afrontar la vida sin miedo tras un infarto
Daniel Guinea en una revisión de su corazón/Foto facilitada por el Hospital Clínico de Madrid

Todo esto lo cuenta Daniel, un paciente del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, con una sonrisa en la boca: “Sentí, mientras lo hacía, un dolor en el pecho. Se lo dije a mi pareja y nos fuimos corriendo al hospital”, cuenta este jubilado, que asegura que esta situación no le influyó en sus futuras relaciones.

“Después, ningún problema. Bueno, yo me decía, todo con calma”, relata Daniel, en el que influyó de forma determinante para su primer problema con el corazón su alto colesterol, casi 500 mg/dl, cosa que no sabía porque no se hacía regularmente análisis, pues con 54 años “estaba como un toro”.

Lo que sí conocía es que tenía la tensión alta -“llegue a tener hasta 18”-, un factor que también influyó de forma decisiva para la aparición de la enfermedad, por la que le operaron en un primer momento en el hospital Ramón y Cajal.

El segundo fue más reciente, hace cinco años, cuando le colocaron una prótesis aórtica en el Clínico San Carlos, donde ahora ha coincidido con su cirujano, el doctor Cobiella, del equipo de Luis Maroto, el jefe del Servicio de Cirugía Cardíaca.

Daniel apoya la Semana del Corazón

En la Semana del Corazón, Daniel ha acompañado a algunos periodistas a las dependencias de este hospital, donde le conocen médicos y enfermeras, como Mónica Pérez, quien le hace de cerca el seguimiento.

Cada tres meses, se pasa por el centro sanitario para controlar su patología, pero además ahora está participando en un protocolo de investigación sobre la hipertensión con pacientes cardiacos operados.

“Me gusta venir al hospital. Me tratan muy bien, da gusto venir a consulta, vengo encantado y me encuentro muy bien del corazón”, asegura Daniel, quien está convencido de que su trabajo no influyó de ninguna forma en la enfermedad.

“A mi no me estresaba el trabajo. Era conductor y lo fui antes y después de la enfermedad, porque yo no dejé de trabajar. Lo que me pasó fue por el colesterol”, incide este jubilado, quien de momento se olvida de que es ex fumador.

“Tampoco fumaba mucho; un paquete me duraba un día y medio”, dice Daniel, quien dejé con determinación el vicio.

La dieta, según el jubilado, tampoco influyó para su infarto, pero olvida, y luego admite, que le gustaba mucho el embutido.

El infarto no fue un golpe

“El infarto para mí no fue un golpe, porque me dijeron que operaban muy bien de corazón y el doctor me explicó que podía hacer mi vida normal, trabajar en lo que estaba haciendo”, exclama Guinea, quien desde su patología cardiaca toma once pastillas al día.

Dice que no le ha cambiado la vida, pero no fuma, ha dejado el embutido, sigue un tratamiento farmacológico -“antes no tomaba ni una pastilla”- y camina siete u ocho kilómetros todos los días.

“Cada persona -dice- es un mundo y a mí no me ha afectado para nada, otras personas se mueren del susto, pero esto no es para morirse del susto. Hay que tomarlo con tranquilidad y hacer caso al médico. Se puede vivir así”.

 

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