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Adolescentes, verano y medio ambiente

Recuperar el contacto de los adolescentes con la naturaleza “constituye por sí mismo uno de los retos sanitarios más importantes de la actuales y futuras generaciones”, asegura en un artículo para EFEsalud el doctor Juan Antonio Ortega García, del Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP), quien prevé que en la próxima década el contacto de niños y jóvenes con el medio ambiente “será mínimo” y a través de las redes sociales.

Adolescentes, verano y medio ambiente
EFE/SERGEY DOLZHENKO

El doctor Ortega García está especializado en pediatría ambiental y ejerce en la Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica, Servicio de Pediatria, del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia. Además, forma parte del Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Adolescentes, verano y medio ambiente

por Juan Antonio Ortega García

La palabra adolescente viene del verbo latino “adolecere” que significa: ad, hacia; olescer, crecer o desarrollarse. No tiene que ver con adolecer ni con ninguna dolencia, como suele mencionarse queriendo aludir a los conflictos propios de esta etapa.

Uno de los fenómenos producidos en el último medio siglo, especialmente visible en los periodos estivales, es que los adolescentes tratan menos con adultos y disminuye su contacto con la naturaleza. A partir de los años 50-60, con el aumento de la escolarización, se comienza a disponer de tiempo libre para formarse, equivocarse y crecer, y aparece la palabra ‘pandilla’.

Por primera vez en la historia, el tiempo que pasan con los adultos se reduce. La pandilla durante el verano reporta unas interacciones increíbles con sus pares. En los años 60-70 fue evolucionando el concepto y los jóvenes pasan gran parte del tiempo con la ‘peña’, la ‘tribu’, en la calle, en el bar o en el club.

En el momento actual, la familia empática se consolida y el ‘teen’ se encuentra muy bien en casa. Entiende que tiene que educarse para hacer futuro y comienza su consumo de ocio. La tecnología toma protagonismo y pasa cada vez más tiempo en solitario.

Nuestra previsión para 2020-2030: pasan más tiempo en casa, ya que Internet ofrece espacios, centros comerciales virtuales y redes sociales. Pasan muy poco tiempo con los adultos y la relación se virtualiza. Si ahora comparte entre un 10 y 25% con los adultos, pasará a ser menos del 5%. El contacto con el medio ambiente en todas sus formas será mínimo, y a través de la redes sociales.

De hecho, su ocio con frecuencia, incluso en verano, ya es muy tecnológico. Es un hecho: los niños y adolescentes de hoy disponen de menos tiempo para jugar al aire libre que sus padres cuando eran niños. Sobrecargados en la época escolar por los deberes y las actividades extraescolares se desplazan en automóvil y reparten su tiempo libre entre las consolas y los centros comerciales.

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El doctor Juan Antonio Ortega García, especialista en pediatría ambiental. Foto cedida

Y esto establece con frecuencia la necesidad de trasladarse en las vacaciones. Los niños españoles de 4 a 12 años pasan 990 horas anuales de media frente al televisor, el ordenador o los juegos electrónicos.

Hasta finales de los ochenta, jugar significaba ‘jugar fuera’. Hoy en día, el significado ha cambiado mucho, tendemos a imaginar a un adolescente solo, sentado en la habitación, frente a una pantalla. Los niños y adolescentes pasan más de 20 horas al día en espacios cerrados.

Los jóvenes de hoy tienen 400 amigos en Facebook o miles de seguidores en Instagram, pero con frecuencia ninguno para bajar o jugar al vóley en la playa. La falta de contacto directo con personas, animales, plantas y minerales se sustituye por una oferta creciente de realidad virtual. La naturaleza se ha convertido en un bien de consumo, una atracción turística, parece algo más abstracto que real.

Actualmente, la mayoría de los jóvenes apenas han tenido experiencias en el campo. Nunca han construido cabañas, ni han hecho colonias con pétalos de rosas, ni han dormido al raso en la playa…Pasan cada vez pasan más tiempo en espacios cerrados y con déficit de contacto con la naturaleza. Según datos obtenidos en las consultas de pediatría, solo uno de cada cuatro niños juega a diario al aire libre.

En la generación de sus padres eran tres de cada cuatro. El 85% usa el ordenador a diario y solo el 10% visita el parque diariamente. Algunos de los riesgos y problemas de salud derivados de la falta de contacto con la naturaleza alcanzan cifras epidémicas en la infancia y adolescencia.

Evidencias científicas crecientes: ambientes saludables, adolescentes saludables

De la misma forma que existen unos periodos críticos a lo largo del desarrollo fetal e infanto-juvenil, donde la exposición a tóxicos medioambientales determina efectos deletéreos en la salud, existen unos periodos del desarrollo durante los cuales el contacto con la naturaleza llena necesidades importantes para un adecuado desarrollo y una completa maduración infantil y del adolescente.

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EFE/Everett Kennedy Brown

Durante la mayor parte de la existencia, la humanidad ha estado incrustada en el medio natural. La conexión humana con la naturaleza se manifestaba desde el mismo momento en el que nacemos y, especialmente, a partir de la adolescencia.

La falta de contacto con la naturaleza es un factor clave en el incremento de obesidad, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, trastornos de conducta, de comportamiento, de atención, empeoramiento de las enfermedades crónicas, disminuye los niveles de vitamina D, aumenta la pérdida de audición y agudeza visual, mayor exposición a carcinógenos e incremento del estrés.

Las evidencias científicas son cada vez más numerosas. La mayoría de los estudios se refiere a cómo viajes programados, como los campamentos de verano, mejoran los perfiles clínicos y bioquímicos en la salud infanto-juvenil, más que al fenómeno, en general, del contacto con la naturaleza.

A pesar de las limitaciones metodológicas, numerosas investigaciones sugieren beneficios objetibables. Se ha estudiado mejor el efecto en la salud mental que en las condiciones somáticas, y aunque el beneficio se ha demostrado en el corto plazo es esperable que repercuta en la salud global y bienestar de la vida adulta de los individuos.

Se ha observado cómo estas experiencias de contacto con la naturaleza mejoran el control de enfermedades crónicas (diabetes, asma, obesidad, supervivientes de cáncer, etc.), contribuyen a prevenir la adicción al alcohol y a otras drogas, mejoran los resultados reproductivos y en el recién nacido, el rendimiento escolar y los tests cognitivos, incrementan la función pulmonar y los niveles de vitamina D y, finalmente, se ha visto un reducción significativa de las visitas al médico.

Quizá todo esto refleje hábitos de aprendizaje, preferencias por nuestro pasado, ecos de nuestros orígenes como criaturas de la naturaleza. Satisfacer estas preferencias puede ser una manera eficaz de fortalecer la salud de los adolescentes, más barata y libre de los efectos secundarios del uso de fármacos.

La mitad de los hogares en las grandes ciudades tienen mascotas. Numerosos estudios muestran que los animales domésticos son considerados miembros de la familia; los adolescentes les hablan como si fueran humanos, cargan sus fotografías en las redes sociales y, con frecuencia, comparten sus dormitorios con ellos. El 70% de los jóvenes confían plenamente en sus mascotas. La presencia de mascotas en el hogar disminuye el número de visitas al médico, el estrés y mejora la salud cardiovascular.

Los niños, adolescentes y adultos se sienten mejor cuando están rodeados de plantas. En asentamientos urbanos, los espacios verdes y jardines se han asociado a una amplia variedad de beneficios sociales. El concepto de que las plantas juegan un papel importante en la salud mental del adolescente ha sido aplicado en la terapia con horticultura.

Una forma de tratamiento basada en los presuntos beneficios terapéuticos de la jardinería. La terapia con horticultura para adolescentes se utiliza en programas comunitarios, de drogodependientes, discapacitados y de educación especial. El vivir en edificios rodeados de árboles se ha asociado entre los adolescentes a: a) niveles más altos de atención y mejor capacidad de respuesta a las situaciones de es-trés; b) niveles sustancialmente menores de agresión y violencia; y c) niveles más altos de auto-disciplina.

Los pediatras deberían preguntar más en las consultas sobre estos aspectos y fomentar los vínculos del niño/adolescente con el medio natural como vía para fortalecer su salud y contrarrestar/disminuir los efectos negativos de muchas exposiciones a tóxicos medioambientales. Recuperar el contacto con la madre naturaleza en todas sus formas constituye por sí mismo uno de los retos sanitarios más importantes para las actuales y futuras generaciones.

Bibliografía:

Ortega García JA, Cárceles Álvarez A, Vicente Calderón C. Trastorno por Déficit de Naturaleza. Urgencias en Pediatría. 2015; 1:2-3.

Ortega García JA, erris i Tortajada J, Sánchez-Solis M. Salud medioambiental del adolescente. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral, Eds: Hidalgo Vicario MI, Redondo Romero A, Castellano Barca G. Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, Madrid, 2º ed, 2012, l Pp 91-96

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