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Adelgazar ¿a costa del cerebro o del hígado?

Intentar eliminar unos kilos de más es una práctica bastante habitual que se acentúa con la llegada del buen tiempo, pero ¿a costa de qué? Algunas de las dietas que se proponen pueden afectar al funcionamiento del cerebro o del hígado

Adelgazar ¿a costa del cerebro o del hígado?
Foto Grupo Quirón.

La especialista en biología molecular Gabriela Brieba, investigadora de la Universidad de La Laguna (Tenerife), alerta de que algunas “dietas mágicas” que eliminan el pan y la pasta o aumentan el consumo de proteínas pueden dañar el cerebro y el hígado, ya que suponen un esfuerzo metabólico.

El cerebro se alimenta de glucosa, que contienen alimentos como el pan, los cereales o los productos lácteos, y si en sangre el ser humano no dispone de la cantidad suficiente de este glúcido, el organismo tiene que hacer un sobresfuerzo para llevar al cerebro la cantidad de glucosa que necesita para funcionar.

Brieba defiende que el cuerpo necesita de la glucosa para funcionar a nivel físico y mental, ya que si no, la capacidad mental y física se verá afectada y se pone en riesgo la función cerebral con el objetivo de bajar de peso.

Por ello, destaca la importancia de llevar a cabo una dieta adecuada y variada acompañada de buenas costumbres en las que se potencie el ejercicio físico, lo cual, resalta, “es más importante que contar las calorías”.

Algunos falsos mitos

Combo compuesto por cuatro fotografías de diferentes alimentos propios de la dieta mediterránea: frutas, legumbres, pescado y aceite de oliva
EFE

Una dieta tiene que ser variada para ingerir alimentos de todos los grupos nutricionales y adecuada a lo que el cuerpo tolera mejor para, por ejemplo, si hay alergia al huevo sustituirlo por otra proteína.

En contra de lo que de forma coloquial se pueda pensar, llevar una dieta vegetariana no es un plus, de hecho, asegura la bióloga, estas personas tienen que estar controladas por un dietista o médico, ya que corren el riesgo de no ingerir todos los aminoácidos esenciales, que se consiguen combinando legumbres y cereales.

Beber agua marina, es otra de las prácticas “aparentemente saludables” que para la investigadora universitaria es “una barbaridad”, pues consiste en consumir más sales de las que el cuerpo puede tolerar, lo que desemboca en un trabajo extra de eliminación de sales, además de deshidratación.

Otro de los mitos más escuchados, eliminar el pan y la pasta para adelgazar, es también “un disparate” según la especialista, pues el organismo necesita una dieta equilibrada para poder funcionar de forma correcta y el bajar de peso depende más de la rutina diaria y de las costumbres de vida.

El equilibrio es la clave, asevera Brieba, quien recomienda sacrificar el tiempo para ir al gimnasio y no la funcionalidad del hígado o el páncreas con dietas perjudiciales para la salud y con efecto “yoyó”.

Aumentar el gasto de calorías es, sin lugar a dudas, el método más efectivo para bajar de talla, aunque a corto plazo pueda resultar más efectivo cambiar la dieta.

“El único objetivo para hacer dieta no puede ser el estético”, resalta la investigadora, quien insiste en que la forma más efectiva de poder volver a usar esos pantalones en los que ya no entramos es hacer ejercicio de forma rutinaria y adaptada a la edad, a la constitución y, en definitiva, a la persona.

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