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¿Activa el ejercicio la grasa parda que quema calorías?

La actividad física regular nos ayuda a mantener o, incluso, a perder peso. Pero además, ahora una investigación de la Universidad de Granada intenta demostrar que el ejercicio puede activar el llamado tejido adiposo pardo, cuyo valor radica en que quema la grasa blanca que se genera con la energía extra de la ingesta

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¿Activa el ejercicio la grasa parda que quema calorías?
Un grupo de personas practica "running". EFE/Stringer

A cargo de este proyecto está Jonatan Ruiz, investigador Ramón y Cajal del Departamento de Educación Física y Deportiva en la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada, quien acaba de ser premiado por la Fundación AstraZéneca en la primera convocatoria de los Premios a Jóvenes Investigadores.

Jonatan Ruiz, investigador Ramón y Cajal del Departamento de Educación Física y Deportiva en la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada. Foto Universidad de Granada

“Cuando el tejido adiposo pardo se activa -explica el científico- consume glucosa y lípidos, evitando que se almacenen en el tejido adiposo blanco” o la grasa común, aquella que se localiza, por ejemplo, en el abdomen.

Hasta hace menos de una década, se creía que sólo los recién nacidos tenían grasa parda, un mecanismo que les ayuda a regular la temperatura corporal, pero que este tipo de tejido se perdía con el crecimiento.

Se ha comprobado, además, que el frío estimula el tejido adiposo pardo, “hasta el punto de que en revistas científicas como ‘Nature’ o ‘New England Journal of Medicine’ se promulga la idea de que las temperaturas de las viviendas no deberían superar los 18 grados centígrados para ayudar a nuestro organismo a estimular este tipo de grasa” y, por tanto, quemar más energía, apunta Jonatan Ruiz.

El descubrimiento de que los adultos también poseen grasa parda es bastante reciente y se produjo cuando los especialistas en Medicina Nuclear, al realizar la prueba por imagen PET-TAC para detectar tumores activos, observaron que al inyectar la glucosa marcada con un radiofármaco siempre se producían falsos positivos en la zona supraclavicular y paravertebral.

Y es que en esas zonas lo que había era grasa parda que, al igual que hace la célula tumoral, consumía la glucosa. Un aspecto que abre la posibilidad de que este tejido también sea un recurso para controlar la diabetes.

Algunas incógnitas

Sin embargo, todavía se desconoce por qué la grasa parda se localiza precisamente en la zona de las clavículas y entre las vertebras y tampoco está claro cuánto tejido de este tipo puede tener un adulto: hay investigaciones que apuntan a que puede variar entre 20 y 80 gramos.

Los estudios epidemiológicos asocian el tejido adiposo pardo con el peso corporal. Más sobrepeso u obesidad, menos grasa parda. Incluso, las mujeres tienen menos tejido “quemagrasa” que los hombres.

“Sin embargo, hay estudios en los que se ha extraído grasa blanca del paciente y se ha comprobado que se produce un fenómeno: transformación de grasa blanca en parda, lo que se conoce como tejido beige. Este proceso de transformación todavía no está muy claro, pero hace que se pueda incrementar la cantidad de tejido adiposo pardo”, indica el científico.

Los estimulantes de la grasa parda

Para estimular al tejido adiposo pardo se han descrito tres vías:

  • El sistema nervioso simpático, que se aviva cuando hace frío segregando catecolaminas lo que activa la grasa parda.
  • El corazón cuando late a un ritmo acelerado y con intensidad segrega hormonas conocidas como péptidos natriuréticos que también activan el tejido adiposo pardo.
  • Cuando el músculo se contrae segrega una serie de hormonas y, entre ellas, se descubrió la irisina que aumenta durante el ejercicio y tiene la capacidad de transformar la grasa común o blanca en parda. Y este adipocito transformado es lo que se ha denominado grasa beige.
El atleta jamaicano Usain Bolt. EFE/Filip Singer

 

Cuando hacemos ejercicio se podrían estimular las tres vías a la vez: el sistema nervioso simpático que segrega catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), también el corazón empieza a latir con intensidad para enviar sangre y oxígeno a todo el organismo y, además, se produce una contracción muscular.

“Por eso yo me planteo: ¿Es posible que el ejercicio sea el fármaco que active el tejido adiposo pardo e incluso que incremente su cantidad y también transforme la grasa blanca en tejido graso beige?”, se pregunta Jonatan Ruiz.

Esta es la hipótesis de la investigación de la Universidad de Granada que ya ha realizado el estudio piloto y que en septiembre comenzará el estudio principal, llamado ACTIBATE (Actibating Brown Adipose Tissue Through Exercise), y financiado por Ministerio de Economía y Competitividad, a través de Fondos de Investigación Sanitaria del Instituto de Salud Carlos III.

Cuenta con una muestra de 150 personas entre 18 y 25 años a los que se les mide el tejido adiposo pardo a través de un PET-TAC y después de seis meses de ejercicio controlado e individualizado se vuelve a comprobar si ha aumentado la actividad y la cantidad de la grasa parda. Además, se analizarán parámetros sanguíneos indicativos del perfil cardiovascular.

Grasa parda, una esperanza contra la obesidad

El tejido adiposo contiene numerosas mitocondrias (encargados de suministrar la mayor parte de la energía necesaria para la actividad celular) y, por ello, cuando se activa incrementa el gasto energético de forma significativa, y además quema parte de las calorías que se ingieren con la comida, lo que puede ayudar al control y pérdida de peso corporal.

Además, el tejido adiposo pardo juega un papel importante en el metabolismo de los triglicéridos y la glucosa que circulan en la sangre, por lo que podría servir para prevenir enfermedades cardiovasculares como la diabetes y la obesidad.

Por eso, si un organismo incrementa poco o poco ese gasto energético producido por la actividad del tejido adiposo pardo podría conseguir una pérdida progresiva de masa grasa.

El tejido adiposo marrón abre un potencial de posibilidades contra el sobrepeso y la obesidad que lleva a la industria farmacéutica a buscar un fármaco que active la grasa parda, pero eso sí, sin las consecuencias de los efectos secundarios. El investigador Jonatan Ruiz apunta que este fármaco podría ser el ejercicio.

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