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Informativo SEOM: nociones vitales sobre tumores cancerígenos

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La médica oncóloga, Aitana Calvo Ferrándiz, y el médico oncólogo, Guillermo de Velasco Oria de Rueda, secretari@s científic@s de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), aclaran algunos de los conceptos básicos que caracterizan a los tumores malignos, el cáncer; una enfermedad que causa el crecimiento patológico de las células de cualquier tejido corporal hasta desencadenar la invasión de otros órganos humanos, lo que denominamos metástasis.

El cáncer se genera por mutaciones o cambios en los genes que controlan el funcionamiento interno del ADN celular. Algunas de estas mutaciones genéticas pueden heredarse de nuestra familia, pero la mayoría de la casuística acredita que se deben a mutaciones esporádicas, que se producen por determinados tóxicos, como el tabaco o el alcohol, o por infecciones, como el papilomavirus.

Los cambios genéticos del tumor también evolucionan a lo largo de la enfermedad e incluso dentro de un mismo tumor, que no es un tejido homogéneo: puede haber células diferentes con mutaciones genéticas diferentes. Cuando hacemos una biopsia, esperamos que la muestra sea representativa, pero no siempre es así.

¿Qué es el cáncer?

La normalidad biológica enseña que las células del cuerpo crecen y se dividen para formar otras células a medida que el cuerpo las necesita. Cuando las células envejecen, o se dañan, mueren y son reemplazadas por células nuevas que cumplen su función sin mayores incidencias hasta finalizar, impertérritas, su vida útil.

Cuando este proceso se descontrola nos encontramos ante la enfermedad del cáncer. Las células comienzan a multiplicarse rápidamente y forman masas de tejidos o tumores (bultos, hinchazones con reflejo interior o exterior), en principio benignos, que no cumplen objetivo funcional alguno.

Los tumores benignos se extirpan y no vuelven a crecer. Si los tumores invaden otros tejidos se califican como malignos. Cuando esta anarquía biológica se fija en las células sanguíneas estaríamos frente a una leucemia.

Y si el cáncer no se detecta de forma precoz o el tumor maligno no se trata a tiempo, y continúa creciendo, algunas de sus células se pueden desplazar por la sangre o el sistema linfático… se implantan en otros tejidos y proliferan, a su vez, sin control, formando nuevos tumores, muchas veces alejados del tumor original, que se llaman tumores metástasicos.

Tras el diagnóstico de una neoplasia, una de las primeras tareas del médico oncólogo es determinar la etapa de desarrollo en la que se encuentra ese tumor. Para fijar el estadio se realizan diversas pruebas clínicas, que difieren en función del cáncer diagnosticado. Su clasificación resultará decisiva para ganar todas las batallas futuras contra el cáncer.

No solo ayuda a planificar el tratamiento y se usa para calcular el pronóstico, sino que permite señalar los estudios clínicos a los que podrá optar el paciente. Ofrece, además, una terminología común a los profesionales con la que evaluar y comparar los resultados con otros estudios tumorales relacionados.

Uno de los sistemas de estadificación es el TNM, aceptado por la mayoría de las organizaciones internacionales contra el cáncer, del que existen más de 100 tipos.

La sigla ‘T’ se basa en el tamaño o extensión del tumor primario; ‘N’ habla del grado de diseminación hacia los ganglios linfáticos cercanos; y ‘M’ indica la presencia de tumores secundarios o metástasis que se puedan haber formado por la diseminación de las células cancerosas a otras partes del cuerpo.

A cada letra se añadirá un número para indicar el grado de evolución. Por ejemplo, un cáncer de mama “T1N0M0” señala que es un tumor pequeño, que no se ha diseminado a los ganglios linfáticos y tampoco a otros órganos.

¿Qué es la metástasis?

La metástasis, de entrada, solo es un mal dato de la evolución de un tumor porque indica que las células cancerígenas se han extendido a otros órganos vitales. No implica un peor pronóstico de la enfermedad, ya que si el paciente recibe un tratamiento efectivo contra el cáncer primario la medicación debe ser igual de curativo frente al proceso metastásico.

Ejemplo: las células malignas del cáncer de mama migran por la sangre hasta el hígado. Se llama metástasis de mama en el hígado y no cáncer de hígado. Al observar estas células con el microscopio se comprueba que tienen el mismo aspecto que las células de la mama y que no son similares a las células del hígado.

Por eso, cuando se produce el estadio mestastásico, es fundamental, como regla general, administrar tratamientos sistémicos que lleguen vía sanguínea a todos los tejidos del organismo. Se lucha contra el tumor primario y su diseminación por todo el cuerpo humano.

A la vez, también se trata la enfermedad micrometastásica, es decir, la enfermedad microscópica que no podemos ver con técnicas convencionales como el TAC. De ahí la importancia de las biopsias líquidas y la secuenciación que se lleva a cabo con los análisis genómicos.

En ocasiones ocurre que desaparece el tumor primitivo, en la mama, en el pulmón o en el colon, y en otras pueden convivir los dos cánceres, el originario y la metástasis, de tal manera que el paciente recibirá tratamientos diferenciados para cada caso.

Hoy en día se puede determinar el riesgo de metástasis y el perfil genético molecular de un tumor, y por tanto, si el peligro es alto, se evita su extensión o se retrasa su aparición con quimioterapia adyuvante (destrucción de células residuales), un tratamiento preventivo: no hay metástasis, pero se presupone.

Más investigación contra el cáncer y su metástasis

No obstante, el cáncer es una enfermedad muy compleja y cada paciente tiene sus propias características. Por eso se está potenciando la medicina personalizada, en la que cada uno de ellos recibe el tratamiento más adecuado en función de las características de su tumor.

Los investigadores buscan diferencias específicas entre las células tumorales y las células normales. Esta información es la que se utiliza para diseñar terapias concretas para cada individuo: si un tumor tiene una mutación en un gen director se podrá diseñar un fármaco específico contra esa diana molecular alterada.

Aún así, las terapias dirigidas o la inmunoterapia no reemplazan a las terapias tradicionales. Los investigadores están de acuerdo en que lo adecuado es realizar una combinación de todas para obtener el mejor resultado. Por eso es imprescindible más investigación para describir mutaciones genéticas adicionales que ayuden a luchar contra más tipos de cáncer. Estas nuevas dianas servirán para tratar con mayor eficacia a los pacientes.

Los médicos oncólogos, Aitana Calvo y Guillermo de Velasco.
“L@s pacientes oncológic@s tienen, como es normal, un gran número de dudas sobre los diferentes aspectos su enfermedad. Es fundamental que pregunten a su médica o médico especialista para aclararlas cuanto antes”, destacan desde la SEOM. EFE/David Talles
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