La infancia representa una etapa decisiva en la construcción de patrones alimentarios duraderos. Sin embargo, en los últimos años se observa un progresivo desplazamiento de hábitos saludables, especialmente en momentos críticos como el desayuno y la merienda. Así lo constatan estudios recientes como el estudio ALADINO de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), el cual advierte que menos del 10 % de los menores en España consume un desayuno de alta calidad nutricional, o la investigación HABIMER Plus disponible en Dialnet, que alerta sobre la proliferación de productos ultraprocesados y azúcares añadidos en las ingestas vespertinas en detrimento de alimentos frescos. Ante esta realidad, el comedor escolar emerge como un espacio estratégico para revertir esta tendencia.