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Sin miedo a la enfermedad mental

Cada 10 de octubre se celebra el Día Internacional de la Salud Mental. La conmemoración, como tantas otras, implica la necesidad de seguir progresando no sólo en el conocimiento de las enfermedades mentales, sino también en su comprensión por parte de la sociedad en aras de minimizar el estigma que, desgraciadamente, suele estar presente y, en forma máxima, cuando se consideran enfermedades mentales graves y duraderas como la esquizofrenia. El psicólogo clínico Juan Jesús Muñoz García reflexiona en EFEsalud sobre este asunto a través de este artículo

Sin miedo a la enfermedad mental
EFE/Anindito Mukherjee

Juan Jesús Muñoz García es Doctor en Psicología y especialista en Psicología Clínica; ejerce como Coordinador de Rehabilitación del Área de Salud Mental del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos (Madrid).

El área comprende dos dispositivos sanitarios especializados en la Atención a la Enfermedad Mental Grave y Duradera, concretamente una Unidad de Hospitalización, Tratamiento y Rehabilitación así como una Unidad de Cuidados Psiquiátricos Prolongados.

A los más de 10 años de experiencia en la atención a este tipo de enfermedades mentales une una formación en el ámbito de la psicología legal y forense que permite compaginar la actividad clínica con la docente, impartiendo formación en diversos posgrados universitarios relacionados con el ámbito clínico-sanitario y forense.

Es autor de numerosas publicaciones de ámbito nacional e internacional tanto en libros como en revistas científicas.

A partir de su experiencia, Juan Jesús Muñoz nos acerca al mundo de la enfermedad mental en detrimento de los mitos y falsas creencias que enaltecen el estigma, miedo y rechazo hacia quienes padecen un trastorno mental.

Sin miedo (a la enfermedad mental)

Por Juan Jesús Muñoz García

Coloquialmente, hablar de enfermedad mental nos lleva a pensar en la locura y ésta nos genera miedo, causa inexorable, en la mayoría de las ocasiones, del rechazo, evitación o alejamiento de aquello que lo produce.

Pocas cosas dan más miedo que el desconocimiento de algo, si bien el conocimiento de sólo una parte de la realidad de un fenómeno puede incrementar la emocionalidad negativa hacia el mismo, suponiendo un ingrediente más añadido al estigma omnipresente cuando se habla de la enfermedad mental y, más concretamente, cuando se piensa en trastornos mentales graves como la esquizofrenia.

El 10 de octubre como Día Internacional de la Salud Mental supone un momento en el que se impulsa la visualización de la situación que presentan las personas aquejadas de una enfermedad mental así como su entorno socio-familiar.

Juan Jesús Muñoz García en su despacho/Foto facilitada por el Centro San Juan de Dios

La práctica totalidad de los medios de comunicación hablan en términos positivos o, al menos, paliativos de las mejoras en el tratamiento y rehabilitación de quienes padecen estas enfermedades. Quizá pase como con otros días internacionales que, por desgracia, no suelen ser más que eso, un día y nada más.

Salud mental y empleo

Este año, la Confederación Salud Mental España ha propuesto como lema “Trabajar sin máscaras. Emplear sin barreras”, aludiendo a la empleabilidad de quien padece estas afecciones e intentado minimizar el posible rechazo de los empresarios potencialmente contratantes.

Quizá no somos capaces de entender que las personas con una enfermedad como la esquizofrenia, dependiendo del nivel de formación y grado de experiencia laboral, pueden acceder a cualquier tipo de trabajo y que, en función de sus intereses y competencia laboral, no están ni mucho menos inhabilitados para desempeñar ocupaciones que les permitan desarrollar una vida autónoma y normalizada.

Esquizofrenia

Peor aún es el desconocimiento de no sólo los tratamientos médicos, sino también los psicosociales, que cada vez son más eficaces en su lucha contra los efectos de la esquizofrenia.

Puede ser que pensemos que las personas que padecen esquizofrenia siempre han de tener un menoscabo y/o discapacidad intelectual (aunque hay afectación de funciones como la atención o la memoria, lo cierto es que la inteligencia, como tal, suele aparecer bien conservada) o que, con frecuencia son personas agresivas y violentas (sólo un 10% de la violencia social experimentada se puede atribuir a una violencia con implicación de la enfermedad mental).

Pero qué sabemos de las consecuencias de la esquizofrenia cuando no estamos inmersos como personas afectadas, como familiares o como personal socio-sanitario.

Un miembro del grupo de teatro argentino "Fuerza Bruta". Efesalud.com
EFE/SEBASTIAN KAHNERT

A lo sumo nos habrá llegado la idea de una posible ruptura con la realidad pero no vemos que esa fractura implica una reinterpretación del mundo que rodea a la persona con esquizofrenia quien, atrapada por las alucinaciones, busca un sentido, aunque sea desde lo irracional, para los hechos que suceden a su alrededor.

Sus actitudes, emociones, comportamientos, pensamiento, y lenguaje estarán afectados lo que hará que veamos y atribuyamos diferencias que, en muchas ocasiones, se convierten en rechazo o estigma. Quizá muchas veces olvidamos que una de las principales virtudes del ser humano es la posibilidad de empatizar y/o ponernos en el lugar del otro. No hay mejor práctica ni mayor beneficio que ayudar a mitigar el sufrimiento de los demás.

Es aquí donde me surge hablar de recomendar tolerancia y soslayar el rechazo a aquello que nos es desconocido o diferente. La asunción de las diferencias de los demás nos enriquece y ayudar a mitigar el estigma hacia la enfermedad mental ya que cuando respetamos al otro logramos el respeto de los demás.

Proyecto REULE

Gracias al trabajo desempeñado en el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos donde hace nueve años pusimos en marcha el Proyecto REULE (rehabilitación en unidades de larga estancia), que supuso la potenciación de un modelo de trabajo centrado en la persona y en su reintegración en la comunidad, he tenido la posibilidad de conocer historias de intenso sufrimiento vital que han tenido un hermoso final, algo imborrable en mi recuerdo.

Aquellas que no han tenido un final feliz son una oportunidad de mejorar en el futuro la atención hacia la enfermedad mental, aprendiendo a minimizar los factores que motivaron un posible fracaso terapéutico.

(Acompaña a la crónica CIENCIA CEREBRO) CUL23. LONDRES, 27/03/2012.- Imagen facilitada por el museo Wellcome Collection de una de las representaciónes de un cerebro que reúne la exposición “Cerebros: la mente como materia”, que plantea los misterios de ese órgano único, que no se puede trasplantar y que rige todas las acciones y emociones humanas. EFE/SÓLO USO EDITORIAL

Tras el estigma, el sufrimiento derivado de la enfermedad, los años de terapias y fármacos…, surge una nueva vida completamente natural y dejando de lado el sufrimiento psíquico. Querría recomendar que eliminemos de nuestro vocabulario palabras como loco, que no cambiásemos nuestra actitud hacia el rechazo o miedo ante alguien si sabemos que tiene una enfermedad mental, que lejos de hacer hincapié en las dificultades de cualquier persona afectada objetivásemos sus virtudes y que, en definitiva, mostrásemos solidaridad.

Que todos los días sean 10 de octubre

Hagamos que todos los días sean un 10 de octubre y, por tanto, eliminemos todas las barreras tanto sociales como personales que dificultan la integración de cualquier persona aquejada de una enfermedad mental. Ese ha de ser el reto de una sociedad madura compuesta por personas solidarias. Todos seremos los beneficiarios de esa sociedad que comprende e integra la enfermedad mental como cualquier otra afección y que trata a las personas que la padecen como ciudadanos de pleno derecho.

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