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Ocho de cada 10 personas con problemas de salud mental no tienen empleo

Hoy 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, un evento que este año celebra su 25 aniversario. En este día es fundamental hacer frente a la desinformación, la falta de conocimiento ante estos trastornos y los grandes mitos infundados y erróneos que los acompañan. Este año, las barreras que se quieren romper con mayor intensidad son las del empleo. El lema, ‘Trabajar sin máscaras. Emplear sin barreras’

Ocho de cada 10 personas con problemas de salud mental no tienen empleo

Un problema de salud mental no tiene por qué ser un impedimento para obtener un empleo, sin embargo un 84% de las personas que lo padecen se encuentran en situación de desempleo debido a los prejuicios sociales que aún mantienen muchos empresarios y administraciones a la hora de contratarlas o mantenerlas en sus funciones.

Ello, sumado a las grandes diferencias salariales que padecen las personas aquejadas de problemas de salud mental, ya que de promedio cobran entre un 15% y un 20% menos con respecto a las personas sin discapacidad.

La Confederación Salud Mental España, como representante estatal de más de 300 asociaciones de personas con problemas de salud mental y sus familiares y allegados, conmemora esta fecha con el lema ‘Trabajar sin máscaras. Emplear sin barreras’, a partir del tema propuesto por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH).

Según explica el presidente de la Confederación Salud Mental España, Nel González, este año las barreras que se quieren romper son las de tejido empresarial para fomentar la contratación y las que impiden que estas personas puedan realizar su trabajo “sin máscaras”, es decir, hablar de su enfermedad con naturalidad.

La baja inserción laboral de las personas con problemas de salud mental es una de las principales barreras para su integración social y su recuperación. Por ello, denuncian que “un problema de salud mental no tiene por qué ser un impedimento para obtener un empleo”.

“El objetivo es sensibilizar a la administración pública, organizaciones, empleadores y profesionales para que se posibilite el derecho de las personas con problemas de salud mental a acceder y mantener el empleo”, destaca el movimiento asociativo.

“Un problema de salud mental no me hace diferente”

El empleo, en el caso de las personas con problemas de salud mental “es una vía fundamental para lograr la recuperación y la autonomía, y además facilita que se sustituya el rol de enferma por el rol de trabajadora“, declaran.

En este sentido, se considera que entre el 11% y el 27% de los problemas de salud mental se pueden atribuir a las condiciones de trabajo. Además, el coste directo de estos trastornos, en concreto, osciló entre 150 y 372 millones de euros ya en 2010.

Según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, 4 de cada 10 trabajadores y trabajadoras piensa que el estrés no se gestiona adecuadamente en su lugar de trabajo y se estima que entre el 50 y el 60% de las jornadas de trabajo perdidas se atribuyen al estrés relacionado con el trabajo.

Por otra parte, la presidenta del Congreso de los Diputados y ex ministra de Sanidad, Ana Pastor, manifestó ayer la necesidad de trabajar en la inserción real de las personas con problemas de salud mental. Así, durante el acto de proclamación de este día mundial en el Parlamento, Pastor señaló que “hay que actualizar la cartera básica de servicios en materia de salud mental”.

En este acto, organizado por Salud Mental España, Ana Pastor recordó que “el trabajo es el mejor mecanismo de inclusión que tenemos, es fuente de riqueza personal y de independencia. Vamos a romper barreras y a quitarnos las máscaras”.

En esta línea, Nel González también ha reclamado que “la salud mental debe ser un asunto de prioridad en la agenda pública y política”. Y, ha añadido que “tendemos nuestra mano” para la puesta en marcha de medidas enfocadas a dar respuesta a las reivindicaciones del colectivo con problemas de salud mental.

“Mis problemas de salud mental no me definen”

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Isabel tiene claro que las crisis o brotes psicóticos que ha podido sufrir en un momento dado por su enfermedad no la definen como persona, que éstos se tratan con medicamentos o con otros apoyos y que puede hacer una vida equilibrada, en la que el trabajo es el camino hacia la normalización.

Recientemente ha tenido dos empleos, como operaria de limpieza y como formadora de costura a un grupo de mujeres en riesgo de exclusión.

“Me ha hecho mucho ilusión que hayan confiado en mí porque por fin he podido demostrar todas mis habilidades y destrezas, mis capacidades.

No sentía ni que era trabajo, era como un bienestar, me sentía muy a gusto, no me condicionaba mi enfermedad. He sentido que todo fluía”, comenta.

Las asociaciones tienen una labor destacada en este salto al mercado laboral porque les abren sus puertas con talleres ocupacionales, sirviéndoles de puente con las empresas, enviando currículums…

A Isabel el trabajo le llegó así, lo que le ha permitido encontrarse con ambientes no hostiles. No tenía que ocultar su enfermedad, hablaba abiertamente con sus compañeros de ello, algo “muy bueno” para ella.

“Sirve para aclarar las ideas también de los demás porque a muchos cuando les he explicado lo que me pasaba me han comentado ‘pues pensaba que esto no era así, gracias, me has educado y ayudado a ver que la diferencia no es tan grande y a desmitificar ideas erróneas'”.

El presidente de la Confederación de Salud Mental lo deja claro: “Una persona con esquizofrenia trabaja perfectamente después de afinar los desajustes”, una afirmación que tiene que calar en el empresariado porque en España hay más de un millón de personas con problemas de salud mental grave, de los que 400.000 sufren esquizofrenia y trastornos bipolares.

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EFE/Chema Moya

Mercedes cayó en una depresión muy profunda. Estaba todo el día, según cuenta, “encamada” y pasó meses sin salir de casa.

Hasta los 32 años había llevado una vida “normal” y hace dos salió del agujero gracias a la ayuda de su psiquiatra que un día le dijo: “sí o sí mañana tienes que hacer voluntariado, ir a una asociación, a cursos, pero ¡sal de la cama ya!”.

Cuando reaccionó, sacó toda la fuerza que había retenido, acudió a una asociación y se apuntó a un taller ocupacional. Contaba gotas para una farmacéutica y, como a ella le gustan las manualidades, eso le servía para descargar el runrún de su cabeza.

Se volcaron con ella, empezaron a trabajar con su currículum -ella había trabajado antes como técnico superior de salud ambiental-, comenzó a manejar habilidades laborales, como la puntualidad, la productividad y la presión.

“El ‘no puedo’ -explica- lo convertí en ‘ya estoy aquí’. He hecho un trabajo enorme en hacer valer mis capacidades”.

Ha estado trabajando seis meses en un centro especial de empleo, con personas que tienen distintas discapacidades y le acaban de renovar.

No ha atravesado ninguna crisis en el trabajo: “solo un día la semana pasada que tuve un episodio de angustia y ansiedad, pero se lo comenté al encargado y me dejaron un espacio para que pudiera respirar y tranquilizarme. Se me permitió ese agobio”.

Muchos otros, como Mercedes e Isabel, necesitan una oportunidad para demostrar sus capacidades, para realizarse, para mejorar esta sociedad porque, subraya Isabel, “todos somos necesarios”.

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