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¿Qué paciente de farmacia eres?

El pensionista, la madre primeriza, el ladrón, el cotilla, la paciente beata, la beauty… estos son los perfiles del catálogo que Marián García ha recogido tras años de experiencia como farmacéutica. Nos cuenta además algunas patadas que damos al vademécum y una clasificación de farmacéuticos que seguro nos han atendido en alguna de nuestras visitas a la botica

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¿Qué paciente de farmacia eres?
EFE/Barriopedro

Podemos ir a la farmacia y que nos atienda la farmapija, el farmadinosaurio, el farmaserio o el farmarural. Podemos escuchar (o pedir) un frenadolor en vez de Frenadol, una solución supersónica en vez de isotónica, pastillas Manoli por pastillas Juanola, Don Perignon en vez de Domperidona o un auto res en vez de Aero-Red.

Así lo recoge en su divertido libro “El paciente impaciente y otras anécdotas de la Boticaria García” (esfera) Marián García, Doctora en Farmacia, nutricionista y óptica que, desde su propia experiencia, ha hecho una radiografía sociológica sobre los distintos personajes que entran en las farmacias de España.

Si le preguntamos por la mejor anécdota, nos cuenta el día que una señora se comió supositorios “porque en la caja pone vía rectal y lo mas recto es por la boca”. O el señor que se tomó 24 pastillas en un día “porque el médico le dijo vía oral y él entendió que era cada hora”.

Aunque de todas las anécdotas que ha vivido desde el mostrador de su farmacia y la de sus padres (porque Marián es farmacéutica casi de nacimiento), una le impactó especialmente.

“Cuando tenía 14 años una madre vino con su hija a la farmacia del médico, le dieron unos sobres de toallitas para limpiarse las manos y la niña decía que sabía a Nenuco”. El doctor se equivocó y en vez de darle el medicamento le dio toallitas de propaganda, y al estar tan conseguido el formato medicamento, la madre intentó que la hija se “tomara la medicina” incluso haciéndole un bocadillo de toallitas… al final la sufrida niña tenía razón: sabía a colonia porque era colonia.

Catálogo de pacientes

La farmacéutica recoge en su libro 37 tipos de pacientes obedeciendo a los patrones que ha ido viviendo desde su experiencia.. ¿Los más comunes? El paciente jubilado y la paciente madre:

♦ El paciente pensionista: La boticaria explica que “el perfil del jubilado, polimedicado, es de los que más vienen porque necesitan más medicinas”. Además, “hay muchos jubilados que no hacen nada y entonces vienen y se sientan, son los pacientes habituales”. Otros pacientes habituales son los enamorados, “como el cartero que viene a ver a una compañera e incluso se guarda cartas de publicidad para poder venir los sábados”. O “las ‘Azúcar Moreno’, dos hermanas que vienen todos los días como quien va a comprar el pan”.

Fotografía de Marián García en su farmacia, posando con su libro "El paciente impaciente y otras anécdotas de la Boticaria García".
Marián García/ Imagen cedida por Marián

♦ La paciente madre: son las que por edad no suelen necesitar medicamentos para ellas pero sí para sus hijos, pues los niños se ponen constantemente enfermos.

♦ La paciente beauty: “la de las cremas, obsesionada con la cosmética. Lo prueba todo, quiere muestras y lo último que ha salido”, explica la boticaria.

♦ El paciente asesino: aunque pueda impactar, estos pacientes también existen. Marián explica que el personaje del libro es una señora que estuvo durante un año durmiendo en una silla del hospital cuidando a su marido y “decidió que quería matar a su marido y lo intentó, lo tiró en silla de ruedas al río”. Para nuestra tranquilidad, fue fruto de un ataque de ansiedad y consiguieron pararla a tiempo.

♦ El paciente cotilla: típico en los pueblos pero también en las ciudades. La boticaria cuenta que tienen una señora que les acompaña en las guardias pasando el rato en un bar cercano y preguntando qué se ha llevado quien va entrando en la farmacia. A veces, se pasan unos límites que han llevado a García a “tener conversaciones con esta gente”.

♦ Pacientes beatas: es decir, las que van a la Iglesia y dejan la compra en la farmacia “para no cargar con ella”, llegando a pedir que cierren un poquito más tarde para que les de tiempo de recogerla.

El paciente Google: con Internet “los sanitarios estamos perdiendo un poco la parcela de la credibilidad, la gente viene y pide cosas porque las ha leído en un foro, en cualquier web”, subraya Marián. Consultamos en Internet y además damos mucha credibilidad a lo que leemos. Es el motivo por el que decidió abrir su blog “Boticaria García”, con más de 200 mil visitas mensuales.

El padre de los recados: al que su mujer le encarga cosas y él nunca sabe si llevárselo o no porque no está seguro de lo que tiene que comprar.

Cuando vamos a la farmacia parece impensable que todas estas historias, personas y situaciones puedan sucederse en ese espacio pulcro y ordenado en el que se venden medicinas. Pero Marián García apunta que “es un lugar de encuentro, hay una farmacia en cada esquina, estamos todo el día y no hay que pedir hora” y que eso hace que “se genere una confianza que es lo bonito de la profesión“.

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