Inicio / Nutrición / “Haya luz, y hubo luz”, artículo del nutricionista José María Ordovás

“Haya luz, y hubo luz”, artículo del nutricionista José María Ordovás

José María Ordovás, uno de los expertos internacionales en nutrigenética, escribe un artículo para EFEsalud en el que habla del reloj biológico que regula nuestro organismo. “A la hora de comer saludablemente no solo es importante el qué y el cuánto comemos, sino también cuándo lo hacemos”, apunta el director de Nutrición y Genómica de USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts de Boston (Estados Unidos).

Array ( [0] => 105184 )
“Haya luz, y hubo luz”, artículo del nutricionista José María Ordovás
José María Ordovás, experto internacional en nutrigenómica. Foto cedida

José María Ordovás es, entre otras responsabilidades, investigador colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y en el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados de la Alimentación (IMDEA). Es autor del libro “La nueva ciencia del bienestar” (Ed.Drakontos).

“Haya luz y hubo luz”

Por José María Ordovás

Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche.” Esta frase marca el principio de la sinfonía que ha definido por miles de millones de años el ritmo de todos los seres vivos sobre la tierra.

Para unos su actuación tiene lugar por la noche (oscuridad), para otros, como es nuestro caso, por el día (luz). La orquestación de nuestros días y nuestras noches está dirigida por nuestro reloj biológico, cuyas “saetas” marcan el ritmo circadiano definido desde el principio de los tiempos por el alba y el ocaso resultado de la rotación de la Tierra.

Ese reloj marca nuestra actividad diurna y nocturna y nuestra biología cambiante a lo largo de las 24 horas. Define cuándo nos despertamos y cuándo nos dormimos, cuando tenemos nuestro pico de actividad física o de actividad mental, regula nuestra presión arterial y nuestra temperatura. En resumen toda nuestra fisiología.

Es importante además hacer énfasis en que los seres humanos tenemos el reloj central en el cerebro, pero también relojes periféricos en cada órgano que permiten la coordinación de todas las actividades biológicas de nuestro organismo.

Esta armonía entre el ser humano y el entorno astral comenzó a romperse hace mas de un millón de años cuando nuestros antepasados aprendieron a domesticar y hacer uso del fuego, marcando así el principio de la revolución tecnológica de mayor importancia en la historia del ser humano. Quizá con un impacto mayor que las que hemos vivido en las generaciones mas recientes.

Con el fuego empezó el cambio

ordovás y el fuego
EFE/TATYANA ZENKOVICH

El uso del fuego nos hizo únicos entre las especies animales y nos permitió controlar y cambiar nuestro ambiente. El fuego nos proporcionó el calor necesario para vivir de manera más confortable e incluso para sobrevivir en lugares previamente inhóspitos.

Además el fuego dio a los humanos el poder de decidir “haya luz, y hubo luz” y esa luz dejó de estar definida exclusivamente por un ritmo astronómico para convertirse en algo controlable por el ser humano.

Relevante para esta historia es el hecho de que el fuego dio origen al cocinado de los alimentos y con ello a otra revolución, esta vez de nuestra alimentación, y que fue determinante para que convertirnos en homo sapiens sapiens.

Con el fuego aumentamos la digestibilidad de las carnes, pero además nos permitió añadir a nuestra “despensa” productos anteriormente indigeribles o incluso venenosos (como las patatas, judías, mandioca, ruibarbo, etc.) .

Pudimos también dedicar menos tiempo a comer y digerir y más a otras actividades mas intelectuales y sociales.

El lado oscuro de la luz

Todos los cambios enumerados hasta ahora como resultado de la domesticación del fuego parecen positivos para nuestra especie y se hicieron más marcados y fáciles todavía con la llegada, en tiempos mas contemporáneos, de la luz eléctrica.

Paradójicamente, el fuego y la luz eléctrica también aportaron un lado “oscuro”. La sociedad actual está inmersa en luz, sin importar que astronómicamente sea día o noche, lo cual ha creado una disonancia entre lo que nuestro organismo percibe externamente y los ritmos naturales programados en nuestro reloj biológico.

Como resultado de esta contaminación lumínica ya no hace falta viajar de un continente a otro para tener jet lag. Vivimos continuamente en un jet lag social que esta afectando nuestra bienestar diario y también el riesgo de obesidad y otras enfermedades crónicas tal como las cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y los trastornos del comportamiento.

La obesidad

Con respecto a la obesidad, el dogma tradicional ha sido que se ha tratado del producto de un simple problema de balance de energía. Es decir el resultado del desequilibrio entre lo que comemos y lo que gastamos.

Sin embargo, la obesidad es mucho mas compleja y una gran cantidad de factores influyen en el desarrollo de la misma, así como en la capacidad de cada individuo de perder peso al seguir una dieta.

Algunos de estos factores son genéticos, pero otros están relacionados precisamente con la desincronización de nuestro ritmo circadiano.

La evidencia científica actual nos demuestra que, paradójicamente, el riesgo de obesidad aumenta cuanto menos dormimos. Pero además de las horas de sueño también influye cuándo lo hacemos.

ordovás y obesidad
EFE/EPA/Bonhams

En nuestras relaciones familiares, profesionales o amistosas nos encontramos con individuos que son claramente “alondras” (mañaneros) y otros que son “búhos” (vespertinos). La pertenencia a un grupo u otro viene definida principalmente por nuestra genética.

A ese respecto, la investigación actual da la razón a nuestro refrán de que “a quien madruga Dios le ayuda”, porque son los mañaneros los que parecen tener unos hábitos nutricionales y un reparto de comidas mas conducentes a mantener la salud que los vespertinos. La ciencia también parece apoyar ese otro refrán que aconsejaba el “desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo.”

Por lo tanto a la hora de comer saludablemente, no solo es importante el qué y el cuánto comemos sino también, cuándo lo hacemos.

Por ejemplo, la profesora Marta Garaulet, en Murcia, ha demostrado que los resultados de un programa de pérdida de peso son mejores cuando los participantes comen antes de las tres de la tarde que cuando lo hacen después de esa hora, a pesar de que el consumo de alimentos sea el mismo y que el efecto se magnifica en aquellos que tienen determinadas formas de los genes que intervienen en la maquinaria de nuestro reloj biológico.

Hoy en día se habla de la nutrición personalizada basada en el genoma, también conocida como nutrigenetica o nutrigenomica.

Es muy probable que en al futuro podremos seguir una dieta optimizada para nuestro genoma, pero como indicaba anteriormente, no solo incluirá cuales son los alimentos mas apropiados para nuestro genoma, sino también cuándo consumirlos para producir el mayor beneficio.

Además, no nos extrañemos de que la “prescripción facultativa” para perder peso o para mantener una mejor salud también incluya una “receta” con una hora más de sueño cada día. Algo que no creo que muchos piensen que sea un amarga medicina.

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies