ENFERMEDADES RARAS

Los cannabinoides, una puerta abierta para tratar las enfermedades raras

Aunque resulte llamativo, los cannabinoides poseen un potencial terapéutico en pleno despegue que puede convertirse en un coadyuvante para tratar las enfermedades raras. El cannabidiol (CBD) ya es una sustancia que reduce las convulsiones en los niños con síndrome de West

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Cannabinoides. EFE/LUIS EDUARDO NORIEGACannabinoides. EFE/LUIS EDUARDO NORIEGA

Sobre este tema ha girado uno de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid celebrado estos días en San Lorenzo del Escorial, donde se ha analizado el uso de los cannabinoides para el tratamiento de enfermedades raras.

El curso fue dirigido y presentado por Javier Fernández, miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC) y de la Sociedad Internacional por el Cannabis como Medicamento (IACM),  y participaron entre otros ponentes, el director del CIBER de Enfermedades Raras, Francesc Palau, y el jefe de Neonatología del Hospital Clínico San Carlos, José Martínez-Orgado.

En general, los recursos terapéuticos son escasos y poco eficaces en determinadas enfermedades por lo que se están planteando ya diversos ensayos clínicos con el cannabinoides.

El prefijo de esta palabra no engaña, así que llamemos a las cosas por su nombre, estos componentes proceden de la planta cannabis.

Según la Fundación Canná, los fitocannabinoides hacen referencia a una clase de compuestos caracterizados por 21 átomos de carbono que aparecen únicamente en la naturaleza en la especie cannabis sativa L.

La principal conclusión de este encuentro fue que el sistema cannabinoide modula la liberación de transmisores por lo que el cannabidiol tiene un efecto anticonvulsionante, antioxidante y antiinflamatorio. Se constituye como una diana de antiepilépticos.

Según Javier Fernández, han tenido que pasar 60 años hasta que se ha podido conocer la acción de los fitocannabinoides en nuevas terapias en enfermedades específicas.

La aplicación del cannabidiol en el síndrome de West

Aunque ahora se las suele denominar como enfermedades poco frecuentes, Francesc Palau, prefiere denominarlas como enfermedades raras. Según él, para considerarlas como tales hay que tener en cuenta que las padecen alrededor de 5 de cada 10.000 personas y son crónicas e invalidantes.

Según el director del CIBER, las enfermedades raras suelen tener, en la mayoría de los casos, un origen genético. De hecho, añadió, “aparecen casi siempre en la edad pediátrica (en un 80% de los casos) y tienen una alta tasa de morbi-mortalidad”.

EFE/Kai Försterling

El neonatólogo José Martínez-Orgado, en el curso de verano, hizo referencia a una carta publicada en 1841 en la revista médica The Lancet. El autor era el doctor West y hablaba del caso de un niño que al cumplir los cuatro meses daba cabeceos y flexionaba su cuerpo entre 10 y 20 veces en cada ataque que sufría.

Estos ataques duraban unos dos o tres minutos. Al poco tiempo, este niño murió. Era su hijo y de ahí surgió la denominación del síndrome de West.

El síndrome de West es una epilepsia acompañada de espasmos infantiles, hipsarritmia y, en algunas ocasiones, un retraso o detención en el desarrollo psicomotor.

Como la sociedad ya sabe que el cannabidiol puede servir de gran ayuda para algunas enfermedades, muchos padres se adelantan a las terapias y a los fármacos y administran a sus hijos CBD con un THC -la sustancia prohibida- del 0,5 cuando esta actuación, además de ilegal, no es la correcta para tratarlo, señaló el neonatólogo.

No obstante, la automedicación ha aportado información muy importante para los expertos en esta materia.

Según Martínez-Orgado existen dos grupos de síndromes de West:

  • Sintomático: Un 60-70% suele ser de este tipo. Hay que dar mucha importancia a las esclerosis tuberosas -un trastorno genético raro que causa el crecimiento de tumores no cancerosos en el cerebro y otros órganos- porque puede desembocar en un síndrome de West.
  • Criptogenético: Los casos son menores (en torno a un 10-40% de los casos). Crecen el número de genes que se asocian a este síndrome.

Control de las encelopatías epilépticas

Si no se controla esta enfermedad, las encelopatías epilépticas pueden dañar seriamente al paciente. Estos son algunos de los tratamientos ya utilizados en este síndrome:

  • ACTH: Hormona del cerebro que produce corticoides. En el 60% de los casos es eficaz con las convulsiones, aunque existe un 30% de personas que pueden recaer. También tienen efectos secundarios complicados como las infecciones.
  • Vigabatrina: Es un antiepiléptico. A veces es eficaz con la esclerosis tuberosa pero en otros casos no. En algunas ocasiones afecta a la visión.
  • Inhibidores del mTor.
  • Dieta cetogénica: Basada en poco hidrato de carbono y mucha proteína. Mejora pero no queda claro si sirve para el West.
  • Cirugía: Dudosa eficacia.

Otros usos del cannabinoides

Javier Fernández recordó que no es la primera vez que se utilizan cannabinoides para el tratamiento de enfermedades:

  • Marinol y Cesamet: Indicado para inhibir los vómitos en pacientes con cáncer y también para la estimulación del apetito en los casos de pacientes con sida.
  • Sativex: Utilizado para la reducción de los espasmos y también calificado como gran analgésico para la esclerosis múltiple.
  • Acomplia: Se suspendió en 2007 pero se utilizaba para reducir la ingesta de los pacientes con obesidad y problemas del metabolismo.

El potencial de todos estos medicamentos hacía referencia al control del movimiento, a la mejora del aprendizaje y la memoria, el control del apetito, la recompensa cerebral o la supervivencia neuronal.

El cannabidiol es una molécula natural por lo que el margen de beneficio es mínimo. Ahora sólo queda esperar nuevas investigaciones en este ámbito para que en un futuro próximo se consigan disminuir los daños e incluso prevenir ciertas enfermedades.

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Publicado en: Sanidad

Los niños de San Rafael

El Hospital San Rafael de Madrid inauguró a finales de 2013 la nueva decoración de su cuarta planta de hospitalización pediátrica. Surgió entonces la idea de instalar pizarras en cada una de las puertas de las habitaciones, donde cada niño o niña pudiera customizar su entorno y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad con el fin de enviar mensajes positivos a todos los profesionales, familiares, amigos y otros pacientes que compartieran in situ su experiencia hospitalaria.

El Hospital San Rafael de Madrid inauguró a finales de 2013 la nueva decoración de su cuarta planta de hospitalización pediátrica. Surgió entonces la idea de instalar pizarras en cada una de las puertas de las habitaciones, donde cada niño o niña pudiera customizar su entorno y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad con el fin de enviar mensajes positivos a todos los profesionales, familiares, amigos y otros pacientes que compartieran in situ su experiencia hospitalaria.
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Sobre este tema ha girado uno de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid celebrado estos días en San Lorenzo del Escorial, donde se ha analizado el uso de los cannabinoides para el tratamiento de enfermedades raras.

El curso fue dirigido y presentado por Javier Fernández, miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC) y de la Sociedad Internacional por el Cannabis como Medicamento (IACM),  y participaron entre otros ponentes, el director del CIBER de Enfermedades Raras, Francesc Palau, y el jefe de Neonatología del Hospital Clínico San Carlos, José Martínez-Orgado.

En general, los recursos terapéuticos son escasos y poco eficaces en determinadas enfermedades por lo que se están planteando ya diversos ensayos clínicos con el cannabinoides.

El prefijo de esta palabra no engaña, así que llamemos a las cosas por su nombre, estos componentes proceden de la planta cannabis.

Según la Fundación Canná, los fitocannabinoides hacen referencia a una clase de compuestos caracterizados por 21 átomos de carbono que aparecen únicamente en la naturaleza en la especie cannabis sativa L.

La principal conclusión de este encuentro fue que el sistema cannabinoide modula la liberación de transmisores por lo que el cannabidiol tiene un efecto anticonvulsionante, antioxidante y antiinflamatorio. Se constituye como una diana de antiepilépticos.

Según Javier Fernández, han tenido que pasar 60 años hasta que se ha podido conocer la acción de los fitocannabinoides en nuevas terapias en enfermedades específicas.

La aplicación del cannabidiol en el síndrome de West

Aunque ahora se las suele denominar como enfermedades poco frecuentes, Francesc Palau, prefiere denominarlas como enfermedades raras. Según él, para considerarlas como tales hay que tener en cuenta que las padecen alrededor de 5 de cada 10.000 personas y son crónicas e invalidantes.

Según el director del CIBER, las enfermedades raras suelen tener, en la mayoría de los casos, un origen genético. De hecho, añadió, “aparecen casi siempre en la edad pediátrica (en un 80% de los casos) y tienen una alta tasa de morbi-mortalidad”.

EFE/Kai Försterling

El neonatólogo José Martínez-Orgado, en el curso de verano, hizo referencia a una carta publicada en 1841 en la revista médica The Lancet. El autor era el doctor West y hablaba del caso de un niño que al cumplir los cuatro meses daba cabeceos y flexionaba su cuerpo entre 10 y 20 veces en cada ataque que sufría.

Estos ataques duraban unos dos o tres minutos. Al poco tiempo, este niño murió. Era su hijo y de ahí surgió la denominación del síndrome de West.

El síndrome de West es una epilepsia acompañada de espasmos infantiles, hipsarritmia y, en algunas ocasiones, un retraso o detención en el desarrollo psicomotor.

Como la sociedad ya sabe que el cannabidiol puede servir de gran ayuda para algunas enfermedades, muchos padres se adelantan a las terapias y a los fármacos y administran a sus hijos CBD con un THC -la sustancia prohibida- del 0,5 cuando esta actuación, además de ilegal, no es la correcta para tratarlo, señaló el neonatólogo.

No obstante, la automedicación ha aportado información muy importante para los expertos en esta materia.

Según Martínez-Orgado existen dos grupos de síndromes de West:

  • Sintomático: Un 60-70% suele ser de este tipo. Hay que dar mucha importancia a las esclerosis tuberosas -un trastorno genético raro que causa el crecimiento de tumores no cancerosos en el cerebro y otros órganos- porque puede desembocar en un síndrome de West.
  • Criptogenético: Los casos son menores (en torno a un 10-40% de los casos). Crecen el número de genes que se asocian a este síndrome.

Control de las encelopatías epilépticas

Si no se controla esta enfermedad, las encelopatías epilépticas pueden dañar seriamente al paciente. Estos son algunos de los tratamientos ya utilizados en este síndrome:

  • ACTH: Hormona del cerebro que produce corticoides. En el 60% de los casos es eficaz con las convulsiones, aunque existe un 30% de personas que pueden recaer. También tienen efectos secundarios complicados como las infecciones.
  • Vigabatrina: Es un antiepiléptico. A veces es eficaz con la esclerosis tuberosa pero en otros casos no. En algunas ocasiones afecta a la visión.
  • Inhibidores del mTor.
  • Dieta cetogénica: Basada en poco hidrato de carbono y mucha proteína. Mejora pero no queda claro si sirve para el West.
  • Cirugía: Dudosa eficacia.

Otros usos del cannabinoides

Javier Fernández recordó que no es la primera vez que se utilizan cannabinoides para el tratamiento de enfermedades:

  • Marinol y Cesamet: Indicado para inhibir los vómitos en pacientes con cáncer y también para la estimulación del apetito en los casos de pacientes con sida.
  • Sativex: Utilizado para la reducción de los espasmos y también calificado como gran analgésico para la esclerosis múltiple.
  • Acomplia: Se suspendió en 2007 pero se utilizaba para reducir la ingesta de los pacientes con obesidad y problemas del metabolismo.

El potencial de todos estos medicamentos hacía referencia al control del movimiento, a la mejora del aprendizaje y la memoria, el control del apetito, la recompensa cerebral o la supervivencia neuronal.

El cannabidiol es una molécula natural por lo que el margen de beneficio es mínimo. Ahora sólo queda esperar nuevas investigaciones en este ámbito para que en un futuro próximo se consigan disminuir los daños e incluso prevenir ciertas enfermedades.

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