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EMOCIONES

La inutilidad del sufrimiento

¿Alguna vez pensamos con qué facilidad sufrimos? ¿Cuánta vida se nos escapa sufriendo?¿Cuánta energía desperdiciamos? ¿Cuántas ilusiones y esperanzas tiramos? ¿Cuántas alegrías ahogamos? La psicóloga María Jesús Álava Reyes analiza la inutilidad del sufrimiento en un artículo para Efesalud

EFE/David de la PazEFE/David de la Paz

María Jesús Álava Reyes lleva más de treinta años dedicada a la Psicología clínica, educativa y de empresa. Especialista en coaching ejecutivo, recursos humanos, psicodiagnóstico y psicoterapia, también es profesora de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Actualmente dirige el Centro de Psicología Álava Reyes y es autora de libros como “Las 3 claves de la felicidad”; “Recuperar la ilusión”, “Aprender a ser feliz” o “El NO también ayuda a crecer”, además de “La inutilidad del sufrimiento” sobre el que escribe este artículo para Efesalud.

La inutilidad del sufrimiento

por María Jesús Álava Reyes

¿Alguna vez pensamos con qué facilidad sufrimos? ¿Cuánta vida se nos escapa sufriendo?¿Cuánta energía desperdiciamos? ¿Cuántas ilusiones y esperanzas tiramos? ¿Cuántas alegrías ahogamos? La psicóloga María Jesús Álava Reyes analiza en un artículo en Efesalud la “inutilidad del sufrimiento”

Hablar de la inutilidad del sufrimiento puede parecer a algunas personas una provocación. Afortunadamente, cuando explicamos las claves en las que la psicología positiva del siglo XXI basa sus postulados, pasamos del rechazo inicial a la aceptación plena.

La realidad es que, sin darnos cuenta, repetimos conductas, rutinas, costumbres, hábitos…. Formas de actuar que, inexorablemente, nos hacen sentirnos mal, pero que se nos antojan imposibles de evitar.

La psicóloga María Jesús Álava Reyes en su despacho.

Qué recursos nos ofrece la Psicología para evitar el sufrimiento inútil

Entre otros, destaca la TERAPIA RACIONAL EMOTIVA, que sostiene que “las personas crean y destruyen sus propias emociones”.

Vamos a intentar ayudar, en la medida de lo posible, a ver la vida con más realismo, con más ánimo, con más ilusión, con el convencimiento de que podemos controlar nuestra propia vida y de que lo podemos hacer sin requerir ningún cambio milagroso a nuestro alrededor.

Para ello veremos que lo importante no es “lo que nos pasa”, lo crucial es lo que pensamos en cada momento. El pensamiento es previo a la emoción, y ese pensamiento es el que nos hace sentirnos bien o mal. Este hecho explica por qué las personas que han vivido o presenciado un mismo hecho experimentan emociones muy diferentes ante él: unas pueden sentirse desgraciadas, otras afortunadas, otras indiferentes…

¿Cómo actuar en situaciones límite?

Es lógico que algunas personas piensen que es imposible no sufrir ante determinados hechos: muerte de un ser querido, enfermedades graves, accidentes, “situaciones límite”, catástrofes naturales… Y, por supuesto, ¡tienen razón!, pero ¡no nos equivoquemos!; una cosa es el sentimiento absolutamente natural, espontáneo y humano que experimentamos ante situaciones dramáticas, y otra muy distinta es el pozo en el que caemos cuando parece que solo hay un camino: el de bloquearnos, sumergirnos y dar vueltas ininterrumpidamente a unos hechos que ya no tienen marcha atrás.

No buscamos el endurecimiento de las personas–¡todo lo contrario!–, pero la sensibilidad no consiste en sufrir y sufrir, sin posibilidad de superar el sufrimiento, o dejar de luchar ante los acontecimientos hostiles o difíciles, ni hundirse ante la adversidad o “tirar la toalla” en los momentos en que parece no haber esperanza.

La sensibilidad engrandece al ser humano, y acompaña a las personas auténticamente privilegiadas.

Reiteramos que lo importante en nuestra vida son los pensamientos, no los acontecimientos, pero¿cómo podemos controlar lo que pensamos?

Cómo conseguimos el control de nuestros pensamientos

Siendo conscientes de nuestros pensamientos automáticos y cambiándolos por otros más objetivos y realistas.

A nuestro cerebro le podemos enseñar y le podemos entrenar para que descubra los pensamientos racionales y los diferencie de los pensamientos automáticos y muchas veces irracionales.

Otro punto esencial será desarrollar de nuevo la capacidad para ilusionarnos.

Definamos nuestras ilusiones

¿Nos hemos preguntado qué les falta a las personas que se sienten infelices o agotadas, a las que nos dicen que ya no pueden más?¿Qué nos falta cuando nos sentimos impotentes y sin esperanzas?: NOS FALTAN ILUSIONES.

Principales errores a evitar

  • Sufrir inútilmente.
  • Darle vueltas a un hecho que ya ha pasado.
  • No aceptar lo inevitable.
  • Complicarnos la vida inútilmente.
  • Expresar todo lo que pensamos.
  • Creer que siempre estamos en posesión de la verdad.
  • Quien siempre cree estar en posesión de la verdad demuestra una ignorancia suprema, y una arrogancia intolerable.
  • Echar la culpa de lo que nos pasa a quienes nos rodean.
  • Querer arreglar las cosas efectuando cambios drásticos en nuestra vida.
  • Vivir las contrariedades y los imprevistos como tragedias.
  • Pensar que “lo nuestro” no tiene solución.
  • Dejarnos contagiar por el pesimismo reinante.
  • Agotarnos física y mentalmente. Pretender llegar a todos los sitios.
  • No ser conscientes de nuestros límites.

Reglas de oro

  • Creer en nosotros mismos.
  • Intentar “sentirnos bien” cada día.
  • Ser conscientes de que la felicidad está en nuestras manos.
  • Seguir confiando en nosotros en los momentos difíciles y convertir las crisis en nuevas oportunidades.
  • Coger distancia para ser objetivos y aprender a observar y actuar de forma racional.
  • Convertir cada día en un nuevo aprendizaje.
  • Ante la irritación, autocontrol.
  • No insistir en los errores de siempre.
  • Aprender a ser realistas. Conocer nuestras posibilidades y nuestras debilidades.
  • Premiarnos de vez en cuando, y siempre que nos encontremos en baja forma.
  • Aceptar que no somos dioses. (No podemos arreglarlo o controlarlo todo).
  • Utilizar el sentido común.
  • Fomentar el sentido del humor.
  • Asumir que estamos aquí para aprender a ser felices, no para sufrir.

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