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ALIMENTACIÓN

La dieta mediterránea con frutos secos reduce un 30% el riesgo cardiovascular

Seguir una dieta mediterránea enriquecida con 30 gramos de frutos secos, la mitad de ellos nueces, reduce en un 30 por ciento el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y, específicamente, disminuye en un 49 por ciento la posibilidad de sufrir un ictus o accidente vascular cerebral

EFE/Paco TorrenteEFE/Paco Torrente

Esta es una de las principales conclusiones de una investigación española, que hoy se publica en The New England Journal of Medicine”, y que aporta una evidencia científica a favor de la eficacia de la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva extra virgen y frutos secos, en la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular, principal causa de muerte en el mundo.

En una rueda de prensa para dar a conocer los resultados, la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, ha destacado que el trabajo va a servir para poner en valor la dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El ensayo, denominado Predimed, es uno de los mayores estudios clínicos de nutrición que se han hecho nunca en el mundo y sus resultados van a permitir cambiar la política nutricional a nivel global, ha asegurado el doctor Joaquín Arenas, director del Instituto de Salud Carlos III, organismo que ha aportado casi siete de los ocho millones de euros de la financiación total.

Las primeras investigaciones sobre la dieta mediterránea se iniciaron en los años sesenta al analizar la prevalencia de la enfermedad cardiovascular en distintos países. Mientras que en Estados Unidos era del 4,6 por ciento, en Grecia, en concreto, en la isla de Creta, apenas llegaba al 0,5 por ciento.

Desde entonces y hasta ahora, nuestra dieta mediterránea recomienda tomar diariamente pan, pastas o cereales (mejor integrales que blancos); legumbres (2/3 veces por semana); huevos (2/3 veces por semana); lácteos (mejor desnatados o semidesnatados); no abusar de las carnes, sobre todo rojas,  y consumir más pescado; el vino mejor en las comidas y siempre que no esté contraindicado; el aceite extra virgen mejor que el refinado y los frutos secos acompañando ensaladas u otros platos y no comerlos solos y mucho menos por la noche.

Era la alimentación la que explicaba la diferencia. “Ahí empezó la fama de la dieta mediterránea”, pero había que demostrarlo, ha señalado el doctor Ramón Estruch, coordinador del programa de Nutrición del CIBERobn y del estudio, que ha contado con más de 200 investigadores.

En el ensayo, que arrancó en al año 2003, han participado 7.447 voluntarios, hombres y mujeres de 55 a 80 años que tenían un alto riesgo de padecer enfermedad cardiovascular pero que aún no la habían desarrollado.

Los participantes fueron distribuidos en tres grupos en función de la alimentación: dieta mediterránea con aceite de oliva virgen (un litro a la semana), dieta mediterránea con frutos secos (30 gramos al día) y dieta baja en todo tipo de grasas, a los que se les daban listas de la compra por estación y menús y recetas.

El estudio ha logrado cambiar los hábitos alimenticios de las personas colaboradoras y se ha comprobado “bioquímicamente” que ingerían lo que se les recomendaba, ha asegurado el doctor Estruch, quien ha precisado que a los cinco años ya se observó una reducción del 30 por ciento del riesgo de sufrir eventos cardiovasculares, “lo que muchos fármacos no consiguen”.

Además, se comprobó que los participantes perdían peso y reducían el perímetro de su cintura a pesar de la incorporación de aceite de oliva virgen y frutos secos a la dieta mediterránea

“Se ha perdido el miedo a la grasa vegetal en personas con sobrepeso”, ha destacado este investigador.

La secretaria de Estado ha asegurado que el estudio se podía haber realizado en la actual situación económica, ya que el Gobierno está manteniendo los Centros de Investigación Biomédica en Red (CIBER), intentando optimizar los menores recursos.

Preguntada sobre el “micromecenezgo” para determinados proyectos, Vela se ha manifestado a favor de esta fuente de financiación, ya que “es importante que los ciudadanos se solidaricen con la ciencia”,

No obstante, ha precisado que debe ser una tarea complementaria y, por tanto, “no puede eliminar la responsabilidad que tienen los estamentos públicos de apoyar la investigación”.

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Esta es una de las principales conclusiones de una investigación española, que hoy se publica en The New England Journal of Medicine”, y que aporta una evidencia científica a favor de la eficacia de la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva extra virgen y frutos secos, en la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular, principal causa de muerte en el mundo.

En una rueda de prensa para dar a conocer los resultados, la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, ha destacado que el trabajo va a servir para poner en valor la dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El ensayo, denominado Predimed, es uno de los mayores estudios clínicos de nutrición que se han hecho nunca en el mundo y sus resultados van a permitir cambiar la política nutricional a nivel global, ha asegurado el doctor Joaquín Arenas, director del Instituto de Salud Carlos III, organismo que ha aportado casi siete de los ocho millones de euros de la financiación total.

Las primeras investigaciones sobre la dieta mediterránea se iniciaron en los años sesenta al analizar la prevalencia de la enfermedad cardiovascular en distintos países. Mientras que en Estados Unidos era del 4,6 por ciento, en Grecia, en concreto, en la isla de Creta, apenas llegaba al 0,5 por ciento.

Desde entonces y hasta ahora, nuestra dieta mediterránea recomienda tomar diariamente pan, pastas o cereales (mejor integrales que blancos); legumbres (2/3 veces por semana); huevos (2/3 veces por semana); lácteos (mejor desnatados o semidesnatados); no abusar de las carnes, sobre todo rojas,  y consumir más pescado; el vino mejor en las comidas y siempre que no esté contraindicado; el aceite extra virgen mejor que el refinado y los frutos secos acompañando ensaladas u otros platos y no comerlos solos y mucho menos por la noche.

Era la alimentación la que explicaba la diferencia. “Ahí empezó la fama de la dieta mediterránea”, pero había que demostrarlo, ha señalado el doctor Ramón Estruch, coordinador del programa de Nutrición del CIBERobn y del estudio, que ha contado con más de 200 investigadores.

En el ensayo, que arrancó en al año 2003, han participado 7.447 voluntarios, hombres y mujeres de 55 a 80 años que tenían un alto riesgo de padecer enfermedad cardiovascular pero que aún no la habían desarrollado.

Los participantes fueron distribuidos en tres grupos en función de la alimentación: dieta mediterránea con aceite de oliva virgen (un litro a la semana), dieta mediterránea con frutos secos (30 gramos al día) y dieta baja en todo tipo de grasas, a los que se les daban listas de la compra por estación y menús y recetas.

El estudio ha logrado cambiar los hábitos alimenticios de las personas colaboradoras y se ha comprobado “bioquímicamente” que ingerían lo que se les recomendaba, ha asegurado el doctor Estruch, quien ha precisado que a los cinco años ya se observó una reducción del 30 por ciento del riesgo de sufrir eventos cardiovasculares, “lo que muchos fármacos no consiguen”.

Además, se comprobó que los participantes perdían peso y reducían el perímetro de su cintura a pesar de la incorporación de aceite de oliva virgen y frutos secos a la dieta mediterránea

“Se ha perdido el miedo a la grasa vegetal en personas con sobrepeso”, ha destacado este investigador.

La secretaria de Estado ha asegurado que el estudio se podía haber realizado en la actual situación económica, ya que el Gobierno está manteniendo los Centros de Investigación Biomédica en Red (CIBER), intentando optimizar los menores recursos.

Preguntada sobre el “micromecenezgo” para determinados proyectos, Vela se ha manifestado a favor de esta fuente de financiación, ya que “es importante que los ciudadanos se solidaricen con la ciencia”,

No obstante, ha precisado que debe ser una tarea complementaria y, por tanto, “no puede eliminar la responsabilidad que tienen los estamentos públicos de apoyar la investigación”.

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