PSICOLOGÍA

La avaricia: al borde del precipicio

Es uno de los siete pecados capitales y pocas personas escapan a sus redes. El afán de acaparar riquezas para atesorarlas afecta a quienes tienen miedo al futuro y necesitan aliviar su ansiedad. Uno de los enemigos más peligrosos del hombre es la avaricia obsesiva

Los seres humanos no nos conformamos con nada. Siempre queremos más. ¿Y quién no? Nuestra máxima aspiración es mejorar en la vida personal y profesional. Hasta ahí todo bien, pero…el problema aparece cuando la avaricia se convierte en obsesión. Perdemos el sentido de la realidad y nos cerramos en nosotros mismos.

Pocos se libran de la denominada “motivación del ogro”. El psicólogo Luis Muiño habla del afán de poseer riquezas como una motivación humana de origen económico, personal o profesional -entre otros-, y afirma que “la avaricia te hace sufrir cuando es excesivamente obsesiva, cuando se convierte en la única cosa que te pasa en la vida y todo lo demás no importa”.

El origen del concepto está en el miedo. Según la psicóloga Herminia Gomá, directora del Institut Gomá, la avaricia se asienta en un verbo: tener. El “miedo a no tener en el futuro” nos hace acumular posesiones para evitar la angustia de pensar que algún día me faltará. “Lo que tengo ahora tampoco lo disfruto. Necesito guardarlo aunque nunca lo vaya a usar”.

¿Dónde está el límite?

En ningún sitio. El avaricioso obsesivo no tiene límites. Está ciego ante el precipicio, no sabe desconectar y se encierra en su sed de avaricia. “Hay personas que entran en psicosis, distorsionan la realidad, reinventan el mundo. Otros llegan a la psicopatía, a no conectar emocionalmente con nadie”, asegura Muiño.

Por fortuna, no todos alcanzamos tal desequilibrio mental. Sabemos cuáles son nuestros límites. ¿O no?

Si tienes dudas, Muiño propone probar este test para medir la avaricia: ¿Qué no harías o hasta dónde no llegarías por tu motivación? “Si no te puedes contestar a ti mismo, tienes un problema: estás obsesionado”.

Si hablamos de ambición interna, la psicóloga Gomá defiende que no hay necesidad de control siempre que tengamos unos principios éticos. Ahí está la barrera. “Una cosa es que tú te superes a ti mismo y otra es que quieras pasar adelante pisando a los demás. Es cuestión de la ética que tenga cada uno”.

Lo llevamos en los genes

Según Luis Muiño, la avaricia forma parte de la naturaleza humana. EFEsalud ha salido a la calle para comprobar si el resto de la gente piensa lo mismo.

Para Carlos es un pecado capital. EFE/GRB

Alejandro asegura que “el hombre es avaricioso porque tiene miedo al futuro, y eso le hace acaparar”. Maribel también reconoce que “somos así”, pero destaca la influencia de la sociedad en general y los medios de comunicación en particular: “nos han llevado a ser así”.

Manuel, en cambio, no cree que la codicia sea universal: “algunos nos hemos estancado en el escalón de la sencillez y la humildad, nos conformamos con poco y somos muy felices”. Por el contrario, Carlos está convencido de que todos somos algo avariciosos: “es un pecado capital, lo llevamos dentro”.

Tipos de estímulos

Podemos ser ambiciosos en muchos aspectos. El abanico de adicciones del psicólogo Luis Muiño es más abierto que el de Herminia Gomá, quien asegura que el concepto de avaricia no está vinculado a las relaciones personales.

Los sentimientos, en cambio, sí pueden entrar en juego: “el avaricioso de sentimientos es aquel que no los comparte, tan sólo los acumula y se los guarda”.

¿Dónde nace la obsesión? Aquí tienes algunas pistas:

  • Motivación económica → “Poderoso caballero es Don Dinero”.
  • Motivación de poder → La meta es alcanzar cierto status o posición social.
  • Motivación de conocimientos → Almacenar conocimientos y formación “por si los necesito en el futuro” es muy habitual.
  • Motivación de seguridad → Queremos librarnos de miedos, tener todo bajo control y llevar una vida estable. La rutina aporta confianza.
  • Motivación de apertura a la experiencia→ También necesitamos estimulación intelectual, que nos pasen cosas distintas e interesantes. Algunos canalizan esta motivación en una actividad: viajar.
  • Motivación amorosa→ El número de conquistas es muy importante para más de uno.

    Luis Muiño en su despacho de psicología durante la entrevista. EFE/GRB

  • Motivación sexual → Una de las clásicas.
  • Motivación de amistad → Hay quien se obsesiona con la cantidad de amigos o seguidores que tiene en las redes sociales.
  • Motivación de belleza → Para muchos lo primordial es ser el más guapo de la fiesta y/o cultivar un cuerpo de escándalo.

Gomá no relaciona la motivación de apertura a la experiencia con la avaricia sino con el consumismo exacerbado, es decir, la necesidad imperiosa de gastar por gastar, el “necesito consumir ahora”, ya sea a través de viajes, cenas en un restaurante o excursiones al centro comercial. El concepto se asienta en tener cosas materiales como el dinero o abstractas como el conocimiento.

Los encuestados también son avariciosos a su manera. El principal estímulo de Anastasia es su gente: “tenerlos a mi lado es lo único que importa, porque al final me iré para el otro lado con lo mismo que he venido”. Susana quiere progresar en su trabajo, “pero siempre sin pisar a nadie”. La prioridad de Pedro son sus hijos: “que consigan todo lo mejor”.

No obstante, a veces miramos con recelo al de al lado porque no nos gusta hacia dónde está llevando la codicia. Así lo apunta Muiño:

“Usamos este término como un insulto o algo negativo porque no entendemos la avaricia de cierta motivación, y decimos: ‘ya debería conformarse con el dinero que tiene’. Al mismo tiempo, esa misma persona que desprecia a la de al lado tiene pareja pero está buscando otras relaciones sexuales”.

Queremos tener más que los demás

“Quien más tiene, más quiere” no siempre es verdad. Según el psicólogo, “no es cuestión de lo que tú tienes”. Deseamos superar a los demás, porque la avaricia es comparativa. “Si preguntas a una persona: ¿tú que prefieres, ganar 2000€ y que los demás ganen 3000€, o ganar 1500€ y que los demás ganen 1000€? La mayoría prefiere 1500€, menos dinero pero algo más que los demás”.

Muchos no lo reconocen, pero al ser humano le importa la percepción que tienen de él. Esto se refleja, por ejemplo, en un encuentro con el ex-novio o la ex-novia. Si nos ha ido mejor que a él o ella en la vida, estaremos más satisfechos. La comparación es inevitable.

Para evitar que la avaricia nos domine, Muiño recomienda ser “politoxicómano” en el sentido metafórico de la palabra:

“No te enganches a una sola cosa, sino a varias”. Cuantos más estímulos tengas, mejor. “Si estás obsesionado con el dinero, déjate seducir por dos o tres cosas más: la familia, viajar, etc”. Una única motivación puede acabar absorbiendo a las demás.

La semilla de la crisis económica

Muchos de los encuestados aseguran que la avaricia es la causa de la crisis que azota España y el mundo. Carlos afirma que “se han hecho cosas que no se tenían que hacer por el ansia de enriquecerse”.

Manuel escucha la respuesta de Maribel. EFE/GRB

Maribel lo materializa en las preferentes de los bancos y en la infinidad de permisos que se han dado para construir: “quien tenía un piso quería comprar otro aunque no tuviese recursos para afrontar el pago de la hipoteca”.

La psicóloga considera que la avaricia desmedida acompañada de una total desconsideración y falta de empatía es uno de los alicientes de la crisis, pero no el único.

El origen es un consumismo exacerbado, es decir, acumular para gastar y no para guardar, “porque si hubieran tenido vistas de futuro seguramente no se habría llegado a donde se ha llegado”, concluye.

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Publicado en: Psicología y bienestar

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Los seres humanos no nos conformamos con nada. Siempre queremos más. ¿Y quién no? Nuestra máxima aspiración es mejorar en la vida personal y profesional. Hasta ahí todo bien, pero…el problema aparece cuando la avaricia se convierte en obsesión. Perdemos el sentido de la realidad y nos cerramos en nosotros mismos.

Pocos se libran de la denominada “motivación del ogro”. El psicólogo Luis Muiño habla del afán de poseer riquezas como una motivación humana de origen económico, personal o profesional -entre otros-, y afirma que “la avaricia te hace sufrir cuando es excesivamente obsesiva, cuando se convierte en la única cosa que te pasa en la vida y todo lo demás no importa”.

El origen del concepto está en el miedo. Según la psicóloga Herminia Gomá, directora del Institut Gomá, la avaricia se asienta en un verbo: tener. El “miedo a no tener en el futuro” nos hace acumular posesiones para evitar la angustia de pensar que algún día me faltará. “Lo que tengo ahora tampoco lo disfruto. Necesito guardarlo aunque nunca lo vaya a usar”.

¿Dónde está el límite?

En ningún sitio. El avaricioso obsesivo no tiene límites. Está ciego ante el precipicio, no sabe desconectar y se encierra en su sed de avaricia. “Hay personas que entran en psicosis, distorsionan la realidad, reinventan el mundo. Otros llegan a la psicopatía, a no conectar emocionalmente con nadie”, asegura Muiño.

Por fortuna, no todos alcanzamos tal desequilibrio mental. Sabemos cuáles son nuestros límites. ¿O no?

Si tienes dudas, Muiño propone probar este test para medir la avaricia: ¿Qué no harías o hasta dónde no llegarías por tu motivación? “Si no te puedes contestar a ti mismo, tienes un problema: estás obsesionado”.

Si hablamos de ambición interna, la psicóloga Gomá defiende que no hay necesidad de control siempre que tengamos unos principios éticos. Ahí está la barrera. “Una cosa es que tú te superes a ti mismo y otra es que quieras pasar adelante pisando a los demás. Es cuestión de la ética que tenga cada uno”.

Lo llevamos en los genes

Según Luis Muiño, la avaricia forma parte de la naturaleza humana. EFEsalud ha salido a la calle para comprobar si el resto de la gente piensa lo mismo.

Para Carlos es un pecado capital. EFE/GRB

Alejandro asegura que “el hombre es avaricioso porque tiene miedo al futuro, y eso le hace acaparar”. Maribel también reconoce que “somos así”, pero destaca la influencia de la sociedad en general y los medios de comunicación en particular: “nos han llevado a ser así”.

Manuel, en cambio, no cree que la codicia sea universal: “algunos nos hemos estancado en el escalón de la sencillez y la humildad, nos conformamos con poco y somos muy felices”. Por el contrario, Carlos está convencido de que todos somos algo avariciosos: “es un pecado capital, lo llevamos dentro”.

Tipos de estímulos

Podemos ser ambiciosos en muchos aspectos. El abanico de adicciones del psicólogo Luis Muiño es más abierto que el de Herminia Gomá, quien asegura que el concepto de avaricia no está vinculado a las relaciones personales.

Los sentimientos, en cambio, sí pueden entrar en juego: “el avaricioso de sentimientos es aquel que no los comparte, tan sólo los acumula y se los guarda”.

¿Dónde nace la obsesión? Aquí tienes algunas pistas:

  • Motivación económica → “Poderoso caballero es Don Dinero”.
  • Motivación de poder → La meta es alcanzar cierto status o posición social.
  • Motivación de conocimientos → Almacenar conocimientos y formación “por si los necesito en el futuro” es muy habitual.
  • Motivación de seguridad → Queremos librarnos de miedos, tener todo bajo control y llevar una vida estable. La rutina aporta confianza.
  • Motivación de apertura a la experiencia→ También necesitamos estimulación intelectual, que nos pasen cosas distintas e interesantes. Algunos canalizan esta motivación en una actividad: viajar.
  • Motivación amorosa→ El número de conquistas es muy importante para más de uno.

    Luis Muiño en su despacho de psicología durante la entrevista. EFE/GRB

  • Motivación sexual → Una de las clásicas.
  • Motivación de amistad → Hay quien se obsesiona con la cantidad de amigos o seguidores que tiene en las redes sociales.
  • Motivación de belleza → Para muchos lo primordial es ser el más guapo de la fiesta y/o cultivar un cuerpo de escándalo.

Gomá no relaciona la motivación de apertura a la experiencia con la avaricia sino con el consumismo exacerbado, es decir, la necesidad imperiosa de gastar por gastar, el “necesito consumir ahora”, ya sea a través de viajes, cenas en un restaurante o excursiones al centro comercial. El concepto se asienta en tener cosas materiales como el dinero o abstractas como el conocimiento.

Los encuestados también son avariciosos a su manera. El principal estímulo de Anastasia es su gente: “tenerlos a mi lado es lo único que importa, porque al final me iré para el otro lado con lo mismo que he venido”. Susana quiere progresar en su trabajo, “pero siempre sin pisar a nadie”. La prioridad de Pedro son sus hijos: “que consigan todo lo mejor”.

No obstante, a veces miramos con recelo al de al lado porque no nos gusta hacia dónde está llevando la codicia. Así lo apunta Muiño:

“Usamos este término como un insulto o algo negativo porque no entendemos la avaricia de cierta motivación, y decimos: ‘ya debería conformarse con el dinero que tiene’. Al mismo tiempo, esa misma persona que desprecia a la de al lado tiene pareja pero está buscando otras relaciones sexuales”.

Queremos tener más que los demás

“Quien más tiene, más quiere” no siempre es verdad. Según el psicólogo, “no es cuestión de lo que tú tienes”. Deseamos superar a los demás, porque la avaricia es comparativa. “Si preguntas a una persona: ¿tú que prefieres, ganar 2000€ y que los demás ganen 3000€, o ganar 1500€ y que los demás ganen 1000€? La mayoría prefiere 1500€, menos dinero pero algo más que los demás”.

Muchos no lo reconocen, pero al ser humano le importa la percepción que tienen de él. Esto se refleja, por ejemplo, en un encuentro con el ex-novio o la ex-novia. Si nos ha ido mejor que a él o ella en la vida, estaremos más satisfechos. La comparación es inevitable.

Para evitar que la avaricia nos domine, Muiño recomienda ser “politoxicómano” en el sentido metafórico de la palabra:

“No te enganches a una sola cosa, sino a varias”. Cuantos más estímulos tengas, mejor. “Si estás obsesionado con el dinero, déjate seducir por dos o tres cosas más: la familia, viajar, etc”. Una única motivación puede acabar absorbiendo a las demás.

La semilla de la crisis económica

Muchos de los encuestados aseguran que la avaricia es la causa de la crisis que azota España y el mundo. Carlos afirma que “se han hecho cosas que no se tenían que hacer por el ansia de enriquecerse”.

Manuel escucha la respuesta de Maribel. EFE/GRB

Maribel lo materializa en las preferentes de los bancos y en la infinidad de permisos que se han dado para construir: “quien tenía un piso quería comprar otro aunque no tuviese recursos para afrontar el pago de la hipoteca”.

La psicóloga considera que la avaricia desmedida acompañada de una total desconsideración y falta de empatía es uno de los alicientes de la crisis, pero no el único.

El origen es un consumismo exacerbado, es decir, acumular para gastar y no para guardar, “porque si hubieran tenido vistas de futuro seguramente no se habría llegado a donde se ha llegado”, concluye.

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