CÁNCER DE MAMA

El cáncer de mama en mujeres con riesgo se detectará en sangre en 10 años

Una simple prueba de sangre podrá detectar, en cinco o diez años, el cáncer de mama de manera precoz en mujeres de alto riesgo, ya sea por la densidad de su mama, por antecedentes familiares o por ser portadoras de marcadores genéticos de susceptibilidad, antes de que padezcan la enfermedad

De izquierda a derecha, Dr. Javier Benítez, director del programa de Genética del Cáncer del CNIO, director del Centro Nacional de Genotipado (CEGEDe izquierda a derecha, Dr. Javier Benítez, director del programa de Genética del Cáncer del CNIO, director del Centro Nacional de Genotipado (CEGEN)-Madrid y responsable de la Unidad 706 de la Red Española de Enfermedades Raras (CIBERER); Miriam Pastor, responsable del área de Formación de la Fundación QUAES; Natacha Bolaños, directora de Atención al Paciente y Relaciones Institucionales del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC); y Juan Carrión, presidente de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER)./ Imagen cedida por la Fundación Quaes.

Ello será posible gracias a un estudio de la Fundación QUAES, en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que está aun en fase inicial, pero cuyos resultados podrán llevarse a la práctica clínica dentro de 5 o 10 años.

“No es descabellado ese plazo”, ha señalado el coordinador del trabajo, Javier Benítez, director del Programa de Genética del Cáncer del CNIO.

La investigación es la segunda parte de un estudio ya finalizado, también coordinado por Benítez, en el que se han identificado un conjunto de marcadores sanguíneos que podrían aplicarse para la detección precoz de cualquier tipo de tumor de mama en pacientes que ya tienen la enfermedad.

Este primer trabajo, cuyos resultados ya han sido publicados, tenía como objetivo encontrar marcadores que permitiesen realizar un diagnóstico precoz de cáncer de mama complementarios a los que ya existen, pero que tienen limitaciones.

Por ejemplo, según ha explicado el doctor Benítez, la mamografía es poco fiable en mujeres jóvenes con alta densidad mamaria, mientras que otros métodos de detección son invasivos, como la biopsia.

Para ello, se estudiaron los denominados ‘microRNAS‘, “unos nuevos elementos descritos hace pocos años y que están tomando un fuerte peso como marcadores diagnósticos y de seguimiento de respuesta a tratamientos en diversas enfermedades genéticas y también en el cáncer“, ha explicado Benítez.

Imagen de una mamografía. EFE/Chema Moya

“Sabemos que las células tumorales pueden expulsar estos ‘microRNAS’ del tumor hacia el exterior y aterrizar en la sangre periférica”, ha señalado.

Para ello, se analizaron más de 125 mujeres con cáncer de mama que ya habían sido operadas y se estudiaron más de 2.000 ‘microRNAS’ y los datos se compararon con muestras de mama de mujeres no enfermas.

Se comprobó que de los 2.000, unos 200 eran diferentes entre el grupo de mujeres con cáncer y el grupo control.

El siguiente paso, según ha precisado Benítez, fue desarrollar un algoritmo matemático que permitiera seleccionar el mínimo número de esos elementos que dieran esa diferenciación entre tejido normal y tumoral con la misma precisión.

Se redujo a 25 los que cumplían esa función y el siguiente paso fue tratar de identificarlos en la sangre periférica de las pacientes.

Una vez comprobado, se redujo aún más el número de ‘microRNAS’, en concreto a 5, con los que se cumple el objetivo de hacer un diagnóstico precoz de cáncer de mama en sangre periférica, una prueba “que se puede repetir cuantas veces se quiera sin causar ningún tipo de problema a la paciente”.

En estos momentos la prueba solo se puede hacer en algunos centros, pero la idea, según ha señalado Benítez, es desarrollar un ‘kit’ que permita ser utilizado de forma generalizada y que el coste sea pequeño, no más de 100 euros.

La segunda etapa del estudio “pretende ir un poco más allá”, ya que se trata de constatar si esos mismos marcadores permiten hacer también un diagnóstico en mujeres sin cáncer de mama pero con un alto riesgo de desarrollarlo”, con lo que “se daría un paso muy importante en el campo de la prevención”.

Se trata de mujeres que presentan antecedentes familiares, densidades mamarias elevadas (que multiplica por tres el riesgo) o son portadoras de marcadores genéticos de susceptibilidad a sufrir la enfermedad.

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Publicado en: Profesionales

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Los niños de San Rafael

El Hospital San Rafael de Madrid inauguró a finales de 2013 la nueva decoración de su cuarta planta de hospitalización pediátrica. Surgió entonces la idea de instalar pizarras en cada una de las puertas de las habitaciones, donde cada niño o niña pudiera customizar su entorno y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad con el fin de enviar mensajes positivos a todos los profesionales, familiares, amigos y otros pacientes que compartieran in situ su experiencia hospitalaria.

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Ello será posible gracias a un estudio de la Fundación QUAES, en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que está aun en fase inicial, pero cuyos resultados podrán llevarse a la práctica clínica dentro de 5 o 10 años.

“No es descabellado ese plazo”, ha señalado el coordinador del trabajo, Javier Benítez, director del Programa de Genética del Cáncer del CNIO.

La investigación es la segunda parte de un estudio ya finalizado, también coordinado por Benítez, en el que se han identificado un conjunto de marcadores sanguíneos que podrían aplicarse para la detección precoz de cualquier tipo de tumor de mama en pacientes que ya tienen la enfermedad.

Este primer trabajo, cuyos resultados ya han sido publicados, tenía como objetivo encontrar marcadores que permitiesen realizar un diagnóstico precoz de cáncer de mama complementarios a los que ya existen, pero que tienen limitaciones.

Por ejemplo, según ha explicado el doctor Benítez, la mamografía es poco fiable en mujeres jóvenes con alta densidad mamaria, mientras que otros métodos de detección son invasivos, como la biopsia.

Para ello, se estudiaron los denominados ‘microRNAS‘, “unos nuevos elementos descritos hace pocos años y que están tomando un fuerte peso como marcadores diagnósticos y de seguimiento de respuesta a tratamientos en diversas enfermedades genéticas y también en el cáncer“, ha explicado Benítez.

Imagen de una mamografía. EFE/Chema Moya

“Sabemos que las células tumorales pueden expulsar estos ‘microRNAS’ del tumor hacia el exterior y aterrizar en la sangre periférica”, ha señalado.

Para ello, se analizaron más de 125 mujeres con cáncer de mama que ya habían sido operadas y se estudiaron más de 2.000 ‘microRNAS’ y los datos se compararon con muestras de mama de mujeres no enfermas.

Se comprobó que de los 2.000, unos 200 eran diferentes entre el grupo de mujeres con cáncer y el grupo control.

El siguiente paso, según ha precisado Benítez, fue desarrollar un algoritmo matemático que permitiera seleccionar el mínimo número de esos elementos que dieran esa diferenciación entre tejido normal y tumoral con la misma precisión.

Se redujo a 25 los que cumplían esa función y el siguiente paso fue tratar de identificarlos en la sangre periférica de las pacientes.

Una vez comprobado, se redujo aún más el número de ‘microRNAS’, en concreto a 5, con los que se cumple el objetivo de hacer un diagnóstico precoz de cáncer de mama en sangre periférica, una prueba “que se puede repetir cuantas veces se quiera sin causar ningún tipo de problema a la paciente”.

En estos momentos la prueba solo se puede hacer en algunos centros, pero la idea, según ha señalado Benítez, es desarrollar un ‘kit’ que permita ser utilizado de forma generalizada y que el coste sea pequeño, no más de 100 euros.

La segunda etapa del estudio “pretende ir un poco más allá”, ya que se trata de constatar si esos mismos marcadores permiten hacer también un diagnóstico en mujeres sin cáncer de mama pero con un alto riesgo de desarrollarlo”, con lo que “se daría un paso muy importante en el campo de la prevención”.

Se trata de mujeres que presentan antecedentes familiares, densidades mamarias elevadas (que multiplica por tres el riesgo) o son portadoras de marcadores genéticos de susceptibilidad a sufrir la enfermedad.

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