NAVIDAD

Cuando yo tenía tu edad, la Navidad era…

¿Son las navidades de ahora más saludables que las de antes? Los cambios en los patrones de consumo, caracterizados por el desequilibro alimenticio y el aumento de compromisos sociales, pueden convertir “estas fechas señaladas” en un periodo de estrés e indigestiones, según expertos en sociología, psicología y nutrición

Composición fotográfica realizada por Efesalud en la que se compara la iluminación de una calle actual (izqda) y una de finales de los años sesentComposición fotográfica realizada por Efesalud en la que se compara la iluminación de una calle actual (izqda) y una de finales de los años sesenta.

Las navidades de ahora ya no son las de antes, porque nosotros tampoco lo somos. La transformación “del sentido de fiesta familiar y religiosa de la navidad, según el psicólogo clínico Juan Cruz, ha supuesto que, a los compromisos de la familia de sangre se sumen los de la familia adquirida, amigos y compañeros. Una multiplicación de eventos que afecta a nuestro estado de ánimo y a nuestra alimentación.

Este cambio, en el significado de la Navidad, “deriva hacia el ocio y el consumo”, explica la doctora en sociología Rebeca Cordero.

Dos elementos, que en exceso, pueden generar ansiedad y la necesidad de escapar de las obligaciones navideñas, lo que ha dado lugar “a cambiar el viaje al pueblo, para ver a la familia, por el viaje de placer”, añade el profesor de sociología Javier Callejo.

Aquellos que  sí vuelven a casa por navidad,  sucumben a un “delirium eating” en el que “se come y se bebe de manera desaforada”, que no tiene porque ser perjudicial para la salud si, una vez pasadas las festividades, se vuelve a controlar la alimentación, indica Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación.

Dos navidades, la del abuelo y la del niño, cuya comparación pone de manifiesto los cambios en la manera en que vivimos estas fiestas.

Un menú cargado de excesos

Las mesas han cambiado de forma, de mantel y de vajilla, pero siguen estando repletas de comida. Aunque hace medio siglo había que realizar mayores esfuerzos económicos, los abusos alimenticios no son una novedad sino que, según el nutricionista Villarino, “lo que ha cambiado es que ahora se come con más gula y de forma hedonista”.

Sin embargo, “la navidades de hace 50 años no eran ni más ni menos saludables, lo que sucede es que, al ser un periodo corto de tiempo, no es grave si vuelves a una dieta correcta”, añade.

Imagen de una familia cenando en nochebuena, en los años 70. Efesalud.com

EFE/Remedios

Un equilibrio alimenticio que se altera en este periodo, tanto en la comida como en la bebida, por la costumbre de ingerir altas cantidades de bebidas alcohólicas, lo que puede ser perjudicial para la salud. La recomendación, según la OMS, de no superar las dos copas de vino o de cerveza, tampoco se respetaba décadas atrás, sin embargo, la prioridad era la comida por ser la satisfacción más primaria y placentera.

Actualmente, esta satisfacción intenta ser controlada para no empezar el año con unos kilos de más, un plan que puede no ser efectivo “si se vigila la dieta erróneamente y se vive la exaltación de las fiestas con la bebida”.

Una combinación de alcohol y grasas, cuyo consumo navidad tras navidad, ha provocado un desequilibrio alimenticio asociado a este periodo, en el que la diferencia con la actualidad se encuentra en que el exceso es mayor.

 El juguete necesitado por el juguete querido

Regalos, regalos y más regalos….hoy en día, decenas de paquetes se apiñan al pie del árbol de Navidad. Este aumento del consumo material busca satisfacer las expectativas de los más pequeños para evitar el sentimiento de inferioridad que puede suponer tener menos que los demás niños.

La presión que supone, para padres e hijos, responder a lo que el menor de la casa pide en una carta a los reyes magos, no se producía años atrás dado que los regalos buscaban ser útiles y responder a necesidades. De tal manera que el aumento del consumo ha generado exigencias construidas que, si no se cubren, puede afectar al concepto actual de lo que supone ser felices.

“El concepto del regalo como premio por un buen comportamiento ha cambiado por uno que cubre un vacío emocional”, afirma el psicólogo.

Unos niños prueban las zambombas de un puesto en la Plaza Mayor de Madrid. Efesalud.com

Unos niños prueban las zambombas de un puesto en la Plaza Mayor de Madrid. Efe/Jb

A las compras de la noche de reyes, se suman nuevas ocasiones para regalar, como navidad o amigos invisibles, en las que se duplica la ansiedad por cumplir las expectativas de niños y mayores. Esta evolución ha sido analizada por los sociólogos Javier Callejo y Rebeca Cordero, década a década:

  • En los años 50, el empobrecimiento de la sociedad hacía primar el ambiente y la celebración sobre el obsequio material.
  • En los años 60 y 70 sólo había una fiesta con regalos, la noche de reyes, que apenas llegaba a los mayores de la casa.
  • En los 80 se inicia la mercantilización de las navidades.
  • En la década de los 90 se duplican las fiestas con regalos, a los reyes se suma Papa Noel.

“Ahora el individuo no se siente feliz con lo que tiene, ello genera un cambio de expectativa y consumo”, sostiene la doctora en sociología.

No cumplir con lo que se espera en estas fechas, es decir, no ser capaces de responder a los índices de consumo marcados por la sociedad, puede generar una frustración elevada. La intención de evitar ese compromiso, puede llevar a algunas personas a reestructurar sus prioridades y cambiar aquellas sociales, familiares y solidarias por otras más individuales.

Todo ello genera “unas navidades menos tradicionales, menos en familia, y más relacionales, con amigos”, según el sociólogo Callejo, debido a al cansancio que estas fiestas provocan, por la obligación de mantener una ambiente festivo y solidario constante, “cuando, a lo mejor, no apetece”, subraya el psicólogo Cruz.

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Publicado en: Psicología y bienestar

Los niños de San Rafael

El Hospital San Rafael de Madrid inauguró a finales de 2013 la nueva decoración de su cuarta planta de hospitalización pediátrica. Surgió entonces la idea de instalar pizarras en cada una de las puertas de las habitaciones, donde cada niño o niña pudiera customizar su entorno y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad con el fin de enviar mensajes positivos a todos los profesionales, familiares, amigos y otros pacientes que compartieran in situ su experiencia hospitalaria.

El Hospital San Rafael de Madrid inauguró a finales de 2013 la nueva decoración de su cuarta planta de hospitalización pediátrica. Surgió entonces la idea de instalar pizarras en cada una de las puertas de las habitaciones, donde cada niño o niña pudiera customizar su entorno y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad con el fin de enviar mensajes positivos a todos los profesionales, familiares, amigos y otros pacientes que compartieran in situ su experiencia hospitalaria.

El día a día de Elmo y Ari -banner psicología y bienestar-

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Las navidades de ahora ya no son las de antes, porque nosotros tampoco lo somos. La transformación “del sentido de fiesta familiar y religiosa de la navidad, según el psicólogo clínico Juan Cruz, ha supuesto que, a los compromisos de la familia de sangre se sumen los de la familia adquirida, amigos y compañeros. Una multiplicación de eventos que afecta a nuestro estado de ánimo y a nuestra alimentación.

Este cambio, en el significado de la Navidad, “deriva hacia el ocio y el consumo”, explica la doctora en sociología Rebeca Cordero.

Dos elementos, que en exceso, pueden generar ansiedad y la necesidad de escapar de las obligaciones navideñas, lo que ha dado lugar “a cambiar el viaje al pueblo, para ver a la familia, por el viaje de placer”, añade el profesor de sociología Javier Callejo.

Aquellos que  sí vuelven a casa por navidad,  sucumben a un “delirium eating” en el que “se come y se bebe de manera desaforada”, que no tiene porque ser perjudicial para la salud si, una vez pasadas las festividades, se vuelve a controlar la alimentación, indica Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación.

Dos navidades, la del abuelo y la del niño, cuya comparación pone de manifiesto los cambios en la manera en que vivimos estas fiestas.

Un menú cargado de excesos

Las mesas han cambiado de forma, de mantel y de vajilla, pero siguen estando repletas de comida. Aunque hace medio siglo había que realizar mayores esfuerzos económicos, los abusos alimenticios no son una novedad sino que, según el nutricionista Villarino, “lo que ha cambiado es que ahora se come con más gula y de forma hedonista”.

Sin embargo, “la navidades de hace 50 años no eran ni más ni menos saludables, lo que sucede es que, al ser un periodo corto de tiempo, no es grave si vuelves a una dieta correcta”, añade.

Imagen de una familia cenando en nochebuena, en los años 70. Efesalud.com

EFE/Remedios

Un equilibrio alimenticio que se altera en este periodo, tanto en la comida como en la bebida, por la costumbre de ingerir altas cantidades de bebidas alcohólicas, lo que puede ser perjudicial para la salud. La recomendación, según la OMS, de no superar las dos copas de vino o de cerveza, tampoco se respetaba décadas atrás, sin embargo, la prioridad era la comida por ser la satisfacción más primaria y placentera.

Actualmente, esta satisfacción intenta ser controlada para no empezar el año con unos kilos de más, un plan que puede no ser efectivo “si se vigila la dieta erróneamente y se vive la exaltación de las fiestas con la bebida”.

Una combinación de alcohol y grasas, cuyo consumo navidad tras navidad, ha provocado un desequilibrio alimenticio asociado a este periodo, en el que la diferencia con la actualidad se encuentra en que el exceso es mayor.

 El juguete necesitado por el juguete querido

Regalos, regalos y más regalos….hoy en día, decenas de paquetes se apiñan al pie del árbol de Navidad. Este aumento del consumo material busca satisfacer las expectativas de los más pequeños para evitar el sentimiento de inferioridad que puede suponer tener menos que los demás niños.

La presión que supone, para padres e hijos, responder a lo que el menor de la casa pide en una carta a los reyes magos, no se producía años atrás dado que los regalos buscaban ser útiles y responder a necesidades. De tal manera que el aumento del consumo ha generado exigencias construidas que, si no se cubren, puede afectar al concepto actual de lo que supone ser felices.

“El concepto del regalo como premio por un buen comportamiento ha cambiado por uno que cubre un vacío emocional”, afirma el psicólogo.

Unos niños prueban las zambombas de un puesto en la Plaza Mayor de Madrid. Efesalud.com

Unos niños prueban las zambombas de un puesto en la Plaza Mayor de Madrid. Efe/Jb

A las compras de la noche de reyes, se suman nuevas ocasiones para regalar, como navidad o amigos invisibles, en las que se duplica la ansiedad por cumplir las expectativas de niños y mayores. Esta evolución ha sido analizada por los sociólogos Javier Callejo y Rebeca Cordero, década a década:

  • En los años 50, el empobrecimiento de la sociedad hacía primar el ambiente y la celebración sobre el obsequio material.
  • En los años 60 y 70 sólo había una fiesta con regalos, la noche de reyes, que apenas llegaba a los mayores de la casa.
  • En los 80 se inicia la mercantilización de las navidades.
  • En la década de los 90 se duplican las fiestas con regalos, a los reyes se suma Papa Noel.

“Ahora el individuo no se siente feliz con lo que tiene, ello genera un cambio de expectativa y consumo”, sostiene la doctora en sociología.

No cumplir con lo que se espera en estas fechas, es decir, no ser capaces de responder a los índices de consumo marcados por la sociedad, puede generar una frustración elevada. La intención de evitar ese compromiso, puede llevar a algunas personas a reestructurar sus prioridades y cambiar aquellas sociales, familiares y solidarias por otras más individuales.

Todo ello genera “unas navidades menos tradicionales, menos en familia, y más relacionales, con amigos”, según el sociólogo Callejo, debido a al cansancio que estas fiestas provocan, por la obligación de mantener una ambiente festivo y solidario constante, “cuando, a lo mejor, no apetece”, subraya el psicólogo Cruz.

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