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Medio siglo de corazones solidarios

Han pasado 50 años desde que el doctor Christiaan Barnard logró realizar con éxito el primer trasplante de corazón en humanos, todo un hito en la historia de la medicina. Gracias a su iniciativa, hoy el trasplante cardíaco es una técnica ampliamente utilizada que salva miles de vidas en todo el mundo

Medio siglo de corazones solidarios
La costarricense Blanca Vega, de 63 años, sopla el 4 de julio de 2016 las velas de una tarta para conmemorar los 25 años de su trasplante de corazón, el primero realizado a una mujer en Centroamérica/EFE/Jeffrey Arguedas

El 3 de diciembre de 1967 fue uno de esos días que pasan a la posteridad. En el hospital Groote Schuur, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), el doctor Christiaan Barnard le implantaba a Louis Washkansky, de 54 años, el corazón de la joven Denise Darvall, que había sido atropellada por un automóvil.

El señor Washkansky murió 18 días después de la cirugía como consecuencia de una neumonía debida a los medicamentos inmunosupresores que estaba tomando, por lo que la operación se consideró un éxito y abrió las puertas a otros trasplantes cardiacos en distintos lugares del mundo.

En la actualidad, el trasplante cardiaco es un procedimiento médico muy empleado. De hecho, según datos del Registro Mundial de Trasplantes, en 2016 se realizaron en el mundo 7.023 trasplantes de corazón.

Donantes y posibles receptores

El trasplante es una intervención quirúrgica que consiste en sustituir un corazón irreversiblemente enfermo por uno sano, procedente de una persona fallecida por un problema no relacionado con el corazón.

“El donante tiene criterios de muerte cerebral y mantiene sus funciones básicas por estar conectado a un respirador”, aclaran los especialistas de la Fundación Española del Corazón (FEC).

“La decisión de incluir a un paciente en la lista de espera de trasplante cardiaco se realiza después de una evaluación completa en la que suelen intervenir diferentes especialistas”, comenta el doctor Manuel Gómez Bueno en un artículo publicado en la revista “Salud & Corazón”, editada por la FEC.

En el mismo medio, el galeno añade que “se plantea este tratamiento en personas que padecen una enfermedad cardiaca grave e irreversible, que condiciona un alto riesgo de fallecer en poco tiempo o una importante incapacidad física y que no tienen otras alternativas de tratamiento médico o quirúrgico”.

“Debido a los riesgos que presenta esta cirugía y a la escasez de donantes, es muy importante descartar otros problemas asociados que contraindiquen la práctica de esta terapia”, explica el cardiólogo.

Para decidir si una persona es apta o no para recibir un trasplante, los especialistas tienen en cuenta distintos criterios.

La FEC subraya que en aquellos pacientes en los que el trasplante tiene menor probabilidad de prolongar la expectativa de vida, por ejemplo, si sufre una infección activa, tiene otras enfermedades o debido al consumo de alcohol, tabaco o drogas psicoactivas, no se indica el trasplante.

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Una imagen de 1998 del doctor Barnard, el primero que realizó un trasplante de corazón en el mundo/EFE/Bernd Settnik

En este sentido, se evalúa si la persona padece ciertas patologías como el cáncer. En este caso concreto, el trasplante está contraindicado dado el riesgo de empeorar como consecuencia de la medicación que el paciente tiene que tomar tras la cirugía.

Para incluir o no a una persona en la lista de espera para recibir un trasplante de corazón, también se consideran otros factores como la edad del paciente, la presencia de diabetes, de enfermedad pulmonar avanzada, de enfermedad hepática avanzada o de enfermedad renal crónica, pues el uso de medicamentos inmunosupresores, imprescindibles tras el trasplante, puede empeorar la función renal.

Una vez que un paciente es seleccionado para recibir el trasplante, pasa a formar parte de la lista de espera. El tiempo que trascurre hasta la intervención es variable y depende de distintos factores como la gravedad de la enfermedad cardiaca del propio paciente y la disponibilidad de un corazón compatible.

Trasplante, una técnica muy compleja

Los corazones que se utilizan en los trasplantes proceden de donantes que decidieron, de manera solidaria, donar sus órganos cuando fallecieran o bien sus familiares autorizaron la donación tras el deceso.

En este sentido, la Organización Nacional de Trasplantes de España señala que puede ser donante de órganos “toda persona que en vida decida que, a su muerte, sus órganos sirvan para salvar o mejorar la vida de otros”.

No obstante, esta entidad aclara que aunque alguien quiera ser donante, no siempre es posible, pues se requiere que el fallecimiento se produzca en la unidad de cuidados intensivos de un hospital.

“Es en estas unidades donde es posible realizar la preservación de los órganos y las pruebas necesarias para hacer una correcta valoración de cada potencial donante. Será el equipo médico quien, una vez efectuadas todas las pruebas necesarias, dictamine si el fallecido puede ser donante y de qué órganos”, apunta.

Una vez que el equipo médico cuenta con un corazón compatible para el paciente, comienza la cirugía.

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Hannah Clark, con 16 años, posa junto a sus padres el 13 de julio de 2009, doce años después de ser trasplantada de corazón por el doctor Sir Magdi Yacoub/EFE/Daniel Hambury

El primer paso es la sedación con anestesia general. A continuación, el cirujano hace un corte en el esternón para acceder al corazón y se conecta al paciente a una máquina que mantiene el aporte de sangre oxigenada por todo el cuerpo mientras se retira el corazón enfermo y se implanta el nuevo, un procedimiento que suele durar entre seis y ocho horas.

El doctor Gómez Bueno señala que, tras la intervención, se traslada al paciente a una unidad de cuidados intensivos.

“Los medios de soporte son progresivamente retirados y, si todo va bien, el paciente suele subir a planta al tercer o cuarto día. Allí permanecerá aproximadamente una semana, en la que se vigilará la herida quirúrgica y comenzará el tratamiento inmunosupresor para prevenir el rechazo”, indica el doctor.

También añade que, entre las complicaciones que pueden aparecer en esta fase “figuran la disfunción del corazón trasplantado, hemorragias, infecciones y rechazo agudo. Nueve de cada diez pacientes reciben el alta hacia el décimo día tras la intervención”.

“Más del 80% de las personas trasplantadas sobreviven al primer año y, más de la mitad, viven más de 12 años con una buena calidad de vida. Esto se consigue gracias a un tratamiento inmunosupresor que previene el rechazo del órgano extraño. Eso sí, a costa de predisponer al paciente trasplantado a ciertas complicaciones como son algunos tipos de infecciones, la insuficiencia renal, la enfermedad coronaria del injerto o la aparición de tumores, especialmente de tumores en la piel”, puntualiza la FEC.

 

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