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¿Es prioritaria la maternidad?

El ahorro de dinero, el progreso profesional y viajar son las preferencias de las mujeres españolas reveladas por la Encuesta “Prioridades de la mujer antes de ser madre”.  La edad media a la que las mujeres tienen su primer hijo continúa retrasándose. En 1975, según los primeros datos del INE, se situaba en 25,25 años, mientras que en 2016 esta media se ha pospuesto a los 30,79 años

¿Es prioritaria la maternidad?
EFE/Nina Tramullas

Con el paso de los años las prioridades de las mujeres se han modificado, y algunos deseos que años atrás figuraban en su imaginario colectivo como secundarios han cobrado mayor protagonismo. Los cambios en la forma de vida, en la concepción de las familias e, incluso, en los avances en anticoncepción han reforzado esta tendencia.

El objetivo principal de esta encuesta, promovida por HRA Pharma, es conocer las preferencias de las mujeres ante la maternidad, y explorar la percepción y el uso de anticonconceptivos de emergencia en España.

Los resultados de este estudio se desprenden de 1.000 entrevistas online a mujeres entre 18 y 45 años, a través de tres generaciones:

  • Generación Z: mujeres de 22 años, solteras, estudios medios, sin hijos, sin empleo. Un 92 % están preocupadas por un embarazo no planificado, pero el 33 % ha tenido relaciones sexuales sin protección en el último año.
  • Millennial: mujeres de 30 años, en pareja, con estudios superiores, sin hijos y trabajando. El 69 por ciento se muestran preocupadas por un embarazo no planificado, pero el 19 por ciento tienen relaciones sexuales de riesgo.
  • Generación X: mujeres de 38 años, en pareja, estudios superiores e hijos, con trabajo. El 65 % preocupadas por un embarazo inesperado. Un 19 por ciento no ponen medios para evitarlo.

Explicaciones del retraso

El retraso en la llegada del primer hijo “se debe principalmente, a que las mujeres prefieren tener una situación laboral y económica asentada antes de tomar una decisión sobre la creación de una familia. Además, esta decisión suele ser independiente de estar casadas”, afirma la doctora Mila Cahue, psicóloga especialista en relaciones de pareja.

La doctora también destaca que esta preocupación es mas patente en la actualidad debido a que hace años las familias se formaban dando prioridad al trabajo del hombre, y a que la maternidad solía estar apoyada por su pareja. “Hoy en día esto puede ocurrir, o no, y la mujer se puede plantear tener hijos tanto dentro del contexto de pareja como fuera, y para eso necesita seguridad económica, que antes la proporcionaba la pareja y que, en ese caso, se la proporciona ella misma”.

“Yo pregunté: si a ti ahora mismo te aseguran que tu embarazo no va a afectar ni a tu trabajo ni a tu carrera profesional, ¿te quedas embarazada? Y la respuesta fue: ahora mismo”

Al 78% de las mujeres solteras le preocupa quedarse embarazada y considera que el embarazo afectaría a su vida social y laboral (esta cifra desciende al 66% si hablamos de la totalidad de las mujeres). El 67% de ellas reconoce tener miedo a perder oportunidades laborales en caso de quedar embarazadas.

La doctora pone el foco sobre lo que más atención le llamó del estudio: las mujeres no tienen miedo al embarazo, sino a las consecuencias -sobre todo laborales- de este.

Conductas sexuales de riesgo

Las mujeres pasan entre 30 y 40 años de su vida intentando evitar un embarazo mediante distintos métodos. Ante el fallo de alguno de ellos, el 58% de las mujeres valoraría la posibilidad de recurrir a la píldora del día después para evitar un embarazo no planificado. De ellas, un 27% reconoce que acudiría a esta “seguro”, mientras que el 31% reconoce que lo haría “probablemente”.

Pese a querer evitar el embarazo, un 22% de las mujeres ha tenido una relación de riesgo en el último año. Dentro de este porcentaje, destaca el perfil de las estudiantes (un 37% practica relaciones sexuales sin protección), seguidas de mujeres que ya han sido madres anteriormente (26%).

En cuanto a las mujeres que mantuvieron alguna relación de riesgo, lo hicieron por los siguientes motivos:

  • Un 21% de ellas por pensar que la posibilidad de quedarse embarazada era escasa
  • Un 18% mantuvo relaciones de riesgo por no disponer de métodos anticonceptivos disponibles en ese momento
  • Un 21% confió erróneamente en su ciclo menstrual para eludir los días fértiles
  • Un 14% utilizó la marcha atrás por considerarla un método seguro

El doctor Ezequiel Pérez, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Requena (Valencia), explica que la juventud sea la época en la que predominan las relaciones sin protección como un compendio de factores: menor conocimiento de los riesgos -en general- por recibir una información más sesgada, sobre todo a través de Internet y, por otra parte, por ser el momento de eclosión de la sexualidad. “Es cuando se descubre y cuando se tienen mayores pulsiones, una tendencia que, más tarde, se atempera y se modula”.

Pero pese a los datos anteriores, el doctor rompe una lanza a favor de la juventud: “Cada vez tienen un comportamiento más sensato y de acuerdo a las necesidades racionales”.

En cuanto al uso de los métodos tradicionales para evitar el embarazo, el doctor destaca que son empleados por un porcentaje muy pequeño de mujeres en edad fértil. No obstante, advierte de que esta conducta es “un gran error porque la ovulación es muy impredecible y sufre grandes variaciones, ya que depende de muchas circunstancias, por lo que tiene un altísimo porcentaje de fallo”.

Educación sexual precoz

El doctor Ezequiel Pérez considera que una labor educativa desde que los niños son pequeños, con contenidos que puedan entender, es fundamental para lograr derribar falsas creencias. “Los niños son listos y no hay que contarles una milonga porque lo van entendiendo paulatinamente, como cualquier otra cosa de la vida”.

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Adolescentes se manifiestan por una “educación sexual real” frente al Parlamento en Londres (Reino Unido) en 2012/Andy Rain

De hecho, los países que integran la educación sexual desde edades tempranas tienen las tasas más bajas de embarazo adolescente, frente a aquellos en los que no se trata este tema en las escuelas o con la familia. Lo deseable es “una educación en la que los niños sepan que la sexualidad forma parte de nuestra vida como la alimentación, la educación vial o como aprender nuestros ríos y literatos”, apunta el ginecólogo.

Los enemigos de este posicionamiento afirman que esto favorece la promiscuidad, pero una educación sexual precoz guiada por profesionales logra que las personas adquieran posturas asertivas para que decidan lo que quieren hacer, en qué momento, y para que lo hagan con cabeza, opina este especialista.

Ezequiel Pérez considera que aún hay muchos miedos y mitos, desconocimiento y machismo. De ahí la importancia de la educación. “La actividad sexual no es una competición, sino una actividad humana que nos tiene que dar felicidad a cada uno como la plantee, como le guste y como le dé satisfacción, y no tiene que vivirse de acuerdo a un modelo único, sino como cada uno libremente decida“.

 

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