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Los retos de la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es el paradigma de las enfermedades que producen demencia en humanos. En estos últimos años los avances en su conocimiento se han concentrado en la investigación de los procesos que llevan a la pérdida de neuronas, lo que denominamos neurodegeneración. El doctor Guillermo García Ribas, neurólogo, analiza esta dolencia en su Día Mundial

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Los retos de la enfermedad de Alzheimer
Las manos de una persona mayor teclean una vieja máquina de escribir. EFE/Sashenka Gutiérrez

El alzhéimer, una de las enfermedades que más temor provocan en la actualidad en todo el mundo. En la conmemoración de su Día Mundial, el 21 de septiembre, el doctor Guillermo García Ribas, coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencia de la Sociedad Española de Neurología (SEN) y especialista del hospital Ramón y Cajal de Madrid, analiza el momento actual de esta patología.

Los retos del alzhéimer

por Guillermo García Ribas

En las enfermedades neurodegenerativas se produce un depósito anormal de proteínas y las proteínas son uno de los constituyentes básicos de las células. Sirven para crear la estructura interior celular y para contactar unas células con otras estableciendo poros, canales y uniones. Todavía no está completado el número total de proteínas que existen en la naturaleza, aunque se estima que los humanos tenemos unas 10.000 proteínas distintas y cada una de nuestras células puede contener entre 800 a 900 millones de proteínas.

Recordemos que un cerebro humano tiene unas 160 mil millones de células, de las que la mitad son neuronas. El manejo de estas cantidades a nivel microscópico (no hay ninguna neurona que pueda ser visible sin la ayuda de un buen microscopio) explica la gran dificultad en la investigación de estas enfermedades. Las proteínas se encuentran disueltas dentro de la célula y esto permite que la célula pueda utilizarlas. Cuando se alteran, precipitan formando agregados que la célula se ve incapaz de manejarlas.

El neurólogo Guillermo García Ribas. Efesalud.com
El doctor Guillermo García Ribas. Foto facilitada por la Sociedad Española de Neurología

Un ejemplo de la vida cotidiana lo tenemos en nuestra cocina. La clara del huevo está compuesta básicamente de una proteína denominada albúmina. En condiciones naturales es soluble y la podemos disolver, pero si la calentamos se cuaja y se vuelve dura. Aunque luego la enfriemos no vuelve otra vez a su estado previo y no podemos disolverla para deshacernos de ella.

En la enfermedad de Alzheimer ocurre un proceso similar. Un fragmento de una proteína denominado péptido amiloide y otra proteína denominada tau se agregan volviéndose insolubles y se depositan entre las células cerebrales y dentro de las neuronas produciendo alteraciones en la conectividad cerebral y pérdida de neuronas. No sabemos bien la rapidez de este proceso. Probablemente sea muy lento en fases iniciales y luego se acelere a medida que progresa la enfermedad. Esto explicaría por qué la evolución de la enfermedad no es lineal y tiene fases de empeoramiento más rápidas.

La marca del alzhéimer

El diagnóstico de estas lesiones cerebrales que son la “marca” de la enfermedad de Alzheimer solamente se puede hacer evaluando grandes partes del cerebro a través de un microscopio. Por tanto, en vida de un sujeto el diagnóstico es siempre de probabilidad. Cuando una persona anciana pierde facultades progresivamente, con olvidos frecuentes y se hace necesaria una supervisión y ayuda para que pueda seguir llevando sus actividades diarias, casi con toda seguridad encontraremos depósitos de proteína beta-amiloide y tau, las lesiones cerebrales que caracterizan a la enfermedad de Alzheimer.

Por tanto, nuestra capacidad diagnóstica en este tipo de personas es muy alta. Pero empezamos a saber que cuando la persona manifiesta estos fallos tan evidentes la enfermedad y las lesiones características que ocurren en el cerebro, llevan muchos años produciéndose. Así que desde hace una década se está investigando en obtener marcadores biológicos que predigan la presencia en una persona de los depósitos de beta-amiloide y tau. Por ahora la identificación de estos biomarcadores está en fase de investigación, pero los resultados son muy prometedores. Esto permitirá diagnosticar la enfermedad antes de que el sujeto presente un deterioro mental evidente.

Como ejemplo de la investigación en marcadores, recientemente se han descubierto compuestos que son capaces de fijarse al péptido beta-amiloide y emitir una señal radiante captada y procesada mediante técnicas de imagen de medicina nuclear. Estos compuestos empezarán a estar disponibles para ayudarnos en el diagnóstico más precoz de la enfermedad de Alzheimer.

Los retos de la investigación

Los retos de investigación en el tratamiento de la EA se están focalizando en la obtención de “vacunas” que sean capaces de fijarse a las proteínas anormales y retirarlas del cerebro. Otra vía de investigación son fármacos que bloquean la producción de péptidos amiloide. La investigación farmacológica es larga y no probablemente veremos resultados aplicables en la clínica hasta dentro de una década más.

Conocemos que estos depósitos anormales y la pérdida de las neuronas no ocurren al azar en la EA. En las dos terceras partes de los pacientes, las neuronas que más se afectan inicialmente son las que intervienen en los procesos que utilizamos para memorizar las cosas que hacemos en el día a día (nuestros “recuerdos”). Por eso los primeros síntomas que aquejan los pacientes son dificultades para recordar citas o acontecimientos que han ocurrido recientemente.

Todos tenemos lapsus de nuestra memoria y olvidos benignos, pero se pueden diferenciar porque con esfuerzo mental y con claves o pistas que nos faciliten, podemos volver a recordar ese hecho, palabra o nombre de una persona. Por lo general, la pérdida de memoria que hace sospechar que haya una enfermedad de Alzheimer es la que se dan más cuenta los que rodean al paciente que la propia persona. Por eso se han desarrollado cuestionarios que pueden contestar los familiares de una persona allegada y que nos permiten discriminar si su manera de comportarse hace necesaria una valoración médica.

Tres árboles que semejan tres cabezas donde se pierde parte del cerebro progresivamente en alusión al alzhéimer. Efesalud.com
Imagen cedida por el Grupo Quirón alusiva a la enfermedad de Alzheimer

La Confederación Española de Asociaciones de Familiares de personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias (CEAFA) ha desarrollado una página web (http://www.problemasmemoria.com) que ofrece cuestionarios validados para valorar si debemos recomendar a un familiar o amigo la necesidad de ser evaluado en detalle.

Hasta que lleguen posibles tratamientos capaces de modificar las lesiones que produce la EA, ¿qué podemos hacer nosotros? De momento no podemos evitar que se acumulen las proteínas y se mueran las neuronas, pero sí podemos retrasar las manifestaciones clínicas de estas alteraciones.

Parece lógico que, someter a nuestro cerebro a un entrenamiento diario, pueda retrasar la aparición de los síntomas de la enfermedad. También sabemos que los factores de riesgo vascular influyen negativamente en la viabilidad de las neuronas sometidas al entorno que generan las proteínas alteradas. Finalmente, una alimentación equilibrada, rica en nutrientes que tengan propiedades estabilizadoras de las membranas neuronales, pueden retrasar los síntomas de esta enfermedad.

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