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Las dos sonrisas de la erección

La felicidad conyugal de Carmen y Manuel ha vuelto a su hogar para quedarse sine díe. Este matrimonio cordobés que ronda los sesenta, tiene dos hijos y varios nietos, se ha mostrado en efesalud para contarle a otras parejas que las pastillas contra la disfunción eréctil recetadas por un médico pueden normalizar la vida sexual

Todo empezó con un análisis de sangre hace ya una decena de años. A Manuel Cabrera, albañil de profesión, le diagnosticaron un cáncer de próstata y su vida se vino abajo; pero no por el tumor, que lo extirparon, sino porque en el camino… su pene había perdido la erección. Su mujer, Carmen Montenegro, por entonces ama de casa, lo recuerda muy bien: “Se levantaba de la cama y decía que no valía para nada; ni para trabajar ni para mí. Quería morirse”.

Manuel la escucha con atención, casi con veneración. Mira al cielo, piensa y nos cuenta: “De buenas a primeras compruebas que eres un inútil. No tener una erección me afectaba muchísimo… y a mi pareja también -a mí no tanto, puntualiza ella, que yo me apaño-. Si uno quiere disfrutar cree que su mujer también. Me sentía mal, muy mal, muy mal”.

Su médico, Rafael Prieto Castro, presidente de la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva (ASESA), tiene buena memoria: “Era una persona joven y vino a la consulta porque no disfrutaba de unas relaciones sexuales satisfactorias. Un hombre que padece disfunción eréctil (DE), independientemente de la causa que la origina, tiene una enfermedad”.

El Dr. Rafael Prieto. EFE / GRB

Relaciones de pareja con medicina

Manuel llevaba varios años sin poder hacer el amor con su mujer. La pareja había empezado a desmoronarse, aunque ella rebosara paciencia: “Me preocupaba más por él que por mí. Yo también lo necesitaba, pero su angustia era lo más importante. Se levantaba desesperado y se acostaba igual de desesperado… mirarme, tocarme y no poder hacerme el amor… era una impotencia muy grande. Me sentía dolida porque él sufría y yo no podía hacer nada… ni caricias, ni esto, ni lo otro; nada”.

Y cuando él pensaba que estaba mutilado -“muerto”, como recuerda el doctor Prieto- se asomó la chispa de la esperanza. Empezó el tratamiento con inyecciones. El médico rememora ese instante: “La primera vez que le pinché y tuvo una erección, se emocionó. Hacía mucho tiempo que no se veía el pene erecto. Es una cosa que vemos todos los días en la consulta y para mí es una sensación de normalidad. Se fue de la consulta diciendo que ya tenía el pene como antes”.

Pero la chispa se quedó solo en eso, en chispa. No prendió. “La erección duraba dos segundos con las inyecciones -asegura Manuel-. Era como si le diera un caramelo a mi mujer e inmediatamente se lo quitara sin siquiera probarlo. Y encima, el tratamiento era carísimo -¡Nos habíamos gastado tanto dinero… para eso!, añade Carmen-. No funcionaban”.

El doctor Prieto tercia en la cuestión: “Las inyecciones forman parte del tratamiento de la rehabilitación para que el pene vaya volviendo a su naturaleza. Las pastillas, como la viagra cumplen su misión a continuación, de forma satisfactoria en un alto porcentaje de pacientes. El varón recupera la capacidad de erección en más de un 95% de las ocasiones”.

El vigor de las pastillas

Pero la vida está llena de obstáculos y como dice un refrán ‘a perro flaco no le faltan pulgas’. Manuel sufrió un problema cardiológico en aquel momento de la recuperación, la mitad de su corazón quedó maltrecho por un infarto y, consecuentemente, hubo un parón en el tratamiento para restablecer la erección. Otros dos años sin relaciones sexuales con penetración. “Si yo hubiera sido otro tipo de mujer no hubiera aguantado”, concluye Carmen.

Menos mal que ‘no hay enfermedad que dure cien años, ni cuerpo que la aguante’. Manuel encontró la solución a su problema que tanto deseaba, las pastillas contra la disfunción eréctil, y sus relaciones de pareja fueron mejorando poco a poco. “La enfermedad no se cura de un día para el otro”, nos dice su mujer mirándole con ternura… “lo importante es que empecé a ser un hombre normal”,  responde Manuel, dejando escapar una sonrisa.

La Dra. Ana Puigvert. EFE / GRB

Para los especialistas, como la doctora Ana Puigvert, del Instituto de Andrología y Medicina Sexual de Barcelona, “el hombre se define, entre otras cosas, por tener un pene erecto y si la expresión de su sexualidad no se traduce en el instante preciso, provoca problemas muy serios: cuadros depresivos, ansiedad, falta de diálogo y compenetración con la pareja o dificultades en el ámbito social y laboral”.

Un 20% de los hombres con una edad entre 25 y 75 años sufre disfunción eréctil. Si se reduce la horquilla de prevalencia de la enfermedad, un 40% o 50% de todos los varones mayores de 50 años va a sufrir un problema de erección en algún grado.

“Todos los fármacos legales que han salido al mercado, siendo el primero viagra hace quince años, son como la piedra filosofal. Nos han abierto una ventana impresionante: al paciente le concede actividad sexual satisfactoria con una sola dosis y los profesionales disponemos de un tratamiento eficaz, seguro y muy bien tolerado”, razona Puigvert.

Disfunción eréctil y corazón

No todos los hombres que sufren DE están diagnosticados. En España, 500 médicos comprobaron en un estudio que solo emergen un tercio de ellos, y de esta tercera parte solo se tratan la mitad. Una de las razones, “que el varón va poco al médico”, afirma el doctor Prieto. Y es en la consulta, “donde hay una persona con bata blanca o sin ella, pero con un título”, el sitio idóneo para descubrir las causas de la patología. “No por lo que diga el vecino del quinto o por lo que se cuente en una farmacia”, asevera Prieto.

La disfunción eréctil (DE) es un chivato, normalmente de una enfermedad cardiovascular –aclara-. Estudios publicados por cardiólogos demostrarían que el 93% de los pacientes con factores de riesgo, como diabéticos, hipertensos o grandes fumadores, sufrirán un infarto de miocardio o un derrame cerebral tres o cuatro años después de que se encienda la luz roja”.

Carmen y Manuel en la consulta del Dr. Prieto en el Hospital La Arruzafa de Córdoba. EFE / GRB

El corazón de Manuel sabe de estas cosas y por eso no falla cuando tiene una cita con su médico. Sus consejos y recetas le han dado mucha calidad de vida: “Me encuentro alegre, más a gusto; mejor. Es indiscutible”.  Ahora es un hombre que se siente “bien, bien, bien” y que se relaciona “estupendamente” con su mujer, “aunque a veces dura más o menos -precisa Carmen-como antes de la prostatectomía”.

Sobre esta cuestión cardiovascular, el doctor Rafael Prieto especifica que los pacientes con patologías recientes no pueden tomar pastillas contra la DE, no siendo así en un varón rehabilitado y dado de alta por su médico -infarto, bypass, stent coronario, angina de pecho, etc-. “No pasa nada; al contrario, las pastillas son vasodilatadores y en absoluto están contraindicadas, siempre bajo prescripción médica”.

Y como no podía ser menos, en todas las historias de amor hay un pero… y en esta pareja, que se conoció en la adolescencia y que atesora 9 años de noviazgo más 36 de matrimonio, es un pero que la embellece aún más. Carmen se puso a trabajar en el servicio doméstico para sufragar los gastos de los tratamientos “que cuestan un pico -se queja-. No es un capricho, mi marido sufrió un cáncer y se quedó lesionado. Necesitamos ayuda económica”.

Un final feliz para Manuel y Carmen. EFE / GRB

Manuel tenía entonces 49 años y se tuvo que jubilar. “Cobro una paga pequeña y afrontar el problema supuso un gran desembolso económico… es algo de dos -apostilla Carmen orgullosa- y lo importante es que hemos vuelto a ser una pareja. Hemos pasado momentos muy difíciles, no solo en las relaciones sexuales”. La disfunción eréctil casi gana la batalla al corazón.

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