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La ‘factura’ que los fraudes bancarios pasan a la salud

¿Pasan factura los fraudes bancarios, como preferentes o hipotecas multidivisa, a la salud de quienes sufren la pesadilla? Los datos preliminares de un estudio apuntan a que la salud física, y sobre todo mental, de la población afectada paga las consecuencias del estrés, la lucha y la desesperación

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La ‘factura’ que los fraudes bancarios pasan a la salud
EFE/Brais Lorenzo

Es fácil imaginar (y difícil vivir) cómo un fraude bancario puede quitar el sueño y la tranquilidad para introducir a sus víctimas en una situación de nervios, depresión, incertidumbre y agotamiento.

Historias de injusticia y desesperación que los fraudes bancarios han convertido en algo tangible para muchos afectados y de las que hemos sido espectadores en los medios de comunicación

Pero, ¿estos fraudes también pueden quitar la salud? Para intentar dar respuesta, un estudio sin precedentes realizado por el comité científico de la Fundación Finsalud analiza la relación entre los fraudes bancarios (por preferentes y por hipotecas multidivisa) y la salud.

Dicha investigación, bajo el nombre de “La salud de las víctimas de fraudes bancarios ocurridos en España en el periodo 2008-2013”, cuenta con la autorización del comité de ética del Hospital La Paz de Madrid.

Tal y como explica el doctor Ángel Otero, principal investigador del proyecto y también profesor de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Autónoma de Madrid, según la legislación española “siempre que se trabaja con personas, los proyectos de investigación, si son serios, tienen que estar avalados por un comité de ética”.

Milena Gobbo./ Imagen cedida por la Fundación Finsalud
Milena Gobbo./ Imagen cedida por la Fundación Finsalud

“Demostrar que existe una relación entre perder el dinero en un fraude bancario y la calidad de vida y la salud de las personas que lo han perdido” es lo que se pretende con el estudio, señala Milena Gobbo, psicóloga y también autora del estudio junto al doctor Otero y la epidemióloga social y profesora en Canadá María Victoria Zunzunegui.

Otro objetivo, que señala el doctor Ángel Otero, es demostrar también lo que se conoce como ‘dosis respuesta’, es decir, “cuando hay una causa que produce daño en la salud, cuanta más dosis ‘hayas tomado’ de esa causa más riesgo tienes. Demostrar que de estas personas, quien haya sufrido un fraude mayor (midiendo lo que supone un fraude para cada uno), más efecto en la salud habían mostrado”.

Gobbo, totalmente inmersa en el proceso, explica que “el rol que ha ejercido la persona que está en el banco es el mismo rol de conocimiento y autoridad que ejerce un médico”. Así, “el agente del banco para estas personas era el experto, el que les aconsejaba lo que era mejor y por ese motivo confiaban en él”, añadiendo que “no es un error, porque sabían perfectamente en lo que les estaban metiendo”.

Un escenario con muchas implicaciones porque a la situación económica se añade “una sensación de estafa, percibida incluso como una vergüenza”, que lleva a muchos afectados a ocultarlo, algo que además “deteriora la autoestima en cada mes, cada año, que se pasa en el proceso”.

Una hipótesis alarmante con datos preliminares que la sustentan

La hipótesis explicativa del estudio “es que el fraude financiero produce unas dificultades económicas, vergüenza, culpa, problemas familiares, cambios de conducta, como aumento del consumo de tabaco y alcohol, y sedentarismo”, señala la experta, lo que se traduce en “mala salud física, malestar psicológico y pésima calidad del sueño”.

Situaciones y cambios conductuales que llevan a la hipótesis de que “las probabilidades de riesgo cardiovascular y las enfermedades autoinmunes muy relacionadas con la inflamación”, como la enfermedad inflamatoria intestinal o enfermedades reumáticas aumenten.

De momento, la investigación cuenta con primeros datos preliminares de más de cien personas. La investigadora explica la dificultad de saber la muestra que se necesita “porque no sabemos el tamaño del efecto”, aunque “el análisis preliminar nos ha dado unos resultados con unas diferencias tan importantes que creemos que podemos disminuir el tamaño muestral que habíamos estimado y conseguir igualmente resultados fiables”.

Además, la dificultad también reside en el difícil acceso a la población afectada, pues se trata de una población “oculta, sumergida”, que además ha tenido ya una mala experiencia que dificulta aún más el acceso. Información además “muy laboriosa y contrastada para mantener el rigor científico”, añade el doctor Otero.

Por eso, Gobbo señala la importancia de que se conozca el estudio para que quien quiera participar en la investigación pueda contactar con ellos a través de FinSalud.

La salud mental, especialmente dañada

La experta insiste en la importancia de que “no son datos oficiales, sino preliminares, por lo que hay que ser muy cautos”, aunque las diferencias encontradas son “tan importantes que con este estudio y algunos más en esta línea estará más que probado que la relación existe”.

una señora sujeta en una manifestación una pancarta que reza "basta de abusos de la banca"
EFE/Juan Carlos Cárdenas

Estos primeros resultados apuntan a que la salud mental es la que más sufre las consecuencias de los fraudes bancarios, aunque la física también se vería afectada.

Con respecto a salud física, la experta señala que se ha hecho “una división de los datos que tenemos hasta ahora entre los que han sido estafados con preferentes y con hipotecas multidivisa. Dos grupos de población diferentes con el primero de una edad media más alta y el segundo formado en su mayoría por gente más joven, para que el argumento de que están mal de salud porque son mayores se destruya”.

Así, se han comparado datos de afectados por preferentes con los datos publicados de la última Encuesta Nacional de Salud en edades similares (entre los 55 y 65 años) “y se observa que los afectados tienen una salud regular o mala en el 80% de los casos frente al 40% que refleja la Encuesta Nacional de Salud, es decir, el doble”.

En los afectados por hipotecas multidivisa, al ser más jóvenes, los porcentajes disminuyen en su valor absoluto, pero en cambio las diferencias son aun más llamativas al compararlos con la población general. “El 70% de los afectados tiene una salud regular o mala frente a la población general, con un 20% de salud regular o mala según la Encuesta Nacional de Salud para el rango de edad de entre 35 y 45 años”, indica.

En salud mental, “los afectados por preferentes tienen una salud regular o mala en el 90% de los casos, frente a un 20% en la Encuesta Nacional de Salud”. En los afectados por hipotecas multidivisa, “el resultado es todavía peor: una salud mental regular o mala en el 95% de los casos, mientras que en la encuesta nacional de salud sólo se refleja en un poco más del 10% de los casos”, indica la experta según estos datos preliminares.

La calidad del sueño es otro componente con datos preliminares, siendo “mala o muy mala en un alto porcentaje”. La comparación se ha hecho con la encuesta de Barcelona (a falta de otros datos), según la cual el 70% de personas duermen 7 o más horas. Sin embargo, cuando hablamos de afectados por hipotecas multidivisa, y según datos no definitivos, el porcentaje bajaría a una 40% y en afectados por preferentes a un 20%.

De momento, en el terreno físico destacan los dolores, sobre todo de espalda y cabeza. En el mental, depresión y sobre todo ansiedad.

Datos no definitivos pero tremendamente significativos por su contundencia. Para Milena Gobbo, el objetivo del estudio es “poner la situación de manifiesto” para conseguir que se destine dinero e investigación para que nuevos estudios refuercen lo que, de momento, parece evidente.

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