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Juan Gérvas y Mercedes Pérez: “La medicina actual nos convierte en premuertos”

El sistema sanitario nos expropia la salud al arrebatarnos el derecho a decidir por nosotros mismos, afirman los doctores Mercedes Pérez-Fernández y Juan Gérvas, quienes consideran que la medicina actual nos crea miedos convirtiéndonos en “premuertos” y en fanáticos de la salud

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Juan Gérvas y Mercedes Pérez: “La medicina actual nos convierte en premuertos”
Los doctores Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández, autores de "La expropiación de la salud". Fotos cedidas por la editorial "Los Libros del Lince".

“La expropiación de la salud” (Editorial Los Libros del Lince) es el nuevo trabajo de este matrimonio de médicos generalistas, investigadores y docentes en la Universidad Autónoma de Madrid, ya jubilados de la práctica clínica, que defienden una medicina prudente y humana frente a otra sin límites que genera una sociedad “médico-dependiente” que precisa saber “qué grado de salud tiene”.

  •  ¿Por qué afirman que el sistema sanitario nos ha expropiado el derecho a decidir?

Juan Gérvas.- Por ejemplo, es muy difícil morir en casa, empieza a estar mal visto. Y lo que sí está muy mal visto es parir en casa…En este sentido nos están expropiando nuestra capacidad de decidir.

Mercedes Pérez-Fernández.- En la enfermedad, el médico tiene bastante que decir pero al paciente no se le puede quitar su opinión. En la prevención hay factores de riesgo que el médico trata como enfermedad, como la hipertensión… Yo separo las enfermedades de los problemas que son sanitariamente evitables. Pero, a veces, estamos haciendo un papel de brujos, de sacerdotes con la salud como obsesión, como meta.

  • Dedican el libro a sus pacientes “cuya dignidad de enfermos defendimos siempre” ¿Qué provoca esa indignidad?
Portada del libro “La expropiación de la salud” de los doctores Mercedes Pérez-Fernández y Juan Gérvas.

M.P.- La dignidad del paciente es nuestra propia dignidad. Empieza en cómo los recibes en una consulta limpia y ordenada, que le des la mano. Ni una mesa, ni un ordenador entre el médico y el paciente. Cada paciente es único y hay que atenderle como tal.

J.G.- Los médicos suecos no escriben en el ordenador delante del paciente. Acabamos de participar en una campaña en la que pedimos que desaparezca la bata abierta por detrás que llevan los hospitalizados. Nos parece el símbolo de la indignidad, de que no se respeta la capacidad del ser humano de decidir su autonomía, sus intereses, sus miedos, sus creencias, sus valoraciones. Hay gente que prefiere morir con la pierna en su sitio antes de que se la corten.

  • Critican una medicina imprudente y sin límites que provoca miedo al futuro, al envejecimiento y a la muerte a una sociedad drogada con medicamentos muchas veces innecesarios.

J.G.- El timo del “tocomocho” aprovecha la ingenuidad y la codicia de la persona que pica. Lo que hace la medicina es “tocomocho”: hay una colusión o amalgama de intereses que creen o quieren creer que es posible cosas como que la juventud es eterna. La medicina mete miedo permanentemente y en lugar de disfrutar de la vida, tememos perderla. Esto nos convierte en “premuertos” (prediabéticos, prehipertensos, preimpotentes..), nos avisan de una “premuerte” cuando debería ser lo contrario y ese miedo nos convierte en fanáticos de la salud.

M.P.- En fanáticos y en enfermos porque… ¿qué es un enfermo? El que va al médico, al que recetan…

  • “La búsqueda de la salud por la salud es un síntoma de mala salud pues se deja de disfrutar de la vida”, apuntan. Consumimos salud pero nunca estamos satisfechos.

M.P.- Estamos sanos, no lo sabemos y no lo disfrutamos.

J.G.- La búsqueda de la salud nos lleva de una prueba a otra, es una cascada. Es más el daño que se hace a la persona, que el beneficio y el coste que eso tiene. No es el engaño, es el daño. Si la salud nos convierte en temerosos, estamos siendo en cierta manera terroristas porque estamos quitando la oportunidad del disfrute de la vida. Es cierto que este engaño genera beneficios inconmensurables, no solo medicamentos, también aparataje y tecnología, pero el problema es que provoca daño al paciente.

  • Escriben en su libro: “Las industrias y empresas inyectan miedo y crean necesidades. Las sociedades médicas, que se presentan como científicas, resultan ser la promoción comercial de las industrias…”

J.G.- Es la industria farmacéutica, tecnológica, alimentaria, de gestión…todas alrededor de crear enfermedad, de secuestrar, de expropiar la salud para que la población no pueda decidir y se le den hechas cosas que impliquen consumo. No podríamos vivir sin esas industrias, pero de ahí a que su negocio sea que vivamos alrededor suyo, hay una diferencia. La industria tecnológica está consiguiendo más retorno que la farmacéutica y sin el coste de la mala prensa. Y las sociedades científicas, ¿qué transparencia tienen? Prácticamente ninguna. Pueden recibir cientos de millones de euros de la industria. Y ya no son solo las sociedades falsamente llamadas científicas, sino las asociaciones falsamente llamadas de pacientes que están criadas a las tetas de las industrias y las representan de una manera torticera.

  •  Defienden una medicina prudente, con límites y de rostro humano. ¿Esa es la que han ejercido ustedes?
Autorretrato de los doctores Juan Gérvas y Mércedes Pérez-Fernández. Foto cedida por la editorial Los Libros del Lince.

M.P.- Trabajé en ambulatorio y en un centro de salud en San Blas. Se pensaba que todo se iba a resolver con la prevención y se imponían protocolos que yo nunca hice, hacer pruebas a personas sanas para convertirlas en enfermos. Siempre he tenido que defenderme, he estado al borde del expediente.  Pero la mayor satisfacción es que estamos consiguiendo una corriente de gente joven que tome la antorcha, con otra visión de lo que puede ser la Medicina en la que no puede haber café para todos, no puede haber esa rigidez.

J.G.- Somos personas que hacemos lo que decimos. Hemos sido funcionarios leales pero muy rebeldes, hemos sentido que el dueño era el paciente y que el gerente era un intermediario. Nunca hemos recibido a los representantes de la industria farmacéutica, nunca hemos ido a congresos que cuesten más de 50 euros. Si hemos dicho que no hay que poner la vacuna de la gripe, no la ponemos, pero al mismo tiempo hemos sido misericordiosos, si un paciente nos la pedía se la poníamos. Nuestros compañeros nos adoran porque hemos tenido piedad con ellos como con nosotros mismos. No somos tan duros como para ser fanáticos. Nunca hemos sido arrogantes, sino elegantes. Hay que respetar la dignidad de los pacientes, de los compañeros y la nuestra propia. Tenemos una recompensa científica y profesional ya que al final de la vida seguimos creando y teniendo eco.

  • También critican el excesivo énfasis en la búsqueda de un diagnóstico cuando, dicen, lo que hace falta es una toma de decisión juiciosa con o sin diagnóstico.

M.P.- La búsqueda heroica del diagnostico. El diagnóstico puede ser precoz, pero lo que tiene que ser es oportuno. El diagnóstico es ponerle al paciente una etiqueta…

J.G.-…Bipolar, por ejemplo. Se trata de una persona que sufre y al etiquetarle así se convierte en un puro objeto que se manipula y se expropia, se desacredita y se destruye. No me diagnostique si no hay necesidad, solo si el diagnóstico implica una perspectiva mejor diagnostíqueme, es el caso, por ejemplo, de una apendicitis.

M.P.- En Inglaterra, los dolores abdominales estudiados en niños y llegaron al juez porque se quería diagnóstico y se produjo un encarnizamiento con los niños…

J.G.- …la sentencia llego a decir que si seguía en la búsqueda del diagnóstico se podría llegar a la tortura. El dolor de tripa del niño es algo frecuentísimo. Alguien tuvo que parar y decir: no hay diagnóstico. El diagnostico es la llave que lleva a tratamientos peligrosos e innecesarios.

  • Consideran la salud no tanto un derecho, sino un principio que hay que garantizar y proteger. ¿Se protege la sanidad pública con la privatización de su gestión?

J.G.- El Tribunal Constitucional no conoce la Ley de Cuidados Inversos que dice que cuántos más cuidados necesita una persona, menos recibe del sistema sanitario, y esto es más intenso cuanto el sistema sanitario más se orienta a lo privado. Es decir, cuánto más nos expropian la salud, cuanto mas biológica es la respuesta, mas injusto es el sistema y menos salud tiene la sociedad. La privatización del sistema sanitario conlleva falta de equidad y la equidad es el fundamento del sistema sanitario y de la sociedad. Nadie quiere ver morir en la calle a alguien porque no tiene dinero.

  • Afirman que los médicos se atribuyen ser salvadores de vida y que son necesarios, pero hasta cierto punto.

M.P- Un médico no salva vidas, prolonga vida. Muchas personas se plantean ya cómo quieren morir.

J.G.- Qué pasaría si todos los días cayera un avión y muriera todo el pasaje. Eso pasa en la sanidad, cada día mueren miles de personas por errores, excesos, efectos secundarios de la medicina. Los médicos sí, pero no exceso. Y en Europa hay exceso.

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