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Gyrokinesis para activar el cuerpo y renovar la energía

Danza, yoga kundalini, gimnasia deportiva, natación y tai chi se funden en una clase de gyrokinesis, la esencia de un método que cada día gana más adeptos en el mundo. EFEsalud presenció una sesión de esta técnica que promete, entre otras bondades, la oxigenación del cuerpo y de la mente. ¡A girar!

Gyrokinesis para activar el cuerpo y renovar la energía
Foto cedida por Estudio Gyrotonic Madrid.

Un piso en la madrileña zona de Ópera es el escenario. Vanesa Torres, una de las instructoras del Estudio Gyrotonic Madrid, se dirige a sus alumnos: “Frotemos las manos y luego las estiramos como si tuviéramos crema. Ahora, inhalamos, sentimos como se abren las costillas, se llenan de aire, y exhalamos”.

Así comienza una hora de movimientos fluidos y respiraciones que son la base del Gyrotonic Expansion System, el método creado por el bailarín húngaro Juliu Horvath en los años 80 para aliviar el desgaste que sufría su cuerpo por la danza, y que hoy se pone de moda, en parte, porque celebridades como Madonna, Tiger Woods, Gwyneth Paltrow o Sting se han declarado fanáticos de sus beneficios.

El origen

Silvia Guijarro, directora de Gyrotonic Madrid, lo explica mejor: “Juliu lo desarrolló porque el bailarín necesitaba algo extra, el ballet era muy duro para las articulaciones”. Esta actividad, paradójicamente, nació por culpa de una lesión.

Foto cedida por Estudio Gyrotonic Madrid.

Cuando Horvath era el primer bailarín en el Ballet de Houston, sufrió una rotura del tendón de Aquiles que acabó su relación con la danza, pero que le ayudó a encontrar el camino del yoga kundalini en las Islas Vírgenes.

Ahí concibió esta idea que al principio llamó White Cloud o yoga para bailarines que es, como apunta Silvia Guijarro, un nivel más profundo de lo que hoy se conoce como gyrokinesis.

A partir de ese momento, expandió su sueño: le agregó máquinas y los conocimientos que tenía de gimnasia y natación, disciplinas que había practicado antes de subir a los escenarios. Hoy sigue mejorando su sistema y enseñando.

La profesora, experta en el tema desde hace más de una década, señala que el estilo actual se divide en dos familias: “la práctica con máquinas es lo que conocemos como gyrotonic y sin máquinas es gyrokinesis o la esencia”. aclara la etimología de las palabras.

Aclara la etimología de estas palabras: “muchos piensan que “tonic” es de tonificar, pero en realidad se refiere a tono, a musicalidad. Gyrotonic significa giros con musicalidad. Kinesis, por su lado, es movimiento en griego, así que gyrokinesis es simplemente movimientos giratorios”. La tarde continúa y sus palabras se reflejan en el salón: todos giran sus troncos y respiran con fuerza y con el mismo ritmo.

Una nueva forma de entender el cuerpo

Gyrokinesis es “una nueva forma de entender el cuerpo y sus posibilidades”, según el sitio web del estudio. En las sesiones, que pueden ser de hora y media, “la resistencia la crea uno mismo”.

Silvia Guijarro explica que es un trabajo “muy orgánico, que usa posiciones que hemos hecho toda la vida; gyrokinesis engancha porque las personas llegan hasta donde pueden, al salir saben que han sudado mucho, pero sienten como si les hubieran hecho un masaje”.

Foto cedida por Estudio Gyrotonic Madrid.

La clave de esa sensación de bienestar reside en que esta técnica parte de los siete movimientos naturales de la columna vertebral y de la capacidad de las articulaciones de moverse en el espacio.

Según esta instructora, se trata de “figuras fluidas y circulares, que nunca tienen una parada brusca, por lo que las articulaciones no sufren impactos, y que se hacen con las respiraciones del yoga kundalini para movilizar la energía en el cuerpo”.

El enfoque no es sólo físico. “La energía es todo lo que se mueva y te mueva; cuando le pedimos a un alumno que escuche los latidos de su corazón o que imagine el agua moviéndose dentro de su cuerpo, lo ayudamos a entrar en otro nivel de consciencia”, asegura Guijarro.

El principal efecto de ese nivel es que el sistema nervioso se equilibra y se relaja y por eso, según ella, este método sube los niveles energéticos y quienes lo practican salen con una perspectiva “más positiva, más tranquila y más activa”.

Alfonso Arteche, fiel seguidor desde hace siete meses, no puede estar más de acuerdo. “Cuando he acabado, me he sentido más alto y más ligero, es increíble”, enfatiza. Para él, se trata de “una actividad que aporta mucha libertad, que te ayuda a aprender, a dejarte llevar por tu cuerpo y que produce una sensación de expansión y felicidad”.

Silvia Guijarro cuenta que, como Alfonso Arteche, muchos han llegado a su estudio buscando novedades para ejercitarse o aliviarse del mundano estrés y la mayoría se queda porque nota las diferencias en relación a otras disciplinas físicas.

Foto cedida por Estudio Gyrotonic Madrid.

“Los movimientos en gyro son tridimensionales, trabajamos todas las dimensiones, porque nos movemos en espiral, en círculos, la parte de atrás se despierta, se activa la espalda y eso genera un equilibro muscular”, manifiesta.

Otra de las singularidades de este sistema es que usa imágenes y sensaciones: “nosotros decimos ‘siente esto’, no ‘entiende esto’. No tienes que saber teorías complicadas para hacer los ejercicios, todos podemos imaginar; usamos un lenguaje sencillo y visual para que todos nos comprendan por igual”.

La idea es que, desde la primera lección, cada quien aprenda a escuchar su cuerpo. Una sesión siempre empieza con un “despertar de los sentidos” y continúa con ejercicios que se hacen tumbados, de pie o sentados, así como movemos el cuerpo cotidianamente. Todos, en el recinto, movían los brazos como alas y no dejaban de inhalar y exhalar.

Gyrotonic, con apoyo de la máquina

Horvath, el bailarín húngaro, construyó la primera máquina de manivelas para ejercitar la columna y el tórax a partir de dos sillas de oficina que encontró en la basura. Desde entonces ha modificado y diversificado su equipamiento y hoy lo fabrica en exclusiva en Alemania.

“El trabajo con máquinas se desarrolla porque no todos pueden moverse sin ayuda, el equipo permite ejercicios controlados, con una resistencia que se ajusta a tus necesidades y que es parecida a la que tenemos al movernos dentro del agua”, afirma Guijarro.

Foto cedida por Estudio Gyrotonic Madrid.

El equipamiento usa poleas y pesos que se mueven de forma fluida para evitar dañar las articulaciones o la musculatura y que activan cualquier parte del cuerpo con muchas posibilidades: es la esencia, gyrokinesis, con una ayuda adicional.

“Gyrotonic es muy personalizado; te obliga a instruir a un solo alumno a la vez, a veces logras que muchos alivien dolores importantes, por ejemplo”, enfatiza Guijarro.

Algunos se han convertido en una especie de pacientes que usan el método para aliviar sus lesiones o matizar los síntomas de sus enfermedades.

Los beneficios

La primera ventaja es que no tiene contraindicaciones. La segunda, que todos pueden medirse a una sesión por igual, desde deportistas de alto rendimiento, pasando por bailarines y jóvenes, hasta embarazadas, niños, personas mayores y en proceso de recuperación por alguna intervención. Para todos hay secuencias.

La tercera ventaja, según Guijarro, es que la práctica regular de gyrokinesis tiene grandes beneficios:

Silvia Guijarro, directora del Estudio Gyrotonic Madrid, en una sesión. Foto cedida por Estudio Gyrotonic Madrid.
  • Mejoría de la función respiratoria.
  • Corrección de la postura.
  • Fortalecimiento de la columna vertebral.
  • Regulación de las articulaciones.
  • Incremento de la coordinación neuro-muscular.
  • Aumento del tono muscular.
  • Alivio de problemas con la circulación sanguínea.
  • Definición de una silueta armoniosa.
  • Prevención del envejecimiento prematuro.
  • Ganancia de flexibilidad.

Además, las embarazadas pueden practicar gyrokinesis sin dificultades. “Trabajamos durante la gestación, cuando una mujer no debe dejar de hacer ejercicio, y después, para que el cuerpo vuelva a su estado normal”, dice Guijarro.

Añade que se ha demostrado que “moverte con el bebé y mover los fluidos es crucial para que, cuando nazca, sea más coordinado. Como todo el tiempo nos movemos usando la figura del ocho, los círculos y los espirales, esto integra los hemisferios del cerebro, es una actividad neural”.

Otras dolencias ceden durante las clases. Guijarro comenta que tiene una alumna de 80 años, con párkinson, que la primera vez que asistió “no podía moverse con fluidez” y que hoy agradece lo que ha aprendido.

También instruye a personas que sufren de vértigos, Síndrome de Ménière, esclerosis, tiroides, problemas del sistema nervioso o con hernias.

Ella no duda que el mejor consejo que puede dar es de lo que sabe, de la actividad física. “¡Hay que moverse! Moverse es súper importante; muchos sufren por el estrés, porque han perdido hasta el contacto con el suelo y eso lo resiente el cuerpo, ¡hay que moverse!”, insiste.

Al fondo, la jornada termina con aplausos y, minutos después, Germán Barrobés, que asistía a una sesión de gyrokinesis por primera vez en su vida, suelta sonriente: “ Me siento libre, no tengo dolores o agotamiento, creo que si regreso a Madrid no dudaré en tomar otra clase”.

 

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